El único camino posible para el desarrollo de la industria argentina es hacer las cosas con calidad

Según el empresario, el secreto del éxito de la bodega está en el respeto a las demandas de los consumidores
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2 de diciembre de 2001  

Finca La Anita es una de las estrellas del exitoso proceso de transformación que se produjo en la industria vitivinícola local durante los noventa. En sólo diez años se posicionó como una de las bodegas más prestigiosas del país, y hoy sus vinos se venden en los restaurantes y vinotecas más exclusivos de Estados Unidos, Gran Bretaña, España y Suiza.

"No nos queremos instalar como una moda, como ha pasado con muchos vinos argentinos -dice Manuel Mas, presidente de Finca La Anita-. Cuando les fue bien, muchas bodegas empezaron a comprar más uva, a hacer más vino y a descuidar la calidad."

La compañía tiene una producción anual de entre 100.000 y 120.000 botellas, una facturación de $ 1,5 millón y un plantel de 25 empleados. "Son números pequeños, si uno piensa que en una bodega grande se habla de dos o tres millones de litros como nada -dice el empresario, propietario de la bodega junto con su hermano, Antonio-. Pero La Anita es distinta... porque es la única bodega chica que compite en calidad con las grandes."

-¿Tienen planes de expansión?

-No, no estamos tratando de ampliar nuestros mercados. Nosotros ya tenemos vendida nuestra producción (estamos comercializando los tintos del 97 y algunos blancos del 99 y el 2000) y no pensamos expandirla. Finca La Anita es una bodega tirando a chica, sin intenciones de crecimiento. Nuestra idea es profundizar en el prestigio y la calidad de nuestros vinos.

-¿Qué modelo siguieron cuando fundaron la compañía?

-Nuestra idea era instalar el concepto de vino de una finca. En Francia se habla de los chateaux , una propiedad con una bodega donde se elaboran únicamente las uvas de la propiedad. Esto los franceses lo han venido haciendo por siglos, y entonces una persona que toma determinado vino sabe que se trata del producto de tal bodega, de tal uva elaborada con determinados procedimientos, cosa que en la Argentina es absolutamente distinta. En Mendoza hay fincas por todos lados, gente que produce uva y se la vende a las bodegas, gente que compra vino y lo etiqueta... Nosotros no compramos uva, y dentro de la finca hacemos todo: se cultiva la uva, se la cosecha, se elabora el vino, se etiqueta y de ahí sale.

Hemos tenido años de mala cosecha, como 1998, y no hemos hecho vino, cuando normalmente lo que hacen muchas bodegas, si se cosechó mal, es ir a una finca a 30 o 40 kilómetros, comprar uva y hacer vino con su nombre. Nuestra idea es que ahora, y dentro de diez o veinte años, esto sea una cosa de "los vinos de Finca La Anita", como pasa con las bodegas que hay en Italia, España, Francia...

-Entonces, ¿en qué etapa están?

-En una etapa de estabilidad en cuanto al tamaño de la empresa, y la intención es disfrutar todo esto, apuntando a la mejora de la calidad y al mantenimiento del prestigio. Siempre se puede mejorar.

-¿Dónde venden sus vinos?

-En la Argentina, en la mayoría de los buenos restaurantes de Buenos Aires y del interior, en las vinotecas y en algunos supermercados que tienen góndolas especiales para vinos. En el exterior, nos va muy bien en EE.UU. y en Inglaterra, y en Suiza también estamos vendiendo bien, y estamos sorprendidos con el mercado español, donde hay miles de vinos de bodegas españolas y otro tanto de bodegas portuguesas, francesas e italianas...

-¿Cuánto cuestan sus vinos?

-Es un vino de alto precio. De la cosecha de Merlot de 1999 hicimos 2500 botellas, no es nada... Y como eran pocas decidimos venderlas caras, a $ 85 la botella. Es el vino más caro que ha estado dando vueltas por los restaurantes de la Argentina, llegó a cobrarse $ 130, 140 la botella. En 2000, mi hermano elaboró el vino con la misma uva. Algo pasó en la producción y cuando el vino ya se había fermentado, Antonio me dijo: "Este vino no está para Merlot de Finca La Anita". Y entonces lo vendimos como una segunda marca, a 15 pesos.

-¿Qué marcas tienen?

