Empresas sin alma

Por Jorge B. Mosqueira Especial para LA NACION
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26 de noviembre de 2002  

"Era una de las clásicas reuniones de supervisores, jefes y gerentes de la compañía -relata Luis D.- En esa ocasión se iba a discutir la nueva estructura de compensaciones según desempeño. Estaba coordinada por Recursos Humanos. Dos días antes un accidente automovilístico causó la muerte de una compañera de trabajo; su nombre era Elisa. Tenía 35 años, estaba separada y tenía dos niñas; una de ellas viajaba en el auto acompañando a su madre, pero salió ilesa.

"Yo no conocía bien a Elisa, pero podría describirla como una mujer vital, aunque no parecía contenta con su trabajo. Se notaba que lo hacía por la necesidad concreta que imponen las leyes de la vida y del llamado mercado laboral. "

"La reunión se desarrolló dentro de lo esperado, con las iconografías y discursos clásicos de estos encuentros y dominaba un clima de camaradería. Por un momento pensé que se iba a hacer mención de la muerte de Elisa y que nos íbamos a unir en un minuto de silencio o a algo así. Sin embargo, nada de eso ocurrió. El encuentro finalizó con algunas preguntas y aclaraciones acerca de ese complejo entretejido pseudomatemático que intenta controlar las voluntades dentro de la empresa.

"A la salida me hallaba absorto, preocupado y algo desconcertado por lo ocurrido. Le comento a una compañera de trabajo la ausencia de mención del reciente fallecimiento de Elisa. Uno de los gerentes de área oyó y percibió el dolor cargado de reproche en mi comentario y sugirió, como al paso, la siguiente frase: `Estas reuniones no son para comentar esas pálidas´.

"Vivimos en una cultura que intenta sobreactuar la alegría y el optimismo hollywoodense y esto está profundamente arraigado en las organizaciones, reproduciendo imágenes y emociones a lo Walt Disney. Organizaciones carentes de memoria, ya no sólo de sus acciones sino de quienes que le dan vida a esa `entelequia´, corren el riesgo de perder su alma.Vayan estas palabras destinadas a preservar la memoria de Elisa y a rendirle el homenaje que debimos haber realizado."

La reflexión de Luis sobre las organizaciones coincide con la conclusión del ensayista inglés William Hazlitt, que en 1824 expresó lo siguiente: "Los cuerpos de las sociedades anónimas (...) se hallan menos sujetos a la desgracia o al castigo. No sienten vergüenza, ni remordimiento, ni gratitud o buena voluntad". Mister Hazlitt se hallaba frente al nacimiento de las corporaciones y pudo anticipar una característica que las acompañaría hasta nuestros días. En los últimos años esta tendencia, en vez de decrecer, fue reforzada por las imágenes mediáticas de ejecutivos sonrientes, nunca sudorosos ni consternados. La realidad no es ésa. El devenir de la vida y la muerte, el continuo intercambio entre la empresa y la sociedad, todas las penas y las alegrías vulneran los cordones de idealización más rigurosos. Felizmente sucede así, porque obliga a reconocer la influencia de un mundo que existe más allá de las políticas internas y los juegos de poder. El empecinado esfuerzo por negar la desgraciada muerte de Elisa siempre será inútil. Alguien lo registrará, como Luis.

Los lectores interesados en contar anécdotas o situaciones curiosas, buenas o malas, sucedidas en la búsqueda de empleo o en la relación de trabajo, pueden enviar un breve relato a Suplemento Empleos, Historias de pasillo , Bouchard 557, e-mail: historiasdepasillo@lanacion.com.ar

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