Janine Berg: "Obviamente hay necesidad de regular el trabajo en la economía de plataformas"

La economista de la OIT especializada en condiciones del trabajo afirmó que las tecnologías dan lugar a modalidades que pueden no ser buenas para las personas
Silvia Stang
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21 de julio de 2019  

  • MINI BIO. Cargo: economista principal del departamento de Condiciones de Trabajo de la OIT. Trayectoria: ingresó en el organismo en 2002; trabajó en la oficina de Brasil entre 2008 y 2011. Nacionalidad: estadounidense.

Las nuevas tecnologías, que cada vez permiten conexiones más completas y más complejas, llevan a que surjan y se organicen formas del trabajo que no siempre son beneficiosas para quienes lo realizan. Tras hacer esa advertencia sobre una realidad que ocurre en un mundo que lleva años globalizado, la economista Janine Berg afirmó que es necesario que los países adopten regulaciones para las economías de plataforma que ofrecen servicios locales y que, a la vez, exista un sistema de gobernanza internacional para la actividad de microtareas basadas en el uso de la red y realizadas por trabajadores que residen en diferentes puntos del planeta.

Berg es economista principal del departamento de Condiciones de Trabajo de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en Ginebra, Suiza. De paso por Buenos Aires señaló, en una charla con LA NACION, que es algo irrenunciable definir qué protección básica se debe garantizar. Esa recomendación, recordó, fue incluida en el informe que, a inicios de este año y por la celebración de los 100 años del organismo, presentó un equipo de expertos en temas del futuro del trabajo.

Respecto de las estrategias para el blanqueo de trabajadores, Berg dijo que debe tenerse en cuenta que, por la pobreza y el cuentapropismo de subsistencia, las políticas pensadas solo para el mercado laboral tienen limitaciones. Lo que hace falta, consideró, es una política productiva amplia.

-Las desigualdades sociales son causa y efecto de lo que pasa en el mercado laboral, ¿qué se puede hacer, desde la normativa, para ayudar a mejorar o, al menos, para no alentar efectos negativos?

-En toda su historia, la OIT reconoce que si las personas no tienen empleos de calidad, no habrá ingresos suficientes para sostener el consumo en un país. Hoy hay muchas transformaciones; llevamos dos o tres décadas de globalización y con las nuevas tecnologías esa globalización significa que hay mucho más potencial de organizar el trabajo de formas que no siempre son beneficiosas para el trabajador. Hoy hay más competencia con trabajadores de otras partes del mundo, porque es muy fácil hacer outsourcing desde cualquier sitio.

-¿Y eso trae, concretamente, efectos sobre la desigualdad?

-En los países donde se han tomado medidas para que se respete el salario mínimo, por ejemplo, esa normativa ayuda a disminuir la desigualdad. Hay un rol de la política salarial y de los convenios colectivos: donde los sindicatos tienen más cobertura y donde hay más negociación, las brechas de ingresos son menores en las empresas, en las ocupaciones y en los sectores económicos.

-Una forma de trabajo relativamente nueva es la de ocupaciones de plataformas, ¿cree que es necesaria una regulación?

-Obviamente hay necesidad de regulación del trabajo de las plataformas. En la OIT distinguimos entre plataformas de microtareas, en las que el trabajador toma para sí una actividad sin importar dónde vive y le pagan a destajo, y las plataformas locales de servicios, como las de delivery. Es mucho más fácil de reglamentar ese trabajo local que el de las plataformas con tareas dispersas por el mundo. El informe sobre el futuro del trabajo que hizo para la OIT un grupo de expertos recomienda, para las plataformas de microtareas, algún tipo de gobernanza internacional, porque se necesita un estándar mínimo para todos los trabajadores: definir un salario sería muy complicado, pero sí puede haber un mecanismo para la resolución de conflictos.

-Los trabajadores de plataformas de servicios locales, ¿deberían ser considerados asalariados, autónomos o podría haber una figura intermedia?

-Dar esa definición es una tarea de cada país. En el mundo hubo mucho debate sobre esa pregunta, pero lo más importante es ver primero qué protección queremos para todos los trabajadores, y encontrar la manera de darla. Deberíamos ver que si hay gente haciendo un trabajo de alto riesgo y no tiene una póliza por accidente, eso es algo muy problemático. El informe recomienda una garantía laboral universal: que todo trabajador, sin importar el tipo de contrato, tenga un piso de protección. Eso ayudaría, por caso, a garantizar que los contratos más flexibles se usen por ser más flexibles y no por ser más baratos sin que se respeten derechos.

-En nuestro país, el empresariado considera, por lo general, que son altos los costos laborales. Al mismo tiempo, se da una creciente necesidad de recursos para pagar prestaciones previsionales, ¿cómo lograr un equilibrio?

-Es importante que haya contribución del empleador y del trabajador, porque el costo previsional no puede ser asumido por completo por el Estado; este es un tema presente en todo el mundo. En el debate ligado al envejecimiento poblacional es interesante ver que hay una oportunidad de crear trabajos decentes, ligados al cuidado de personas. Hoy, esas son tareas muy vinculadas a lo femenino y no se pagan muy bien, pero hay que valorizarlas. Hay temor de que el trabajo va a desaparecer y no estoy de acuerdo con eso: hay sectores en los que habrá crecimiento y este es uno.

-En cuanto al mundo laboral femenino, ¿qué evaluación hace de cómo ocurren los cambios?

-En diciembre publicamos el informe global de salarios y el tema central fue la brecha de género. En los salarios, esa brecha tiene mucho que ver con la segmentación. Hay ocupaciones en las que hay más mujeres y otras en las que hay más hombres; eso explica cierta lentitud en los cambios. Si en un tipo de ocupación hay mujeres y hombres, es más fácil reducir la brecha. Y cuando entran varones a un espacio más típico de mujeres, el trabajo suele valorizarse. Por otra parte, el año pasado publicamos un estudio con datos sobre el tiempo dedicado por varones y mujeres a las responsabilidades domésticas; allí se destacó que la equidad de género es algo que empieza en cada casa.

-¿Y cuánto pueden influir las legislaciones?

-Creo que bastante. La licencia extendida por paternidad es especialmente importante. Y hay otras políticas: en los Países Bajos es frecuente el empleo parcial; es una práctica que adopta el 80% de las mujeres y el 20% de los varones. La diferencia es importante, pero los hombres lo toman en un 20%, de todas formas... Y también se permite allí que, si la persona está trabajando a tiempo completo y nace un hijo, opte por reducir su jornada y por volver después de un tiempo al trabajo a tiempo completo. Si la empresa dice que no, debe justificar esa respuesta. Para lograr la equidad hay que tener jornadas más flexibles y permitir que mujeres y varones tengan iguales perspectivas. Si pensamos en el mundo de hace 50 años, se cambió bastante. Y las regulaciones ayudan a dar el cambio cultural.

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