Empleos del futuro, debates del presente

Crédito: Shutterstock
Tecnología digital. Un informe del Banco Mundial es optimista respecto de la creación de puestos; hay una multiplicidad de aspectos bajo análisis
Silvia Stang
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22 de abril de 2018  

Comunicarse, interactuar, hacer transacciones a distancia. El avance de las tecnologías digitales, ¿permite una mayor actividad económica al ser capaz de generar mayor demanda y de reducir los costos de producción? ¿Y deja espacio entonces para la creación de empleos? La respuesta que dio a esos interrogantes un reciente estudio del Banco Mundial para América Latina es positiva.

Eso sí: se advierte que hace falta que se cumplan ciertas condiciones, como la de facilitar el acceso a las tecnologías. Este punto involucra aspectos como el del alcance de la banda ancha para las distintas poblaciones de un país y el de los precios, tanto de los servicios como de los dispositivos -y aquí entra en juego el debate sobre las políticas públicas en materias como la apertura comercial y los impuestos-. Otra de las condiciones mencionadas es promover una educación y una capacitación para los trabajadores actuales y futuros, que sea acorde a "los empleos del mañana". Esta última expresión es el título que recibe el mencionado informe, que fue elaborado por los economistas Mark Dutz, Rita Almeida y Truman Packard y que fue presentado días atrás en Buenos Aires.

"Tiempo venidero", puede leerse en una de las acepciones de la palabra "mañana" que ofrece el diccionario de la Real Academia Española. "El futuro" y "el día que sigue inmediatamente al de hoy", rezan otras definiciones. La alusión a lo inmediato bien puede vincularse al significado que la palabra "mañana" adopta en las cuestiones que hacen al escenario de la producción económica y del trabajo de las personas. A qué velocidad van los cambios (dados tanto por las tecnologías digitales como por la automatización de tareas y la inteligencia artificial) es algo que depende del sector económico, del país que se mire, del tipo de tareas y hasta del contexto social y político. Pero en cualquier caso, lo cierto es que no existe un momento determinado que defina una "línea de largada". Y, si bien hay quienes advierten que todavía no existen muchos de los empleos que podrían tocarles a los chicos que están ahora en la escuela, es también un hecho que muchos trabajadores actuales se dedican a tareas que, cuando vestían uniforme escolar, no había ni noción de que existirían.

La dinámica de las transformaciones lleva a la necesidad de adecuar el modelo educativo. "La creciente necesidad de habilidades flexibles [como la capacidad de adaptarse al cambio y reaprender, la de comunicación y la de interacción] requiere que los sistemas de educación se reenfoquen", dijo Dutz al presentar el trabajo del Banco Mundial. Las experiencias observadas, según el economista, indican que la expansión de una economía digital (impulsada por el uso de Internet) puede llevar al crecimiento de la productividad de las empresas, a la baja de costos y, por tanto, a la creación de más empleos. Y no solo para los trabajadores más preparados, sino también para los de baja calificación.

Un trabajo sobre el caso argentino, elaborado por los economistas e investigadores de la Universidad Nacional de La Plata Irene Brambilla y Darío Tortarolo y considerado para el informe del BM, señala que estudios referidos a la dinámica de las empresas y del empleo concluyen que los procesos de innovación pueden llevar a una sustitución de trabajo por capital, pero también pueden incrementar la productividad y hacer crecer la demanda, con un efecto en mayor creación de puestos. Y agrega que también puede comprobarse una mejora en los niveles de ingresos.

Se advierte en ese trabajo que no se trata solo de incorporar tecnologías digitales a los procesos productivos, sino también de la manera en que esa incorporación se realiza. Y se menciona que los nuevos empleos pueden estar asociados a una mayor rotación en el mundo laboral.

Este último punto da pie para incorporar a los temas en debate un punto sensible: ¿cómo deben adaptarse las normativas sobre formas de contratación laboral al nuevo escenario? ¿cómo difiere la respuesta que puede dar cada país, en función de sus costumbres y su realidad social (sus niveles de informalidad y pobreza)?

En su introducción, el informe ya citado recuerda que los países de América Latina tuvieron, en la década pasada, años de mejoras de sus indicadores sociales, bajo el impulso de los buenos precios de las materias primas. Y, a la vez, advierte que es necesario un aumento de la productividad en la región, para "expandir de manera sostenible los logros sociales" (el proceso de avances está en general estancado).

Los índices de pobreza e informalidad siguen siendo claramente motivo de alarma y definen un contexto con fuertes desafíos. "Hoy los sectores más vulnerables tienen la urgencia de ver cómo insertarse; su problema no es ser reemplazados por las tecnologías sino poder entrar a un trabajo formal", señaló Brambilla.

"Las probabilidades de que se produzcan efectos de inclusión serán mayores cuando las empresas en expansión puedan contratar y reasignar trabajadores de manera flexible en respuesta a las oportunidades de mercado", señalaron los economistas del Banco Mundial, respecto de los avances en la productividad por el uso de tecnologías.

En la región, la experiencia de debate reciente en ese sentido es la de Brasil, que el año pasado aprobó una reforma laboral que incluyó más formas de contratación temporales e incluso intermitentes. Joao Manuel Pinho de Mello, secretario de Promoción de la Productividad y de la Defensa de la Competencia del Ministerio de Hacienda en Brasil -quien participó de la presentación del estudio del organismo global- defendió la normativa, al decir que en su origen hubo un reconocimiento de la realidad de la alta tasa de informalidad en el país. "Había una legislación muy buena para proteger a los incluidos, pero que fragilizaba a los excluidos", apuntó.

Claro que las políticas de contratos a plazo tiene su fuerte resistencia, y entre los puntos por resolver está la necesidad de que haya continuidad en los ingresos de los trabajadores. Y ello, no solamente por las necesidades personales y familiares, sino también por las de la propia economía, que requiere de quienes consuman bienes y servicios.

En algunos países, el debate sobre este punto determinó la realización de pruebas para la instrumentación del pago de un ingreso universal para los ciudadanos, a cargo de los estados.

No se trata solo del nivel y la continuidad de los ingresos: entre otros temas presentes cuando se debate sobre empleos del futuro, aparecen también las jubilaciones del mañana y la distribución del ingreso (con el riesgo de que empeore si no existen intervenciones adecuadas).

Más allá de que este último tema tiene que ver, en algunos casos, con una posible mayor concentración de los activos de producción, Brambilla señaló también que las mejoras de productividad impactarían de manera favorable para los ingresos personales en general, pero beneficiarían más a quienes cobran salarios más altos.

Desde el gobierno argentino, Laura Jaitman, representante del Ministerio de Hacienda para el G-20, comentó que en julio próximo los países del grupo presentarán un menú de políticas referidas a varios desafíos planteados. Y mencionó algunos ejes temáticos: impuestos y economía digital, redes de seguridad social, sistema estadístico referido a nuevas formas de producción, políticas de competencia y fomento a la innovación.

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