El "siglo de la biotecnología": realidad y ficción en un negocio multibillonario

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Sebastián Campanario
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23 de febrero de 2020  

Comida modificada para que sea más saludable, bebés de diseño, granos de café que vienen descafeinados, caballos de carrera más rápidos, mascotas increíbles, pestes erradicadas, enfermedades curadas, bioterrorismo recargado, animales que se extinguieron y vuelven a existir: el abanico de promesas y realidades que abrió hace seis años una nueva técnica de edición genética (que se conoce técnicamente como Crispr) es tan vasto que muchos tecnólogos afirman que así como el siglo XX fue "el siglo de la Física", estamos ahora en los albores del "siglo de la biotecnología".

Por lo pronto, en el último semestre ambas disciplinas compitieron por patear el tablero con avances revolucionarios. En septiembre de 2019 comenzó a circular un estudio que mostró cómo una computadora cuántica (Sycamore, de Google) pudo procesar en tres minutos y 20 segundos una operación que al ordenador tradicional más poderoso del mundo le llevaría 10.000 años realizar. Y así se logró antes de lo previsto la "supremacía cuántica".

Desde la biología cantaron retruco el 21 de octubre, cuando David Liu, uno de los genetistas más influyentes de la actualidad, anunció una nueva herramienta, el "Prime Editing" que mejora sensiblemente la precisión y la eficiencia de Crispr. "Si pensamos que Crispr es el equivalente a un par de tijeras, 'base editing' (una técnica anteriormente creada por el equipo de Liu) vendría a ser un lápiz y 'prime editing', un procesador de texto", describió el científico. En la teoría, esta nueva herramienta tendría el potencial de atacar unas 75.000 enfermedades de origen genético y abre una avenida de negocios multibillonarios para laboratorios, química de materiales, empresas alimenticias, agricultura y otros rubros. De hecho, en paralelo con el anuncio público se supo que Liu y sus socios crearon una nueva empresa para aprovechar las patentes de Prime Editing: "Prime Medicine", que se suma a dos compañías previamente creadas para sacarle el jugo al base editing: Bem Therapeutics (para aplicaciones médicas) y Pairwise Plants (para cultivos).

"Los mejores científicos del mundo, sobre todo en Estados Unidos y en China, están embarcados en una carrera feroz para ver quién llega primero y mejor a 'la luna' de modificar el genoma humano con altísima precisión y especificidad", explica a LA NACION Marcelo Rubinstein, doctor en Ciencias Químicas, investigador del Ingebi-Conicet y experto en esta temática.

En su corta historia (recién se descubrió en los Estados Unidos en 2014), Crispr se propagó a una infinidad de usos, con varios emprendimientos argentinos que están a la vanguardia de esta técnica. Pero previo al anuncio de octubre, durante 2018 y 2019, venía con una cobertura desfavorable debido a las controversias en torno a las "gemelas de diseño" nacidas en China hace ya dos años, supuestamente inmunes al VIH. "La noticia en su momento provocó revuelo en la comunidad científica, porque se suponía que Crispr no estaba listo para ser usado en humanos por falta de precisión -explica Rocco Di Tella, del Instituto Baikal-; en un porcentaje muy elevado de los casos, los genes que no son objetivos también son modificados imprevistamente en el genoma".

El 21 de diciembre pasado, dos meses después de la presentación de Prime Editing, el MIT publicó un análisis sobre el caso de las gemelas chinas Lulu y Nana, con resultados que confirmaron el escepticismo previo de los científicos: los padres y los médicos no parecían estar bien informados; encontraron una modificación no deseada pero la búsqueda fue pobre (es altamente probable que haya más) y no hay ninguna prueba de que efectivamente las gemelas sean inmunes al VIH. En otras palabras: un fiasco.

"El mercado de Crispr en medicina de precisión para enfermedades de origen genético, cáncer, diagnóstico molecular y vacunas es multibillonario. Hay que entender que en este mundo las noticias pasan de ser puramente científicas a ser fundamentalmente económicas y financieras", explica Rubinstein. Para el profesor de Exactas de la UBA, "cada novedad que aparece en portales o en revistas de prestigio viene acompañada por fuertes saltos -para arriba o para abajo- en el valor de las empresas con patentes relacionadas. Por eso, para un análisis riguroso hay que saber separar la espuma que acompaña a cada presentación".

En coincidencia con Rubinstein, Jonathan Wilde, experto en edición genética del MIT, publicó un análisis llamando a la cautela: "Prime Editing es una avance enorme, pero hay que esperar a que baje la exageración del aparato de relaciones públicas". Para Wilde, es una locura la afirmación del potencial de cura del 89% de las enfermedades de origen genético.

Rubinstein admite que el anuncio de octubre le generó mucha expectativa, pero su entusiasmo con el nuevo método "se fue desinflando a medida que vi que no mostraban la producción en ningún animal: ni ratones, ni peces, ni moscas, ni tampoco plantas; sólo células de cultivo. Como en la música, en la ciencia también hay silencios ensordecedores. En células en cultivo todo funciona con mayor facilidad por temas metodológicos y estadísticos". El científico argentino supuso que el caso de animales genéticamente modificados vendrían en un segundo paper que hasta hoy no salió.

Más allá de esta línea de investigación, Rubinstein cree que lo que está sucediendo en biotecnología desde hace seis años sí es revolucionario, y que la introducción de Crispr/Cas9 y sus posteriores modificaciones aún no tienen límites reconocibles. La mayor parte de los ejemplos del primer párrafo de esta nota, que parecen de ciencia ficción, o ya son una realidad o están muy cerca de serlo. "Creo que en dos o tres años, tal vez antes, se mostrarán avances importantes que hoy todavía no se han logrado; habrá que estar atentos y saber mirar bien si son pepitas de oro o de calcopirita", resume el investigador.

¿Por qué esta temática debería tener un protagonismo creciente en la discusión sobre el futuro en la Argentina? Hay dos motivos de peso, entre muchos otros. El primero: entre las distintas tecnologías exponenciales que se están desplegando en el mundo, hay algunas que son más capital intensivas. Una computadora cuántica, por ejemplo, cuesta decenas de millones de dólares, lo que limita esa carrera a un grupo chico de países ricos o de grandes empresas. La inteligencia artificial es lo que se conoce como una "tecnología de propósito general" (GPT, según sus siglas en inglés), y allí las posibilidades de "saltos de rana" son más acotadas; se trata de procesos de avance acumulativos que requieren, de nuevo, decenas o centenares de miles de millones de dólares en inversión. La Argentina tiene más chance de lograr resultados en avenidas más intensivas en recursos humanos calificados, y el país cuenta con biólogas y biólogos de primera línea para aprovechar el potencial de Crispr.

El otro motivo para darle importancia al tema es que se trata de una tecnología que tiene altas chances de alterar en forma radical el principal núcleo productivo del país: la matriz agroganadera y la industria de alimentos. Un informe especial de Exponential View de la semana pasada sobre disrupción en alimentos, habla de la "crisis existencial de la vaca" y especula con una reducción del 50% en la demanda de vacunos en los Estados Unidos para 2030. Es un dato que ayuda a tener una idea de la dimensión de los escenarios en juego y de su potencial impacto para la economía local.

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