El aprendizaje en el mundo real

El trabajo en una organización enseña a relacionarse con los otros, manejar los tiempos y aplicar la iniciativa personal para resolver problemas.
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8 de junio de 1999  

La elección de una carrera universitaria es de vital importancia para el futuro, ya que de alguna manera define en qué actividad se invertirá la mayor parte del tiempo. Esta ocupación debería coincidir con las características e intereses personales para permitir alcanzar el mayor grado de satisfacción personal mediante el trabajo.

El mundo laboral actual gira mayoritariamente alrededor de las organizaciones. Cualquier actividad, de alguna manera u otra, forma parte de un proceso con objetivos complejos e inalcanzables individualmente.

La educación formal -en cualquier nivel que se desarrolle- permite alcanzar el conocimiento científico o técnico indispensable para cualquier actividad laboral. Sin embargo, este tipo de conocimiento no asegura per se ni el éxito ni la satisfacción laboral.

En las organizaciones, por otro lado, se aprenden otras cosas que las universidades difícilmente puedan enseñar; no sólo el contenido de lo que se aprende es diferente, sino también la manera de aprenderlo. Una educación integral debería incluir el trabajo en una buena organización. La buena empresa se convierte así en una escuela de alto valor formativo.

Los contenidos

¿Cuáles son esas otras cosas que se aprenden en este tipo de escuelas?

  • El trabajo en equipo

    Por lo general, el trabajo en equipo es poco utilizado en el mundo académico. Si bien en los últimos tiempos se ha avanzado en este tema, todavía el estudiante es, en última instancia, un solitario a la hora de alcanzar los resultados. Trabajar con gente de diferentes extracciones y características, con funciones distintas, pero con objetivos comunes, en los que los resultados no dependen exclusivamente de uno mismo, es una experiencia novedosa y enriquecedora para mucha gente que se integra en el mundo laboral.
  • La administración del tiempo

    En las buenas organizaciones, por lo general, el tiempo no alcanza para hacer todo lo que se debería hacer. Es una manera de obligarnos a establecer prioridades para concentrarnos en aquellas cosas consideradas críticas. La falta de tiempo obliga, así, a evitar, postergar o rechazar lo que no es imprescindible.
  • El valor de la eficiencia

    Las buenas organizaciones consideran las cosas bien hechas (en tiempo y forma) como un activo de su cultura. El valor de la eficiencia se aprende a partir de la necesidad de administrar los recursos escasos con que se cuenta para alcanzar los objetivos. Este permanente pensar en cómo hacer las cosas mejor con menos, constituye uno de los aprendizajes más útiles para actuar en un mundo competitivo.
  • El valor del cliente

    De una manera u otra, todos trabajamos para satisfacer las necesidades de otros. Puede tratarse de los clientes externos (los que compran voluntariamente los productos o servicios) o los internos (los que consumen obligatoriamente los servicios).
  • Las buenas organizaciones valoran altamente la satisfacción del destinatario del trabajo -externo o interno-, y se proponen mejorar día tras día como una manera de asegurarse la continuidad y subsistencia de la organización.

  • La defensa de las ideas propias

    Cuando un joven se incorpora a una organización descubre rápidamente todo lo que debe aprender pero, también, cuántas cosas puede aportar. Sus estudios, características y experiencias personales constituyen la fuente de sus ideas con las que deberá confrontar en su nuevo entorno.
  • Esto no será sencillo; encontrará gente que, por diversas razones, piensa de manera muy diferente y con las que, a pesar de eso, deberá trabajar. En esta interacción deberá aprender a desarrollar, exponer y defender sus ideas para poder sentirse útil y contribuir a la organización según lo que se espera de él.

  • La aplicación de la iniciativa personal

    Las buenas organizaciones son excelentes medios para poder aplicar la propia iniciativa. Independientemente del nivel de responsabilidad que uno tenga, siempre es posible aportar una marca personal con el fin de mejorar las cosas. Es la oportunidad de aprender y experimentar desde el hacer; es el pensamiento llevado a la acción.
  • La aplicación de la creatividad

    Los jóvenes tienen una gran ventaja sobre los miembros históricos de una organización: no cuentan con las limitaciones mentales que establecen los paradigmas de la organización.
  • Ellos tienen una mirada nueva -hasta ingenua- que les permite ver las cosas viejas de una manera diferente. Ellos pueden hacer esas preguntas que sólo a los inexpertos se les admiten y a partir de ellas aportar soluciones nuevas a los problemas de siempre.

  • La comprensión de la complejidad

    El mundo académico es, por lo general, un mundo de certezas. Se sabe o no; está bien o mal hecho. En el mundo laboral se aprende a convivir con una realidad muchas veces gris. Las cosas ya no son siempre blancas o negras; las verdades tienden a relativizarse cuando la teoría se aplica a cada caso concreto. Se aprende que existen excepciones a toda regla y que lo correcto es, muchas veces, más complejo de lo que parece.
  • Las relaciones humanas

    Si es suficientemente grande, la organización en la que se trabaja constituye una excelente muestra de la sociedad en la que vivimos. Deberemos interactuar en ella con gente con la cual tendremos muchas, algunas o pocas cosas en común.
  • Aprenderemos a convivir con diferentes temperamentos, variadas maneras de pensar y sentir, diferentes valores y prioridades. En pocas palabras, comenzaremos a entender con mayor profundidad la complejidad de la conducta humana.

    El autor de la nota es abogado, gerente de Recursos Humanos de la Banca Nazionale del Lavoro y miembro de la Comisión de Recursos Humanos de la Asociación Dirigentes de Empresa (ADE).

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