Becarios: el regreso al trabajo

Se fueron para estudiar y después aplicar lo aprendido en la Argentina, pero la reinserción laboral no siempre les resulta sencilla
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7 de noviembre de 2004  

Confusión del espacio y el tiempo, angustia, delirios como pretender que las cosas lleguen en el momento que las piden, frases recurrentes del estilo allá esto no pasaba, ataques de ira, pánico o desencanto. Estos pueden ser algunos de los síntomas del síndrome del ex becado.

Partieron con el honor de haber recibido una beca y en la búsqueda de un futuro mejor. Muchos -la mayoría- emigraron convencidos de que volverían para aplicar lo aprendido en tantos años de estudio y perfeccionamiento en el exterior.

Volvieron. Las ganas seguían intactas, pero el país no era exactamente el mismo que habían dejado. A muchos les costó adaptarse a la realidad argentina. No son pocos los que afirman que la llegada suele ser tan angustiante como la partida.

"Tanto irse como volver son momentos de mucha tensión. Pero se supone que el que llega está motivado para aplicar lo aprendido en el plano profesional y personal, y eso ayuda a sobrellevar ese duro momento", opina Laura Moraña, responsable de comunicación de la Comisión Fulbright, institución que promueve el intercambio entre la Argentina y Estados Unidos.

Uno de los miedos más frecuentes tiene que ver con la incertidumbre acerca del futuro laboral. A medida que pasan los meses y las posibilidades de reinserción se dilatan comienzan a manifestarse los primeros síntomas de la enfermedad del ex becado.

"En realidad el problema no es el después, sino el antes. Hay que evaluar en qué situación te fuiste. La mayoría son chicos brillantes que no tenían trabajo y aprovecharon para especializarse en el exterior", dice Alicia Fernández, del Centro de Información Internacional sobre Becas y Cursos (Ciisbec).

Diseño en Holanda

En esta categoría de "jóvenes talentosos sin nada que perder" encajaban los diseñadores gráficos Sebastián Menéndez y su mujer, Florencia, cuando decidieron viajar a Holanda. Transcurrían los primeros meses de 2002 y partieron rumbo a Maastricht, una pequeña ciudad al sur del país.

"Estábamos en una búsqueda. Sentíamos que teníamos poco que perder", asegura ella. "Yo estaba trabajando, pero no estaba contento con lo que hacía", recuerda él. En dos años en la academia Jan van Eyck realizaron varios proyectos. Florencia se dedicó a los de largo aliento y trabajó, entre otras cosas, en una serie de posters sobre el Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER). Sebastián unió sus dos pasiones, el diseño y la música.

De regreso, hace tres meses, están intentando encontrar su lugar. "Queríamos volver. Por un lado está esa parte de transmitir lo que uno aprendió. Pero también es una cosa práctica. Sentíamos que nuestra acción tiene poder acá, donde conocemos los códigos", asegura Sebastián.

Decididos a apostar por un proyecto independiente, crearon Flatmess, (www.flatmess.net), "un espacio de diseño en el que pasan cosas", define Florencia. "Con este espacio la idea es continuar lo que comenzamos allá", concluye Sebastián.

Repatriar cerebros

Santiago Mora y Pablo Cerdal tienen en común muchas cosas. Ambos son biólogos recibidos en la Universidad de Buenos Aires (UBA), tienen 36 años, hicieron su tesis de doctorado en el Instituto Leloir y obtuvieron becas para hacer el posdoctorado en el Salk Institute, en San Diego.

Las similitudes no se agotan ahí. Los dos decidieron volver a la Argentina por motivos que responden al corazón más que a la razón. Hoy, otra vez el juego de las coincidencias, los vuelve a juntar en el Instituto Leloir. "Más allá de las complicaciones que encuentro en el trabajo diario, lo que más me pesa es que acá casi no tengo amigos", cuenta Santiago.

A partir de la beca de reinserción de la Fundación Antorchas, Santiago pudo comprar reactivos y elementos del laboratorio. Pero no tiene un sueldo. "Todavía creo que estoy atravesando la crisis del recién llegado. Me había acostumbrado a tener a disposición todo lo que necesitaba, acá todo te cuesta el triple."

Al lado, Pablo, que estudia los tiempos de floración de las plantas, agrega: "La crisis del ex becado es inevitable. Es un proceso que todos atravesamos. En realidad, más allá de que uno extraña que las cosas funcionen, lo que más te cuesta es el tema del salario".

Directo al Colón

Carlos Fernández es un reconocido clarinetista que forma parte de la orquesta estable del Teatro Colón. Pero antes de subir al mítico escenario porteño estuvo dos años en Estados Unidos, preparándose para lograr lo que él llama "el sueño de su vida".

"Es una experiencia muy enriquecedora. Desde el punto de vista profesional es bárbaro porque se trata de una enseñanza personalizada. Ahí estás solo con el profesor, tenés a tu disposición aulas de práctica donde te encerrás a estudiar y hasta una orquesta de la Universidad. Acá, lamentablemente, eso no existe", relata.

Carlos casi no sufrió los síntomas del síndrome del ex becado. "Por suerte me reinserté rápido. Me había ido con una ayuda de la Fundación del Teatro Colón, a la que acudí para que me costearan el pasaje, y así establecí una especie de compromiso con ellos, como devolver ese gesto con conciertos y audiciones. Después me tomaron."

Pero la suerte de Carlos no es la regla. La mayoría de los ex becados sufre ese curioso malestar de sentirse extraños en su propia casa. El remedio está en desarrollar mecanismos para facilitar su reinserción y crear un contexto que, en lugar de expulsar talento, lo regenere.

Para facilitar la vuelta

Becas de reinserción, cartas de una institución que se comprometa a tomar al becado a la vuelta y talleres para contener a los recién llegados son algunos de los mecanismos que ayudan a una mejor transición luego de una experiencia en el exterior.

"Fundaciones como Antorchas dan dinero a los científicos que están afuera para que vuelvan al país a aplicar lo que aprendieron", cuenta Alicia Fernández, del Ciisbec. Otra alternativa es pedir el compromiso de una empresa pública o privada para que tome al becado a su regreso.

En la Comisión Fullbright se dicta un seminario de orientación a los argentinos que llegan de Estados Unidos. El taller ayuda a la reinseción. "Se trata de un espacio de reflexión y contención para aliviar las tensiones del regreso", describe Laura Moraña.

Por parte de los becados, es posible ayudar a la reinserción conociendo el entorno al que vuelven. En Fullbright, por ejemplo, recomiendan que preparen el regreso. "Es aconsejable que los becarios retomen los contactos que poseían antes del viaje. Esto les permite estar conectados y tener datos frescos del mercado laboral. Así se evitan sorpresas", concluye Moraña.

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