Los negocios generados desde la solidaridad

Tres beneficiarias cuentan su experiencia
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25 de mayo de 2003  

Es día de reunión en la capilla de Belén, de Mármol, y las beneficiarias de los microcréditos de la Fundación Grameen se saludan efusivamente. Estas mujeres que encontraron la posibilidad de concretar un proyecto productivo, también crearon vínculos con sus compañeras donde la solidaridad no es una invitada de piedra. Por eso, la ocasión semanal es el momento para ponerse al día con las cuotas, para ofrecer sus productos, pero sobre todo para disfrutar de una pausa amigable en el trajín cotidiano.

Rosa Millacet, con asistencia perfecta a los encuentros, se alegra de sus logros: "Empecé de cero. En mi familia estábamos todos desocupados, mis cuatro hijos y mi esposo; y con el dinero puse una verdulería en mi casa que la atiendo con mis chicos porque ahora mi marido tiene trabajo. Estoy contenta porque el negocio marcha bien, y además porque con mi grupo somos muy unidas y nos ayudamos entre todas".

A su lado, Mirta Fernández cuenta "Tengo un despacho de pan y con el préstamo compré cosas que me hacían falta: un mostrador, estantes, un canasto de pan. También anexé artículos de quiosco. A pesar de la competencia, que es muy dura, estoy vendiendo 15 kilos de pan por día", dice satisfecha.

A la peluquera Matilde Cáseres el crédito le permitió no sólo reponer las herramientas de trabajo que le habían robado y sumar otras, que la ayudaron a tener más clientas ya que amplió sus servicios con pedicuría, sino también hacer nuevas amigas: "Es una alegría venir a las reuniones porque me encuentro con mis compañeras, que las quiero como si fuesen de mi familia. Cuando alguna no tiene para pagar la cuota le presto. Hoy vine a abonar las cuotas de todo mi grupo porque unas estaban enfermas y otras no podían venir".

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