Empeora la economía cuando Alberto Fernández se acerca a Cristina Kirchner

Willy Kohan
Willy Kohan PARA LA NACION

El análisis de Willy Kohan

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4 de marzo de 2020  • 23:31

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A continuación sus principales conceptos:

  • Se observa un clima de prudencia en el mundo económico cerca de cumplirse los primeros 100 días de Alberto Fernández al frente del Gobierno.
  • No ha pasado nada trágico en materia económica ya terminado el verano, ni hiperinflación ni default total por el momento; tampoco ha pasado nada muy bueno ni alentador para las expectativas.
  • Se le reconoce al Presidente la vocación de evitar el default, la determinación de acercarse a la Europa capitalista, al Vaticano, Israel y EE.UU. para buscar apoyo en la negociación con el FMI y los acreedores privados. Y parece cada vez más serio el trabajo silencioso que en ese sentido lleva adelante el equipo del ministro Martín Guzmán.
  • Pero salvo el trabajo para evitar el default, que hasta ahora sólo ha sido retórico y con final abierto, el resto de la agenda económica que presentó el Gobierno desde que asumió luce algo decepcionante para el mundo económico en general, particularmente para el ingreso de capitales y mayores inversiones.
  • Quitando la estrategia de saborear y militar el default como hizo Cristina en 2012 con el vamos por todo, el resto de la agenda económica del Presidente es un poco cristinismo de buenos modales. Casi un morenismo ilustrado.
  • Economía cerrada, sustitución de importaciones, controles de precios, cada vez más Estado, más regulaciones y más impuestos. Intervención en los mercados, pesificación de Vaca Muerta, atraso tarifario y crecimiento exponencial del déficit y los subsidios. Y todo con el agravante de una novedad que trajo Alberto Fernández, el impuestazo de 30% al dólar, que supera el cepo y el control de capitales que aplicó Cristina en su segundo mandato y Mauricio Macri en el final de su experiencia.
  • El impuesto al dólar, que ni siquiera tiene sentido recaudatorio ya que en el verano solo se recaudaron 150 millones de dólares, es en verdad lo que más está paralizando a la economía. Castiga a los que quieren invertir y a los argentinos que quieren vender sus dólares para ingresarlos en el proceso productivo.
  • Muy sencillo: quién va a vender dólares a 60 pesos si luego para recuperarlos debe pagar 80, y siempre y cuando el Gobierno se lo autorice.
  • El drama para el campo en la actualidad no es tanto el aumento de las retenciones, que ya estaban muy elevadas sobre todo para la soja, sino el hecho de tener retenciones más diferencia cambiaria. La retención real a la soja supera el 50%, ya que los productores cobran a un dólar de 40 pesos y compran insumos de entre 70 y 80 pesos.
  • Hay un elemento adicional en estas horas. Tal vez más importante para el Gobierno y para el país que la renegociación de la deuda: las lluvias. Lleva casi dos semanas sin llover y la seca puede durar todo marzo. Podría afectar hasta 10% de los rindes en la cosecha, pero resulta además un factor de mucho malhumor social en el campo, dato que debería tener en cuenta la Casa Rosada. Empieza a haber mucha preocupación en gobernadores peronistas, incluso intendentes peronistas del Conurbano, ante la posibilidad de otro enfrentamiento del PJ con el campo.
  • Se acercan las horas de definición en la renegociación de la deuda con los acreedores internacionales. Surge como un dogma de fe en el oficialismo la confianza en que, despejado el problema de la deuda, allí se va a disparar la bonanza económica que le va a permitir al Presidente afianzarse en el poder y ganar las decisivas elecciones de medio término en 2021.
  • Mientras tanto, en la calle, los resultados económicos no son alentadores. Además de la persistente inflación pese al congelamiento del dólar y tarifas, tanto febrero como enero mostraron que la recaudación corre debajo de la suba general de precios. O se vende menos, o se vende más en negro. Probablemente ocurran ambas cosas.
  • Pero lo concreto es que la recaudación aumenta a un ritmo de 42% anual, mientras que los gastos trepan cerca de 60%. Se amplía el déficit fiscal cada mes y aumenta la necesidad de emisión. Allí está el corazón del problema inflacionario de la Argentina hace más de un década.
  • Creció algo el consumo de productos esenciales en alimentos y bebidas, pero la actividad en bienes durables, automotores e inmuebles sigue sin reaccionar o incluso empeora.
  • Tampoco el clima institucional ayuda a mejorar las expectativas económicas. El embate contra la Justicia en varios frentes y las sospechas de que una vez más se intenta colonizar con jueces y fiscales amigos el Poder Judicial conspira contra el buen clima de negocios. Sin instituciones no hay inversiones.
  • Para los mercados y los actores económicos las señales son todas relevantes. En la política, en la economía y en la Justicia. Cuanto más cerca se lo percibe al Presidente de Cristina Kirchner, más cautela y menos confianza en la recuperación.

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