El reto de progresar con US$ 1000 al mes

De los 1,2 millones de argentinos con estudios superiores y trabajo, el 64% gana menos de $ 3800 mensuales; este nivel de ingresos les dificulta el ahorro, la compra de un auto o de una vivienda
Florencia Donovan
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13 de diciembre de 2009  

Alquiler, $ 2000; expensas, 350; celular, 45; supermercado, 800 (o 1000, según el mes), Internet y TV por cable, 196; gimnasio, 120... Cada mes, Gustavo A., de 29 años, anota todos sus gastos en un Excel. Vive con su pareja en un departamento de dos ambientes que alquilan en Almagro y con un sueldo de $ 3000 en mano; su novia gana bastante menos. No puede darse el lujo de gastos superfluos.

Gustavo, que pide mantener su apellido en reserva, es licenciado en Comunicación y tiene un MBA del IAE y, como casi 822.000 profesionales en la Argentina, hoy gana menos de US$ 1000 mensuales. Leopoldo Tornarolli, del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad de La Plata, deduce a partir de la última encuesta permanente de hogares del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) que en el nivel nacional el 63,8% de las personas con estudios superiores (universitarios o terciarios) ocupados gana US$ 1000 o menos. De este segmento, 475.000 tiene menos de 40 años y 347.000 superan esa edad.

En España se utiliza el término mileurista para identificar precisamente a todos aquellos que, con educación superior, idiomas y hasta maestrías, tienen un salario de menos de 1000 euros mensuales. En la Argentina, ser mildolarista garantiza un nivel de vida bastante mejor que el que tiene un mileurista en Europa, aclara Jorge Colina, del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), pero los profesionales que entran dentro de esa categoría carecen de acceso a casa propia (según Reporte Inmobiliario se debe ganar por lo menos $ 11.000 para acceder a un crédito hipotecario en Capital Federal, y 8000 en el interior) y, en la mayoría de los casos, tampoco tienen auto y concentran gran parte de sus ahorros en gastos de mediano plazo y de primera necesidad. "Con esta plata, tengo cero ahorro; como mucho, entre mi novia y yo ahorramos 100 pesos al mes", afirma Gustavo.

Guillermo Page, de 29 años, arquitecto recibido de la UBA, está casado y, gracias a un préstamo familiar, logró comprar la casa propia en Florida, provincia de Buenos Aires. Sin embargo, al igual que Gustavo, apunta: "O tenés un auto o ahorrás, o te vas de vacaciones". En su caso, dice, el sueldo no es malo si suma lo que gana su mujer, pero ahora que ella está embarazada no le alcanza para construir o agrandar la casa. De la misma manera, Jorge D., de 51 años, con estudios de ingeniería electrónica y tres idiomas en su currículum, señala: "Está todo bien si no tenés ninguna eventualidad. Para cambiar algún equipamiento hay que pensarlo en demasía y no es un país que se maneje con crédito".

Según Guillermo Oliveto, CEO de la consultora CCR, un profesional con educación superior mildolarista encajaría dentro de la lógica del consumo de la clase media, aunque con algunos matices, entre los solteros y los casados o en pareja. Los solteros, explica Oliveto, son consumidores de tipo C3 ("clase media recuperada"), ya que gran parte de sus ingresos se destina a alimentos, limpieza, bebidas y cosmética, es decir, los productos más básicos. Mientras que los que están en pareja con otro mildolarista, entrarían dentro de la categoría C2 ("clase media"), ya que pueden destinar un 35% de sus ingresos a la adquisición de lo básico, pero tienen un resto para otros bienes. "Pero los jóvenes hacen rendir el dinero más de lo que los adultos podrían imaginar porque tienen componentes de consumo distintos de los adultos. Ponen el valor en factores que para ellos son clave, como la conectividad y tecnología, y quizás ahorran en vestimenta", aclara Oliveto. Jorge L., de 34 años, contador y administrador de empresas de la UCA, con una maestría en Finanzas de la Di Tella, entiende el concepto: "Fui modificando salidas, fijándome mucho y utilizando los descuentos de las tarjetas. Antes miraba marcas, ahora si tiene descuento".

