Maltrato a medida

Por Jorge B. Mosqueira Especial para LA NACION
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18 de mayo de 2003  

Soledad. Para colmo se llama Soledad. Tiene 28 años, estudió inglés en el exterior, es licenciada -no importa en qué - y viene ocupando distintos puestos desde sus tempranos 19.

Aún hoy tiene un buen trabajo, pero hace dieciocho meses pretendió mejorar. La citaron dos veces de una importante consultora, tuvo sus entrevistas, pero la búsqueda se suspendió a la espera de que se estabilizara el país: era diciembre de 2001.

La vuelven a llamar en abril para la misma posición y al final de la entrevista le informan que ya habían presentado a otras tres postulantes a la empresa. Si no les gustaba ninguna, la mandaban a ella. Naturalmente, no pasó nada.

Noviembre de 2002: la vuelven a citar para la misma posición, pero en otra empresa. Soledad responde a las mismas preguntas del año anterior. Pasa a la siguiente etapa y se entrevista con sus futuros jefes. En la consultora le confirman que había sido aprobada, que la necesidad de cubrir la vacante era urgente, pero debía tener un nuevo encuentro, esta vez con el dueño de la empresa, luego de las fiestas de fin de año. Llegó enero. Soledad pregunta a la consultora y le comunican que quien debía entrevistarla se fue de vacaciones.

Febrero de 2003. Soledad informa que se ausentará una semana, pero deja número de celular y dirección de mail y el compromiso de volver para tener la entrevista que, precisamente, tenían la intención de realizar en alguno de sus días de descanso.

Pendiente del llamado o de cualquier otra noticia, Soledad regresa y pregunta si hay novedades. La dueña de la consultora intenta tranquilizarla informándole que ni bien el dueño de la empresa se reuniera con su currículum iban a responderle. De paso, le comenta que su perfil quizás se adaptara a otro puesto.

Luego, un largo silencio.

Pasado un mes, Soledad insiste. Justo acababan de comunicarse con la empresa y le prometieron definición para esa misma semana. Pasaron dos. Al final, nada más se supo.

Soledad se pregunta: "Si todo esto nos pasa a nosotros (los profesionales), qué les queda a los que no tuvieron la posibilidad de una educación completa".

* * *

En nuestro país, el maltrato y la incertidumbre son los capitales mejor distribuidos. Cada uno recibe lo suyo, con apenas perceptibles diferencias de rango. Sin ir más lejos, la acción de los políticos da con frecuencia el ejemplo.

La reputada responsabilidad social de las empresas no se agota con las donaciones, por más generosas que éstas sean. Por el contrario, se amplía e impacta con fuerza cuando construyen modelos éticos de convivencia, sistemas previsibles y consagrados al respeto por los semejantes.

Para este tipo de desarrollo no es preciso contar con alta tecnología. Si no fuera por el esfuerzo que nos impone a nuestros arrogantes modos de ser, se diría que es casi gratis.

* * *

Los lectores interesados en contar anécdotas o situaciones curiosas, buenas o malas, sucedidas en la búsqueda de empleo o en la relación de trabajo, pueden enviar un breve relato a Suplemento Empleos, Historias de pasillo , Bouchard 557, e-mail: historiasdepasillo@lanacion.com.ar

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