Un lugar para el relax

Por Jorge Mosqueira Especial para LA NACION
Por Jorge Mosqueira Especial para LA NACION
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24 de octubre de 2000  

La primera que desapareció fue Verónica. Silvana creyó que estaba en el baño y la fue a buscar. Hacía poco que la había visto y era imposible que hubiera salido de la oficina. Cuando volvió, le preguntó: "¿Nena, dónde te metiste?" La respuesta inauguró un ámbito de recreación que no había sido previsto por las autoridades de la firma. El "cuartito", como empezó a llamarse, era una vieja oficina al fondo del salón, desocupada desde hacía tiempo. Se acumulaban allí viejos documentos, algunos muebles y, sobre todo, mucho polvo. Era como si no existiera, lo que lo convertía en el lugar ideal para desaparecer. Así se transformó en sala de descanso y recuperación del stress para todos los del lugar.

Como era de suponer, tarde o temprano habría de divulgarse hasta niveles no deseados. Pasaron más de dos años manteniéndose en secreto. El jefe de este período, Ramiro F., era un sobreviviente de las fusiones y reestructuraciones, más bien parco y con fama de riguroso. De ahí que todos temieran ser sancionados por entrar en el "cuartito", cada vez más solicitado. Los nervios, los apurones y los imprevistos eran deformidades cotidianas. ¿Qué hacía la gente allí? Nada. Unos minutos en la penumbra y el silencio los recomponía para seguir con la locura aunque, a veces, la ilegalidad del ámbito agregaba stress en vez de disolverlo.

Un día, todo se simplificó. Fue cuando la propia Verónica quiso entrar, pero sus compañeros la detuvieron por medio de señas desesperadas. A pocos metros vio que la puerta se abría para dar paso a un huésped nunca antes alojado. Era Ramiro, el jefe, que salía con una expresión más descansada.

* * *

Hay cientos de miles de cuartitos. Tantos como lugares de trabajo. Lo más preocupante es que la mayoría es ilegal, como el que descubrió Verónica. En verdad, se trata de áreas de descanso, reemplazadas frecuentemente por ámbitos menos adecuados. La relación informal o la posibilidad de descanso no entran, por lo general, en los diseños de los espacios laborales. Hay necesidades que sí son reconocidas. Precisamente, las fisiológicas habituales permiten que se acepte la construcción de los baños, los que muchas veces cumplen la función de cuartito de relax. Es posible pensar que la gente descanse más de una vez durante su jornada. Es agotador realizar tareas sin pausa y, sobre todo, bastante perjudicial para la salud. Un lugar para descansar debería satisfacer necesidades tan terminantes como aquellas otras que el decoro impide nombrar. Sin embargo, salvo muy singulares excepciones, nunca llegan a instalarse salas de descanso. Mucho menos en las fábricas, donde pueden ubicarse sillones, utensilios de cafetería y cualquier otro elemento de confort que todos, hasta los de más bajo nivel jerárquico, usan normalmente en su casa.

Los lectores interesados en contar anécdotas o situaciones curiosas, buenas o malas, sucedidas en la búsqueda de empleo o en la relación de trabajo, pueden enviar un breve relato a Suplemento Empleos, Historias de pasillo, Bouchard 557, e-mail: historiasdepasillo@lanacion.com.ar

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