El líder, un hombre contra el equipo

Una empresa contrata a un profesional para conducir el proyecto más importante, pero esa persona no cumple con las expectativas y eso afecta la productividad del grupo
Marcelo Lordi
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9 de junio de 2013  

Como enseña el dicho, siempre es mejor prevenir que curar. En un proceso de selección de personal existen posiciones críticas que ameritan una evaluación minuciosa y precisa del profesional que va a elegirse. Tal es el caso de aquellas personas que van a ocupar tareas directivas que requieren liderazgo y manejo de grupo.

En líneas generales se podrían mencionar algunas cualidades necesarias para este tipo de responsabilidades: capacidad de influencia, buena comunicación, capacidad analítica, gestión de los recursos y una visión integradora.

Sin embargo existen casos en los que el líder no responde a las expectativas que la empresa depositó en él y la productividad del grupo de trabajo se ve afectada.

Algunas organizaciones a veces se inclinan por buscar un reemplazante, pero cuando se trata de proyectos puntuales, el tiempo apremia y la posibilidad de pensar en otra persona no parece una alternativa del todo válida.

Ante esa disyuntiva pueden probarse distintas soluciones. La primera es tener una mirada abierta y comprensiva, detectar el problema mediante el diálogo y tratar de marcar al líder las fallas; pensar conjuntamente soluciones y establecer plazos de tiempo para evaluar los resultados.

Si esta opción no prospera, el grupo también puede funcionar como fuerza de mayoría. En este sentido sería necesario hacerle saber al líder que el descontento no surge puntualmente de los directivos de la empresa, sino que es una tendencia generalizada en el grupo de trabajo que el profesional conduce.

Siempre es mejor asentar un argumento sobre evidencias. Si los resultados no son los esperados es conveniente mostrar información concreta que lo demuestre y no caer en discusiones interminables sobre quién tiene razón.

Cuanto más claros son los términos de un acuerdo, menor lugar a dudas y confusiones.

Al margen de estas consideraciones, más o menos adecuadas en cada caso, la mejor respuesta para que no ocurran este tipo de eventos es una buena prevención.

Los procesos de búsqueda deben ser profesionales, con inversión de recursos y el tiempo necesario para reducir el porcentaje de error y encontrar a los mejores.

Quienes así lo hacen garantizan el éxito, evitan costos innecesarios y situaciones de conflicto que perjudican el trabajo y dificultan el alcance de las metas previstas.

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