Tensiones entre dos mundos

Por Jorge B. Mosqueira
Por Jorge B. Mosqueira
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28 de marzo de 2000  

Los jóvenes tienen su sangre en constante ebullición. El axioma, además de ser un lugar común, es comprobable a través de estudios fisiológicos, antecedentes históricos y la vulgar experiencia personal y cotidiana.

Todas las generaciones terminan sentándose sobre un barril de pólvora, porque siempre -hasta ahora- hubo otra atrás que viene a destronarlas con armas distintas. Los jóvenes más fuertes derrotan a los viejos más débiles y la historia termina mal para los viejos. Esta batalla, normalmente, se pierde. Los héroes y las heroínas se mueren en su último minuto.

En los ámbitos laborales la tensión generacional se advierte con mayor nitidez y se ha acelerado en los últimos tiempos. Pero si se sabe quién ganará la lucha, entonces se puede planificar. Hay herramientas probadas, como la confección de planes de carrera y cuadros de reemplazo. Se han experimentado, con muy buenos resultados, retiros progresivos, no traumáticos.

La sorpresa de estos días es que la amenaza no arranca desde la generación anterior, sino más lejos todavía. Habría una alteración en el orden natural de la antropofagia. Los que van ganando posiciones y avanzan a tambor batiente, según parece, son profesionales posgraduados, tienen un promedio de 28 años, saben dos idiomas y les importa más la carrera que el sueldo. Quienes agregan a su currículum algún grado de pasión por la tecnología informática, ya han sido bautizados: los llaman yetties , una versión actualizada de los yuppies .

Es obvio que no todos los jóvenes pueden acceder a semejantes calificaciones porque cuesta mucho dinero. Lo que no cabe duda es que aquellos otros están en condición de ganar, por lejos, cualquier posición que les cuadre. Así como los pintan, no son amenazas, sino misiles en acción. Lo interesante es preguntarse hacia dónde se dirigen. Según dicen, se reinventan , por lo que se deduce que el objetivo no va más allá de ellos mismos. Entonces, no es una guerra; son balas perdidas.

La ambición individual conspira contra cualquier acción colectiva. Esto comprende tanto la gestación de un movimiento político como cualquier organización empresarial. La aparición de tendencias del estilo que se describen no es una buena noticia. No habrá equilibrio en una organización si absolutamente todos están ansiosos por ser presidentes.

Julien Sorel es el protagonista de una novela de 1830, escrita por Stendhal. Se trata de un joven ambicioso que alcanza la fortuna y termina muriendo ajusticiado por la guillotina. Se convirtió en un paradigma, perteneciente a otro contexto.

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