-Tenemos Finca La Anita, la marca bandera de la bodega. Finca es una marca cara que tenemos para vinos genéricos, que tienen más de dos o tres variedades. Después tenemos Luna... Si un Merlot no salió tan bien, lo vendemos con ese nombre, a $ 15 la botella. Es una marca que tiene la garantía de que al vino lo hicimos nosotros. Y Cuarto de Milla es una marca que tenemos porque somos muy amigos de la Asociación de Criadores de Caballos Cuarto de Milla, y nos pidieron hace años que les embotelláramos un vino con ese nombre.

-¿Cómo nació la bodega?

-Yo y mi hermano ya estábamos como de vuelta de nuestras respectivas profesiones. Y como teníamos una buena posición económica decidimos encarar un proyecto propio. Ahí fue cuando dijimos: "Compremos una finca en Mendoza y hagamos algo distinto". Era 1991.

Yo no sabía nada de vinos, Antonio sabía mucho. Y él me dijo: "Mirá, el negocio de producir y vender y uva no va a dar nada... Hay que meterse en la reconversión agroindustrial de la cosa". Entonces me propuso poner una bodega, chica, limitada, y con toda la tecnología para producir un gran vino.

-¿Cómo se organizaron?

-Antonio se encarga de la producción y yo del área comercial. Lo primero fue buscar el lugar. Durante un mes mi hermano recorrió 3000 kilómetros en auto. Encontró la finca en Alto Agrelo, 40 kilómetros al sur de Mendoza, una zona que en ese entonces no valía mucho. "Vas a ver que esto va a ser el Valle de Sodoma, (de California, donde están los mejores viñedos de EE.UU).", me dijo. Mi mujer y yo pensamos: "Está loco..." Y ahora la zona se ha vuelto el lugar de las grandes bodegas. Es espectacular, una zona muy chica, con buen clima, buen suelo y muy alta, lo que da una cosa muy buena: en verano hay días de mucho calor y noches muy frescas. La uva buena, la uva fina, necesita eso, amplitud térmica.

-¿Por qué La Anita?

-Porque mi madre se llamaba Ana. Y en Mendoza, como en el interior, no se dice Anita, sino "la Anita". Y así le decían a mi madre, que había muerto dos años antes de que empezáramos con esto, en 1989.

En cuanto a lo de finca, me acuerdo de que todos, incluso un tío mío que trabajaba en la industria vitivinícola y que sabía mucho, me dijo: "No seas tonto, Manuel, ¿cómo le vas a poner Finca La Anita? La gente no está acostumbrada a que los vinos finos tengan nombres criollos... ¡Los vinos finos tienen nombres extranjeros!" Pero nosotros queríamos que quedara claro el concepto de que los vinos se hacían en la finca. "Vamos a ver cómo nos va", dijimos. A los dos años empezaron a aparecer miles de otras "fincas".

-¿Cuándo tuvieron la primera producción?

-En 1995. "¿Y ahora qué hacemos con los vinos?", nos preguntamos. En ese momento no teníamos un modelo por seguir, y además yo en esa época estaba muy ocupado con mi trabajo, viajaba por todo el país... A través de un amigo empezamos a contactarnos con periodistas especializados en vinos, que se entusiasmaron mucho con Finca La Anita" y nos dieron un apoyo impresionante. Y nos aconsejaron: vendan los vinos caros, no los regalen, no hagan promoción porque tienen asegurado el prestigio...

-¿Cuál es la receta del éxito de Finca La Anita?

-Lo que es fácil en este país es hacer la típica chantada argentina. Decirle a mi hermano: "Hagamos vino y listo, no le pongamos tanto tiempo en la botella que total ya lo tenemos vendido". Y nosotros eso no lo hacemos, porque nuestro éxito está ligado a la calidad. Hacer las cosas bien es el único camino posible para el desarrollo de la industria argentina. Yo tengo muchos años de profesión en empresas, así que conozco bien el terreno.

-Y acá estamos acostumbrados a hacer lo opuesto...

-A la chantada, a dar muestras de mis mejores vinos y después, cuando te piden un contenedor, mandar otros. Y andá a cantarle a Gardel... Pero esa gente te compra una vez y después no te compra más. Y se encarga de decirle a todo el mundo que hay que tener cuidado con los vinos argentinos. Eso le ha pasado a un montón de gente en el exterior, ha sido moneda corriente. Pero hoy hay gente que está haciendo las cosas de forma distinta.

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