Los ejecutivos en el diván

Una vez por semana, las reuniones de directorio se convierten en una sesión de terapia laboral
Una vez por semana, las reuniones de directorio se convierten en una sesión de terapia laboral
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29 de enero de 2002  

El ritual es casi el mismo. Un día por semana la reunión de directorio se transforma en un consultorio psicoanalista donde se desarrolla una catártica sesión de terapia laboral. No suenan celulares ni llegan mails. Sólo hay disposición para tratar los problemas de la empresa. Hace 15 años, Juan José Grande, psicólogo especializado en organizaciones, fue convocado por una compañía de sistemas con graves problemas de pertenencia. La mayoría de los empleados trabajaba en otras empresas haciendo instalaciones y asesorando. "Eran satélites que giraban alrededor de la compañía madre, pero rara vez se conocían entre ellos o tenían contacto con su cultura", recuerda. Se organizaron reuniones semanales para que los empleados pudieran afianzar sus relaciones y lograran tener un nivel de pertenencia con la organización. "Después de esa experiencia me di cuenta de que lo que me interesaba era trabajar con las personas que tomaban las decisiones. Ahí comencé a dedicarme a la relación entre socios", comenta Grande.

Gloria Cassano, psicóloga y titular de la consultora que lleva su nombre, trabaja con nueve grupos de tres empresas distintas. La especialista aclara: "La terapia debe estar dirigida por un psicólogo que esté preparado para escuchar y orientar sin aconsejar. Nuestro rol como terapeutas es lograr el cambio a partir de la reflexión de las personas", enfatiza.

Pedidos de ayuda

Como en toda psicoterapia, la idea es mejorar los vínculos. Los temas más habituales de consulta son los diferentes estilos de liderazgo entre socios, problemas con el rendimiento de un área específica o dificultades para trabajar en equipo. La competencia surge habitualmente en las reuniones, al igual que los problemas financieros.

Los ejecutivos de la agencia de publicidad Braga Menéndez se psicoanalizan desde hace más de diez años. "En ese momento decidimos hacer un cambio estructural en la empresa -cuenta Fernando Braga Menéndez, su director- y pasamos de cinco niveles jerárquicos a dos. Esta modificación nos llevó a buscar auxilio psicológico."

La empresa de sistemas Asytec tuvo que consultar por un problema opuesto. En 1997, en pleno efecto del año 2000, debió ampliar su estructura e incorporar personal. "Se duplicaron las operaciones y la facturación. Nos vimos desbordados, trabajábamos 20 horas por día, incluidos sábados y domingos", relata Alejandro Gómez, CEO de la organización.

Casi sin proponérselo, triplicaron el número de empleados -pasaron de 30 a 90- y no existía una segunda línea de gerentes con la que dialogar:"Eramos los socios y los empleados. No había término medio y la comunicación se hacía cada vez más difícil", recuerda Gómez.

Mejores vínculos

En Braga Menéndez los viernes de sesión fueron bautizados viernes santos . Pero el nombre es engañoso. El publicista afirma que ese día se ventilan rencores, celos, envidias y hasta "vuelan floreros". Pero todo vuelve a la normalidad después del encuentro, que puede extenderse por más de tres horas.

"Somos conscientes de que el trabajo diario genera conflictos y roces. Por eso, decidimos acotar a un espacio y tiempo determinados el tratamiento de estos problemas. Todo es solucionable en tanto exista buena fe", expresa Braga Menéndez. La mediación del álter ego -como suelen llamar al psicólogo- ayudó a sanear los vínculos, definir los roles y trazar objetivos alcanzables.

En Asytec, la sesión se desarrolla durante un almuerzo en Puerto Madero. "Sacarnos de la oficina fue un logro. Al principio llegábamos tarde, sonaba el celular y abandonábamos la reunión cada cinco minutos. Hoy nos tomamos tres horas para hablar de los problemas de la empresa sin culpas", dice el CEO.

La intervención del psicólogo sirvió para atravesar un proceso de separación. Gómez y su hermano tomaron la decisión de prescindir del tercer socio: "Fue una división pacífica, acordada y sin roces -asegura-. Durante la terapia vimos que teníamos distintos estilos de liderazgo y llegamos a la conclusión de que lo mejor era que cada uno tomara su camino".

Contexto agresivo

Hay momentos, como el actual, que la situación externa resiente los lazos internos. "Muchas empresas se niegan a reconocer lo que ocurre y es ahí donde se generan conflictos", advierte Grande. Esta percepción también es compartida por Cassano:"No se puede empezar a trabajar sin que el grupo tome conciencia de lo que le está pasando", sostiene. Si bien el grado de agresividad no ha aumentado, se incrementaron los chispazos y el cortocircuito. "Una manera de reestablecer la armonía es crear microclimas, desde compartir un café hasta salir a tomar algo después del trabajo o juntarse en una casa", explica Grande. "Es importante que la gente se conozca dentro y fuera de la organización -opina Cassano-. En algunos casos, también organizan sesiones individuales si alguna persona lo requiere." A pesar de los años que lleva como terapeuta, pocas organizaciones se animaron a dejarlo. "Los problemas se renuevan todo el tiempo. Hasta ahora, no hubo ninguna compañía a la que le haya dado el alta", concluye Grande.

Miedos frecuentes

Formar parte de un grupo de terapia laboral no es algo que agrade a todos por igual. En general, surgen miedos que impiden que los miembros expresen todo lo que piensan. "Al principio la gente se persigue porque cree que vamos a desnudar todas sus miserias -reconoce Juan José Grande-. Pero cuando comprenden que el psicoanálisis da herramientas para mejorar su calidad de vida empiezan a soltarse."

Gloria Cassano también advierte resistencia en las primeras sesiones. "Cuesta un poco adaptarse a decir todo lo que uno piensa. Pero después las personas se enganchan. Es increíble cómo disminuyó el nivel de ausentismo a partir de las sesiones. Nadie se las quiere perder."

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