El caso Airbnb o cómo adaptarse a nuevas formas de relaciones laborales

Jorge Mosqueira
Jorge Mosqueira LA NACION
“Trabajar como ser humano” es la consigna de la empresa dedicada a alquileres temporales; un programa para empleados invita a hacer yoga, arreglar bicicletas y cambiar el mundo
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18 de septiembre de 2016  

Es evidente que las pirámides se desploman o, para mejor decir, ya se desmoronaron, y todas las empresas tratan de juntar los fragmentos para lograr la fluidez perdida que culminaba brindando servicios y productos. De algún modo, el penoso recuerdo del atentado y posterior derrumbe de las Torres Gemelas se ha convertido en un símbolo de una nueva era. No aparecen, en la mayoría de los casos, los bomberos heroicos. Dirigentes y dirigidos se encuentran en plena búsqueda de alternativas, sin contar con experiencias previas sobre el fenómeno, e impedidos, por lo tanto, de aportar procedimientos regulares.

Entonces, la gestión interna exige una adaptación permanente a nuevas relaciones de trabajo, como es el caso de Airbnb, calificada como una de las mejores empresas para trabajar en Estados Unidos. Su propósito y consigna se reduce a cuatro palabras: “Trabajar como ser humano”. Mark Levy es lo que llamamos “director de Recursos Humanos”, pero en la empresa tiene otro título. Se llama “director de Experiencia del Empleado”. Según sus palabras, “la compañía está en crecimiento, así que la gente necesita marcar su propio ritmo, pero Air Share (un programa para conectar actividades dentro y fuera de la organización) les ayuda a desarrollar una capacidad para crecer al mismo tiempo que crece la empresa o, en caso contrario, corren el riesgo de implosionar”.

Recuerda Levy cuando se encontró, al día siguiente de haber sido contratado, con el CEO del grupo, Brian Chesky, que le dijo: “¡Ey, quiero asegurarme de que estás listo para cambiar el mundo!”. Levy tomó la expresión de su jefe muy en serio e inició su tarea.

El programa Air Share empezó con la organización de encuentros, compartir experiencias de voluntariado y un tour de arquitectura por los barrios, ya que la empresa se dedica al alquiler de viviendas vacacionales. El primer jueves de cada mes hay diversas actividades, tales como ejercicios de yoga o un taller de mantenimiento de bicicletas.

Pero no todo acaba aquí. Según describe el autor de la nota (Will Bunch. “The (Other) Airbnb Experience”. Human Resource Executive Online, traducido por Elena Gisbert en Factor Humano.org), “en un día típico, los trabajadores de Airbnb se mueven por llamativos espacios de trabajo que se asemejan a la sala de estar o a la cocina de un moderno loft, colaborando en proyectos en grupos ad hoc en cafés amueblados como restaurantes de Mumbai o El Cairo, parando para compartir una comida de alguna de las destinaciones de la empresa en más de 190 países, o parando para ofrecerse un breve tiempo como voluntario en un grupo comunitario. Los expertos coinciden en que Airbnb forma parte de un grupo de organizaciones pioneras en el diseño del entorno laboral del futuro, donde el reto para los líderes de RH tendrá menos que ver con el fomento de la conciliación y más con imaginar una experiencia del empleado que haga confluir las mejores cosas de la vida, desde comida, ejercicio o incluso manualidades, hasta un sentido más amplio del compañerismo- con la productividad”.

Así están las cosas. La búsqueda es permanente y Airbnb es una de las exploradoras de avanzada. La tecnología no se reduce a nuevas aplicaciones, chips, gadgets y otros objetos, sino a temas iguales o más definitorios del éxito o el fracaso de una compañía. La imaginación al poder, dentro de las organizaciones. Quienes tienen el privilegio de transitar por las distintas empresas de nuestro país, se encontrarán a escasos metros, tanto organizaciones equivalentes al Cabo Kennedy, como reproducciones mesozoicas, al estilo Jurassic Park.

jorgemosqueira@gmail.com

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