También cambia el patrón de consumo si el profesional vive con sus padres, si es dueño o alquila. Cecilia K., de 30 años, vive en Villa Adelina con su madre y dice que no se priva de nada. Estudió hotelería, habla inglés y trabajó varios años en el exterior (EE.UU., Europa y Filipinas), pero desde que volvió al país eligió estar en la casa materna porque sabe que si se fuera a vivir sola, "estaría bastante atragantada". También, dice, tiene previsto volver a emigrar, esta vez a Australia, en pos de un mayor "desarrollo profesional y económico". El fenómeno de los jóvenes profesionales mildolaristas, detalla Tornarelli, del Cedlas, es más marcado entre las mujeres: en el nivel nacional, el 83,4% gana US$ 1000 o menos (el 81,3% en Capital), contra el 63,5% de los varones (el 42,7% en Capital).

Vanesa S., de 33 años, contadora de la UBA, acaba de irse de una multinacional porque, pese a sus 11 años de antigüedad, su salario apenas superaba los US$ 1000. "Sólo el colegio donde va mi nena son 1500 pesos. Cualquier jardín maternal en el microcentro está en torno a esos precios", explica Vanesa. "No estaba tan ajustada porque mi pareja tiene un ingreso bueno. Pero la gente de mi área se cuidaba mucho. Por ejemplo, en los almuerzos se llevaban vianda, porque para salir se necesitan 35 pesos por día."

Para Fernando Moiguer, presidente de la consultora Moiguer, en el pasado el nido definía la situación socioeconómica de un profesional. Ahora, la cuna es sólo responsable del primer empleo. Después es la propia red de contactos que uno forma, ya sea en el ámbito laboral o en el académico, la que determina las posibilidades. "Se puede ser mildolarista y estar haciendo bien las cosas, o ir hacia un proceso de pauperización. Si estás ganando eso en un lugar donde te estás formando, es una inversión. Si estás en un lugar con bajo nivel de estímulo y bajo nivel de redes, estás en el horno", se sincera Moiguer, para quien existe una categoría de jóvenes con "diez años de bolsillo chico", pero que pasado el período tendrán un muy buen nivel socioeconómico.

Los expertos descartan, sin embargo, que el fenómeno de los mildolaristas se deba a que existen demasiados individuos con títulos universitarios para ser absorbidos por el mercado laboral, como, sí, estaría sucediendo en España. En la Argentina, el 12,4% de la población de más de 25 años completó su educación superior, contra un 23% en España o un 36% en EE.UU., según la Unesco. Aunque existen algunas profesiones que tienen mayor flexibilidad que otras en los malos momentos de un ciclo económico, las carreras tradicionales, como Abogacía, Economía, Psicología y Comunicación, se encuentran con un mercado laboral un poco más saturado, reconoce Carlos Marquís, investigador del Conicet y de la Universidad de San Martín.

De por sí, quienes tienen estudios superiores ya sufren menos el desempleo y tienen mejor capacidad de inserción laboral que quienes no los tienen. "Lo que sucede es que las condiciones de trabajo no están en consonancia con las expectativas, pero la situación comparativa es mejor que la del resto de los trabajadores", afirma Colina. Además, la posibilidad de contar con la ayuda de la familia es algo que los mileuristas de Europa no pueden dar por sentado, como sucede aquí, donde los expertos afirman que los padres suelen ser un gran sostén de quienes recién comienzan a hacer sus armas en el mundo laboral.

No hay recetas mágicas para los mildolaristas que deseen mejorar su condición. El continuo perfeccionamiento, el armado de redes y el estar atento a las oportunidades son sólo algunos de los consejos que dan los expertos.

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