Jugar a las apariencias

Por Jorge B. Mosqueira Especial para LA NACION
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31 de octubre de 2000  

Un día, Lucía F. fue arrollada por un camión. Era una mujer de éxito, directora de RR. HH. Cuando llega al paraíso, San Pedro le advierte: "Verás, muy raramente un directivo ha llegado aquí y no estamos seguros de qué hacer contigo. Tendrás que quedarte un día en el infierno y otro en el paraíso. Luego elegirás dónde pasar tu eternidad". Sin más, San Pedro la acompaña al ascensor y bajan hasta el infierno.

Las puertas se abren en medio de un campo de golf. A lo lejos, descubre a todos sus amigos -colegas que habían trabajado con ella- vestidos con traje de noche y muy contentos. Corren a saludarla, la besan en las dos mejillas y recuerdan los buenos tiempos. Juegan un partido de golf y, por la noche, cenan langosta y caviar. El Diablo los divierte contando chistes y bailando. Lucía casi no advierte que había llegado la hora de irse. Todos la despiden con cariño.

Lucía pasa el día siguiente saltando de nube en nube, tocando el arpa y cantando. También se divierte mucho y casi no advierte, otra vez, que debía irse. "Ahora debes elegir tu eternidad", le dice san Pedro. Lucía responde: "Bueno, el paraíso ha sido precioso, pero he estado mejor en el infierno". San Pedro la acompaña hasta el ascensor y bajan hasta el infierno.

Cuando las puertas se abren, encuentra una llanura árida, cubierta de excrementos y desperdicios. Ve a sus amigos vestidos con harapos, recogiendo esas porquerías. El Diablo le pone un brazo en el cuello. "No entiendo" -balbucea Lucía-. "Ayer había un campo de golf, comimos langosta y caviar y nos divertimos mucho". El Diablo la mira y sonríe. "Ayer te estábamos contratando. Hoy eres parte del personal."

Está claro que ésta no es una historia verdadera, sino un cuento de pasillo que un lector recogió en su correo electrónico y tuvo la gentileza de enviar.

Pertenece a esa infinita corriente de cuentos y chistes que, como en la Edad Media, circula anónimamente por todo el mundo conocido, desnudando vicios y costumbres de la época. Así nació el Decamerón, de Boccaccio. Quizá Internet esté gestando una nueva versión, en esta otra edad oscura.

La sonrisa y la declaración del Diablo son muy reveladoras. No hay que confundir las etapas. Antes de entrar en una empresa, abundan las rosas. Luego, la historia da un giro y llegan las sorpresas.

Podrá afirmarse que si todas búsquedas se basaran en la sinceridad extrema, nadie se acercaría siquiera. No es así. Muy a contramano de ese lugar común que afirma que la gente se resiste al cambio, siempre hay postulantes para las aventuras más extrañas. Véase Expedición Robinson . Véanse los deportes de riesgo o las experiencias místicas. Hay miles de ejemplos. Lo que verdaderamente escasea en estos momentos es la sinceridad.

Los lectores interesados en contar anécdotas o situaciones curiosas, buenas o malas, sucedidas en la búsqueda de empleo o en la relación de trabajo, pueden enviar un breve relato a Suplemento Empleos, Historias de pasillo , Bouchard 557, e-mail: historiasdepasillo@lanacion.com.ar

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