Tradición versus innovación

POR THOMAS L. FRIEDMAN Editorial Atlántida- 484 Págs.- 28 pesos
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31 de octubre de 2000  

En la era de la Revolución Industrial, el mundo se desarrolló en torno de los adelantos y beneficios que otorgaba la disminución de costos de transporte. La etapa actual de globalización se centra en las ventajas que representa la comunicación instantánea introducida por la tecnología de los microchips, satélites y la irrefrenable Internet. Los avatares de la Guerra Fría y sus atisbos de destrucción nuclear dejaron paso a un sistema configurado por intereses económicos de empresas mundiales integradas en forma virtual. En Tradición versus innovación, el periodista Thomas Friedman concluye que el mayor desafío de la globalización es permitir el desarrollo y crecimiento sostenido de los países, sin abandonar las raíces y tradiciones.

La Guerra Fría reinaba gracias al equilibrio del terror. Los Estados Unidos y la Unión Soviética no traspasaban sus respectivos límites ni invadían sus marcadas esferas de influencia. La globalización implica, en cambio, integración, antes que separación. Naciones, mercados y corporaciones confluyen gracias a los avances tecnológicos que han logrado unir puntos distantes en tiempo real y al menor costo.

El símbolo de la Guerra Fría fue un muro que dividía dos mundos aparentemente irreconciliables. El actual es una red virtual, o telaraña global, que conecta a todos más allá de orígenes raciales, ideológicos o políticos. Cuesta encontrar un equilibrio en un mundo signado por las especulaciones de inversionistas que mueven millones en transacciones que afectan a países centrales y periféricos casi por igual. Friedman opina que la falta de identidad creciente en lo cultural podría arrastrar a los marginados del sistema a encontrar otras vías de soluciones no muy pacíficas, como alternativa a las políticas libremercadistas empleadas hoy casi sin discusión.

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