Algunas claves para no caer en el (in)evitable estrés de fin de año

Ernesto Tocker
Ernesto Tocker PARA LA NACION
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23 de diciembre de 2018  

Diciembre se vive como una maratón y todo parece costar el doble: a nivel profesional comienza el período de balance, cierre y evaluación del año que pasó y, en muchos casos, la planificación en detalle del año venidero. A lo que se agregan los compromisos sociales, encuentros de fin de año con amigos, compañeros de trabajo, etc. En el plano familiar se suman las graduaciones, muestras, actos del colegio y así se tiene la sensación de que el día tiene 48 horas, la semana 15 días y diciembre se convierte en el mes más estresante del año.

La agenda explota de actividades diversas, se descansa poco y, en general, hay una autoexigencia de hacer todo, de cumplir con todos los compromisos, tanto laborales como sociales y familiares. Por último, y no por eso menos relevante, en este periodo se suele hacer un balance personal: ¿Hice lo que quería?, ¿Estoy dónde me propuse estar? Este cóctel hace que muchas personas "padezcan" esta época del año en vez de disfrutarla o al menos, simplemente "vivirla".

Esta carrera contra el tiempo y esta autoexigencia de cumplir con todo y con todos, puede generar en las personas ansiedad, cansancio físico y mental, mal humor, etc.

Es importante para quienes tienen a cargo equipos de trabajo tener esto en cuenta, porque estas emociones pueden generar una disminución en el rendimiento laboral y conflictos entre los compañeros.

¿Cómo escaparse?

Al inicio del año los equipos de trabajo fijan sus objetivos pero pareciera ser que el límite es el 31 de diciembre. Es importante poder ver más allá del almanaque y comprender que la vida es un continuo, así habrá tareas o proyectos que pueden ser resueltos en enero o en los meses posteriores. De esta manera, se lograría alivianar la sensación de que se "debe" concluir lo pendiente antes de que finalice el 2018.

  • Identificar y diferenciar los pendientes que son impostergables de aquellas que no los son y hacer foco en las primeras. ¿Cómo? Evaluando su urgencia, gravedad y velocidad o tendencia a empeorar. Una vez listadas en orden decreciente de gravedad, las que no son tan urgentes se pueden resolver más adelante.
  • No dejar todo para último momento: programar los envíos de saludos por mail con anticipación, agendar un día para hacer los llamados a clientes, proveedores o personas importantes, planificar los festejos con tiempo para poder tener la posibilidad de elegir días espaciados entre sí y que no queden todos juntos la última semana de diciembre.
  • Si se padece el cierre del año laboral, las actividades de recreación, esparcimiento y relajación suelen ser una fuente de ayuda para despejar cuerpo y mente.
  • Colabore con su equipo o compañeros para que sean días de disfrute y no de padecimiento. Recuerde que no se termina la vida el 31 de diciembre.
  • Buscar apoyos cercanos entre compañeros con quien poder hablar. Resulta clave para poder poner en palabras la situación que se está viviendo. Pero es importante tener en cuenta una advertencia. Dentro del cuadro de estrés laboral que se está sufriendo, hay que observar el diálogo interno y las conversaciones que mantenemos con los demás.
  • Frenar pensamientos negativos y palabras nocivas sirve para comenzar a desanudar un embrollo mental en el que todo es preocupación.

El autor es director del Serviciode Empleo AMIA

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