Atajo hacia la reinserción

La Fundación Diagonal brinda ayuda y trabajo a la ex clase media en situación de riesgo
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4 de mayo de 2003  

Las diagonales acercan, acortan distancias, conectan. Y tienen la particularidad de hacer más fácil el camino. Tal vez por todas estas razones Diagonal es también el nombre de una fundación que ayuda a los ex clase media en situación de riesgo de quedar en la calle. Su misión es devolverlos al camino, sacarlos de la marginalidad.

Por medio de la venta de un periódico mensual que edita la fundación, muchas personas -en varios casos con estudios secundarios y universitarios- volvieron a generar sus propios ingresos a través de un trabajo que les permite pagarse un techo. Pero esto es sólo una parte de un proyecto social más integral, que tiene por objeto brindar un espacio de contención y capacitación a los pobres de hoy, la clase media de ayer.

"El períodico es una herramienta que soluciona la cuestión económica. Pero detrás de la publicación hay un equipo de 40 voluntarios -entre psicólogos, sociólogos y otros profesionales- que sostiene y acompaña a los vendedores en el proceso de reinserción", destaca Tomás Olivieri Acosta, presidente de Diagonal.

Es que el objetivo final de la fundación es el progreso personal. "Buscamos que sea un lugar de paso, algo transitorio hasta que consigan un trabajo más estable. Pero sabemos que la situación es complicada y mientras dure la búsqueda y las ganas de salir adelante nuestro apoyo hacia ellos es incondicional", asegura.

Atreverse

Actualmente, cincuenta vendedores de Diagonal ofrecen el periódico en distintos puntos de la ciudad y el conurbano. Parecen pocos comparados con la cantidad de argentinos que día a día sufren el drama de quedar en la calle. Pero es un comienzo auspicioso. "Lo que pasa es que para formar parte de este proyecto se necesita un grado de compromiso muy grande, primero con uno mismo, y después con todos los que integran la fundación. Y muchas veces no están preparados para eso", dice Olivieri Acosta, tratando de explicar por qué la propuesta no convoca a mayor número de personas en situación de riesgo.

A su lado, Raúl asiente. Sabe muy bien qué es eso. Aunque conocía Diagonal desde que se fundó, en 1999, llegó hasta la ONG hace poco, cuando los inspectores le confiscaron el último carrito de garrapiñada que le quedaba y que había comprado luego de mendigar un par de meses. Antes había sido vendedor en la vía pública para el Banco Francés. Y aunque ganaba bien, sentía que no podía avanzar por no tener el secundario completo.

Solo y sin plata, un día se encontró sentado en el banco de una plaza bajo la lluvia, empapado y con frío. "Fue demasiado. Estaba cansado de la polícía. Todo lo que ganaba con la garrapiñada lo dejaba en multas. Decidí que tenía que cambiar. Si no lo hice antes fue porque con la venta del periódico sacaba menos que mendigando o con los carritos", reconoce, y asegura que gracias a Diagonal "recuperé la dignidad y la ética".

César aprendió lo que es el compromiso a fuerza de sacrificio. Llegó y se fue de la fundación en un par de oportunidades. Hasta que la última vez decidió que era la definitiva. "Antes no estaba preparado para lo que era el proyecto", admite, mientras toma coraje para hablar.

Su historia es de las más duras, en un contexto donde todas están signadas por la adversidad. En su pasado hay un bachillerato sin terminar y un problema de alcoholismo, que está superando con esfuerzo. "Desde hace meses que no pruebo una gota de nada", dice con orgullo.

Al principio, le costaba mucho salir a vender porque tenía dificultades para relacionarse con la gente. Pero se fue soltando y cuando no se siente bien sale con otros vendedores, porque "todos nos ayudamos". Su objetivo inmediato es costear los 30 días del hotel donde duerme, que hasta el momento lo paga a medias con una parroquia que lo asiste. "Quiero empezar a asumir responsabilidades. Siempre dependí de la ayuda de los demás."

A Ulises, un brasileño que vino al país hace más de diez años con el sueño de hacer un doctorado en Arte, al principio le costó vencer los prejuicios de ser un vendedor. "Pensaba que con casi un doctorado no podía estar en la calle ofreciendo un periódico", explica con acento portugués.

Hasta que su compañero de pensión se cansó de verlo mirando el techo, deprimido, y le insistió para que lo acompañara a la fundación. "Una vez acá, todos mis preconceptos se derrumbaron. No sólo logré un ingreso económico, sino que me integré rápidamente con todos."

Hace poco Ulises consiguió un puesto de profesor de portugués en una universidad, pero dice que no piensa abandonar Diagonal. "Quiero retribuirle todo lo que me dio. Me gustaría ser voluntario", confiesa.

A diferencia de sus compañeros, Daniel es un vendedor nato y conoce el paño a la perfección. "Aunque completé la carrera de contador, siempre me dediqué a la venta. Nunca sentí que lo que había estudiado era lo mío. Es más, jamás fui a buscar el título."

La crisis económica, más "los errores personales" lo depositaron en una parroquia. Pero llegó a Diagonal y enseguida sintió el afecto de todos. Hoy vive en un cuarto de hotel, que paga con lo que saca de las ventas. "Más allá de que tengo un trabajo, lo que valoro es el proyecto social." Aunque reniega de su pasado universitario, las facultades son su punto de venta preferido, porque "los estudiantes son más abiertos y el intercambio es muy interesante".

Es habitual verlo en las puertas de la Facultad de Ciencias Económicas, Sociales, Derecho y Filosofía y Letras, ofreciendo la publicación y explicando la misión de Diagonal. "Nuestra tarea es que la gente tome conciencia del problema. Porque nadie está exento del riesgo de quedar en la calle", reflexiona Daniel.

Hecho en Buenos Aires

Existen varias iniciativas sociales que ayudan a las personas que no tienen techo. Entre las más difundidas está Hecho en Buenos Aires (HBA), revista mensual escrita por periodistas profesionales y gente de la calle, que compra la revista a 30 centavos y luego la vende a un peso. Desde que nació esta iniciativa inspirada en la revista londinense The Big Issue, pasaron 750 personas. Hoy son más de 100 vendedores que se reparten en distintos puntos de la Capital y el Gran Buenos Aires. Desde enero, también hay un grupo que vende la publicación en Mar del Plata.

Para más información, pasaje San Lorenzo 371, 4362-1551, e-mail: info@HechoenBsAs.com , www.hechoenbsas.com

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