La necesidad de emprender se transmite desde el secundario

Un programa enseña a alumnos del nivel medio a generar microempresas
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26 de noviembre de 2002  

Aprenden a tomar decisiones, a solucionar problemas concretos, a manejar recursos económicos, humanos y de tiempo. Pero, sobretodo, aprenden a generar y a desarrollar ideas productivas. Y aunque aún son estudiantes secundarios, ya tienen la responsabilidad de gestionar una empresa.

En un escenario laboral agobiado por un índice de desocupación inédito en el país, y ante los cambios producidos por los avances tecnológicos en las tradicionales formas de trabajo, los microemprendimientos productivos que se propician en la escuela media preparan a los futuros egresados para enfrentar un mercado de trabajo que exige, cada vez más, capacidades emprendedoras.

Aprender haciendo

Desde que generan la idea hasta la ejecución del proyecto, los chicos, que se reúnen en grupos de no más de 5 integrantes, deben cumplir con todos los pasos necesarios para gestionar la microempresa: estudio de mercado, análisis económicos y de recursos, requerimientos contables y legales, producción, comercialización, resultan indispensables. Bajo una estrategia pedagógica de simulación, los estudiantes pueden aplicar y aprender conocimientos, uniendo la teoría con la práctica, pero también aprender a superar dificultades concretas.

"Los chicos se encargan de todo, abren la empresa con todo lo que implica, y producen las notas -encuestas, análisis, artículos de opinión- de acuerdo con los temas tratados en el aula", explica la profesora Mirta Petrone, del Establecimiento Educativo Argentino, de Adrogué; donde los chicos de 2° año de polimodal hacen la revista institucional del colegio y tres suplementos, de economía, salud y arte. "Se enfrentan con las dificultades propias que surgen al armar una empresa, pero, sobretodo, con obstáculos económicos. Les cuesta mucho contratar la publicidad para solventar la revista, porque el emprendimiento no está ajeno al contexto", señala Petrone.

Velas y jabones artesanales, servicios de desayuno, repostería, mermeladas caseras, son algunas de las variantes que ofrecen los chicos de 4° y 5° del Instituto Nuestra Señora de la Paz, de Floresta, en las ferias que organiza la escuela. Para el rector, Ricardo Barboza, es importante el trabajo grupal, y el estímulo para generar ideas productivas, que impulsa la práctica empresaria en el aula. "A partir de la experiencia de la escuela, los chicos se pueden organizar y generar sus propios recursos, como sucedió el año último con un grupo que continuó con el emprendimiento por cuenta propia", concluye Barboza.

En la Escuela de Comercio N° 5 José de San Martín, de Capital, los chicos pueden complementar los conocimientos curriculares sobre microemprendimientos con el aprendizaje de oficios que se ofrecen en talleres optativos, durante la tarde. "Se enseñan oficios -comenta la directora, Mirta Lastraortelli- como una extensión cultural de la carrera de perito mercantil para que aquellos que quieran armar, el día de mañana, su microempresa de acuerdo con el oficio que les gusta, puedan hacerlo solos."

Talento joven

Más de 500 chicos de 62 escuelas públicas y privadas de la ciudad, en grupos no mayores de seis, presentaron sus proyectos de microempresas simuladas en el concurso Jóvenes Emprendedores 2002; lanzado, en agosto, por la Secretaría de Desarrollo Económico junto con la Secretaría de Educación del gobierno porteño, por medio de la Dirección General de Microemprendimientos. El certamen forma parte del Programa para el desarrollo de jóvenes emprendedores, que desde hace 4 años se instrumenta en el ciclo superior de todas las escuelas medias de la ciudad que lo requieren con el fin de fomentar la cultura emprendedora en los estudiantes, mediante seminarios y talleres de capacitación.

"Este año empezamos con el concurso porque en nuestros recorridos por las escuelas detectamos que había chicos que tenían proyectos productivos; esperábamos 40 o 50, y se presentaron 135 proyectos", señala Guillermo Trípoli, coordinador del programa.

Los concursantes, que presentaron sus propuestas en septiembre y trabajaron bajo la tutoría del Programa para perfeccionar los proyectos finales que presentarán el 15 de noviembre, recibieron diez horas de capacitación sobre marketing, comercialización, costos, formulación de proyectos, Internet, entre otros temas.

Las diversas propuestas, que abarcan desde la producción de lombrices, linternas sin pilas, alimentos de soja, pañales, hasta servicios que brindan decoración, educación a distancia, maquillaje artístico, turismo aventura; serán evaluadas por el secretario de Desarrollo Económico del gobierno porteño, Eduardo Hecker, por la directora de Microemprendimientos, María Martha Poleman, y por dos técnicos del Centro de Apoyo a la Microempresa.

Si, en estos tiempos, la autonomía y los microemprendimientos son alternativas cada vez más valoradas en el mercado laboral, las competencias que adquieren los chicos por medio del desarrollo de sus capacidades creativas y de iniciativa serán apreciadas a la hora de entrar al mundo productivo, pero también resultarán útiles para cualquier actividad que deseen encarar.

La experiencia de los chicos

La realización de una revista y de tres suplementos especializados de economía, arte y salud tiene más que atareadas a sus jóvenes directoras, María Florencia Volpintesta y Victoria Marazzi, del Establecimiento Educativo Argentino, de Adrogué. Quienes cuentan que con la experiencia aprenden cómo es la realidad de una empresa donde hay que coordinar tiempos, resolver inconvenientes económicos, dirigir a la gente.

"Lo más difícil es asumir la responsabilidad cuando hay que tomar decisiones. Si decido cambiar una página y después sale mal, me tengo que enfrentar con toda la gente que la hizo", reconoce María Florencia. "Es complicado hacer que funcionen simultáneamente todas las áreas de la empresa, pero como la propuesta es interesante te entusiasma para tratar de que todo salga bien", apunta Victoria.

Para Romina Curto, Agustina De Licio y Soledad Arnoldo, del Instituto Nuestra Señora de la Paz, de Floresta, que armaron una microempresa de mermeladas caseras, la práctica laboral perdura fuera de la escuela. "El año último continuamos con el emprendimiento de los jabones durante el verano y nos fuimos de vacaciones con lo recaudado. Este año vamos hacer lo mismo, pero con las mermeladas", afirman las chicas.

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