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Algo no salió bien

El trágico final del líder independentista congoleño al que corrieron de escena

Carlos Manzoni
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25 de noviembre de 2019  • 00:10

El cuerpo de Patrice Lumumba jamás apareció. Solo años después de su muerte se supo que había sido disuelto en ácido por sus asesinos, que querían borrar todo rastro del hombre que, desde la más extrema miseria, llegó a convertirse en el mayor líder independentista de su país y obtuvo el cargo de Primer Ministro de la República Democrática del Congo.

Isaïe Tasumbu Tawosa, tal su nombre original, había nacido el 2 de julio de 1925, en Onalua, territorio de Katako-Kombe (actual provincia de Kasai), en el centro del Congo. Fue el tercer hijo del matrimonio de François Tolenga y Julienne Amatu, miembros de una familia que pertenecía al clan ewongo (etnia mongo).

Su vida estuvo siempre marcada por el colonialismo belga y por las convulsiones que esto provocaba en su aldea. Según el especialista en historia africana Sergio Galiana, profesor e investigador de la Universidad de Buenos Aires, la Universidad Nacional de General Sarmiento y la Universidad de Quilmes, la etnia de Lumumba era más autónoma que otras, por eso chocó mucho más que el resto con las autoridades europeas, cuando estas quisieron agruparla con otros pueblos.

En medio de las turbulencias que ocasionaban estos conflictos, Lumumba pudo acudir intermitentemente, entre 1936 y 1943, a las escuelas misioneras de católicos y metodistas. "Hacia 1944 decidió emprender el camino de muchos de sus compañeros que huían de la miseria y, luego de una breve estada en Maniema, se radicó en Stanleyville", relata Galiana, autor del trabajo La República Democrática del Congo. Las raíces de la identidad congoleña.

En Stanleyville, la tercera ciudad del Congo, residiría 12 años, desde 1944 hasta 1956. "Podemos afirmar que este fue un período crucial en la configuración del pensamiento y la praxis políticos de Lumumba, dado que en esos años entró en contacto con la prensa escrita de Bélgica y de la colonia, al tiempo que ocupó los puestos más importantes en las asociaciones socioculturales de la ciudad", dice Galiana.

Patrice Lumumba, de joven
Patrice Lumumba, de joven

Fue empleado del correo, uno de los máximos puestos administrativos a los que podía acceder un nativo, y aprovechó para completar su formación académica en la Escuela Postal. Gracias a eso fue inscripto en el registro de la Población Indígena Civilizada, lo que significaba que se convertía en un évolué y pasaba a formar parte de una mínima elite occidentalizada (solo 200 nativos de entre 13 millones).

En esta etapa, Lumumba no exhibía una crítica radical hacia el colonialismo belga, aunque sí contra la discriminación racial, pero pronto eso cambiaría. "Después de la Segunda Guerra Mundial escribió textos de alabanza al rey belga Balduino, pero ya en los 50 hizo un quiebre hacia un discurso anticolonial primero y nacionalista después", enfatiza Galiana.

En Bruselas, en ocasión de la Exposición Universal de 1958, Lumumba conoció a varios líderes congoleños, al tiempo que todos, en conjunto, se vieron representando por primera vez a su país ante el resto de las naciones del mundo. Con muchos de estos líderes fundó en Leopoldville, en octubre de ese año, el Mouvement libéral congolais, posteriormente rebautizado como Movimiento Nacional Congoleño.

"Este fue el primer partido verdaderamente nacional, no por su influencia efectiva en todo el territorio congoleño -muy reducida en esos momentos-, sino por su concepción política: rechazando explícitamente cualquier identificación tribal o étnica, su objetivo era la independencia del Congo mediante la negociación pacífica con el gobierno belga", escribe Galiana en el trabajo mencionado.

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Pero ¿cómo era Lumumba? Era un hombre con gran carisma, muy verborrágico y con un extraordinario poder de convicción, pero, sobre todo, alguien que jamás se daba por vencido. Eso se vio claramente en la actitud que tuvo al ser despedido del correo: no se quedó con los brazos cruzados, sino que empezó a vender cerveza por todo el país, algo que le ayudó a seguir casa por casa con su campaña independentista.

El año 1958 fue clave para Lumumba, porque participó de la Conferencia de los Pueblos Africanos convocada en Ghana y se convirtió en la mano derecha de Koame Nkrumah, la gran referencia del panafricanismo y padre de la descolonización de Ghana. Al volver al Congo, fue recibido como un ídolo y ya no quedó la menor duda de que nada ni nadie lo detendría.

Tal como subraya Galiana, sus protestas radicalizadas obligaron a los belgas a convocar una mesa redonda y definir que el día 30 de junio de 1960 el Congo sería al fin independiente. Pronto se celebraron elecciones, el partido de Lumumba fue el que sacó más votos y él fue elegido Primer Ministro de la flamante República Democrática del Congo.

Estampilla con la imagen de Lumumba
Estampilla con la imagen de Lumumba

Aquel chico nativo criado entre carencias de todo tipo se había convertido en la principal figura política de su país, era considerado el artífice de la tan deseada independencia y se había erigido como un gran líder del panafricanismo. Estaba en su mejor momento, tocando el Cielo con las manos. Pero... siempre hay un "pincelazo", que lo estropea todo.

En el mismísimo acto de la Declaración de la independencia del Congo, luego de que el rey de Bélgica y el presidente títere Joseph Kasa-Vubu hablaran al pueblo con tono conciliador, Lumumba tomó sorpresivamente la palabra fuera de protocolo y pronunció un discurso incendiario, muy radical, diciendo que nadie les había regalado nada a los congoleños y que jamás serían olvidadas las atrocidades que los belgas les habían hecho. Ahí empezó a cavarse su propia fosa, porque en el contexto de la guerra fría los países occidentales le hicieron un vacío y lo catalogaron como un aliado de la Unión Soviética.

Solo seis meses después de ese discurso, en medio de una feroz guerra civil, Lumumba fue secuestrado y asesinado. Su cuerpo nunca apareció, pero más tarde se concluyó que fue víctima de un complot en el que participaron la CIA, autoridades belgas y muchos de sus compatriotas. Se terminó así, a los 35 años, la vida del hombre que encarnó al mismo tiempo la gran promesa y la gran tragedia de las independencias africanas.

* Si querés ver la columna en vivo, sintonizá los viernes a las 23 Lo que el día se llevó (martes a viernes), por LN+: 715 y 1715 de DirecTV, Cablevisión 19 Digital y analógico/ 618 HD y Flow, Telecentro 705 Digital, TDA 25.3, Telered 18 digital y servicio básico y Antina 6 digital.

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