El primer mes, entre dudas y duras peleas

José Ignacio López
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29 de agosto de 2001  

A punto de cerrarse el primer mes con déficit cero, aumentan los crujidos en el desvencijado aparato del Estado y, junto con las protestas y con las dudas sobre la instrumentación de esa regla, crece también la magnitud de las peleas que afronta el ministro de Economía. Al unísono, los gobernadores y la tradicional dirigencia sindical todavía bicéfala -Rodolfo Daer y Hugo Moyano- se mostrarán hoy en pie de guerra. Unos se congregarán en el Consejo Federal de Inversiones; otros convocan a una movilización en la Plaza de Mayo.

Como sucede al comienzo de toda difícil negociación -pocas pueden ser más ríspidas que la que supone la coparticipación federal- agudizada en antesalas electorales, los gobernadores han redoblado hasta el límite la apuesta retórica.

"Lo de Cavallo es un delito", acuñó uno y repitieron varios mandatarios justicialistas, para salir al cruce del incumplimiento del déficit cero. Se explica: según esa norma, dos son los pagos privilegiados, los intereses de la deuda y la transferencia convenida con las provincias por una de las llamadas leyes convenio, es decir, aprobadas por el Congreso y por cada una de las legislaturas. Cavallo habló de la imposibilidad de cumplir con esas transferencias, libró una que otra batalla en el gabinete -con el canciller por su vieja pretensión de controlar el comercio exterior; con el ministro de Educación por la eliminación del Fondo Docente-, y optó por viajar a Washington para participar de la comida de despedida de su amigo Stanley Fischer.

La dureza del lenguaje de los mandatarios del "oficialismo" no fue en zaga: "Querer aplicar el déficit cero de la noche a la mañana y matar a la gente es bastante similar", descerrajó el chaqueño Angel Rozas, vicepresidente del comité nacional del radicalismo.

Ante ese cuadro, algunos invitaron a recordar el tono encendido del debate que precedió a la sanción del déficit cero. Las palabras fueron por un sendero diferente del de las manos que finalmente se alzaron.

En cuanto al régimen de coparticipación, que lleva cinco años de atraso respecto de lo determinado por la Constitución reformada en 1994, el compromiso con el FMI es el de darle estado parlamentario.

El déficit cero, es decir, el mayor ajuste de las cuentas fiscales de que se tenga memoria, es el que está en el centro de los combates y, claro, en el corazón de las exigencias de los organismos y gobiernos que con su asistencia lograron detener la salida de depósitos de los bancos, pero no todavía su retorno.

Las dudas y prevenciones sobre la instrumentación del ajuste no sólo proceden de quienes protestan o se oponen. Aun quienes desde hace tiempo creen y recitan el discurso de la disciplina fiscal admiten que aplicar el procedimiento de la "tabla rasa", como se hizo, sólo es posible por uno o dos meses. Después se requiere de la reingeniería del aparato estatal, de reformas de fondo y, especialmente, de seguimiento para atender excepciones.

Las Fuerzas Armadas han recurrido a acortar la semana laboral y a cambiar el horario para afrontar el recorte en las raciones de comida. ¿Qué pueden hacer en las cárceles si se reduce esa misma partida? ¿Y qué decir de los atrasos o mengua de las partidas para los comedores escolares o los que con reconocida eficiencia atienden entidades como Caritas?

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