Ventajas de la verdad

Por Jorge B. Mosqueira Especial para LA NACION
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25 de mayo de 2003  

Verónica F. cuenta su historia y se hace preguntas. Todo empieza a partir de la convocatoria de una consultora de Recursos Humanos para participar de un atractivo proyecto laboral.

Se entrevista con Juan M., que la aprueba y pasa a las instancias siguientes. Estas incluían un entrenamiento de una semana. Verónica estaba entusiasmada y en el curso preguntó de todo, intentando aprovechar al máximo la posibilidad de aprender. Las respuestas que recibió no eran del todo satisfactorias: en realidad daban la impresión de que se la querían sacar de encima. Al final le entregaron una serie de gráficos que no entendía y volvió a preguntar. Tampoco hubo una devolución provechosa.

Unas semanas después fue invitada a una nueva reunión con Juan. Verónica pensó que se tratarían temas como disponibilidad horaria, plan de trabajo, etc., para empezar inmediatamente. Pero cuenta que, al llegar, "alcancé a ver, en una hoja sobre el escritorio, la lista de todos los que habíamos participado de la capacitación. Al lado de mi nombre estaba escrito un inconfundible y contundente no". Se habló del tiempo, de las vacaciones y otras insignificancias. Juan estaba desconcertado, confuso, incongruente. "Llegué a pensar que padecía alguna alteración de sus facultades mentales", describe Verónica. Cuando llegaron al tema del encuentro, Juan le informó que el proyecto se había suspendido, lo cual, según averiguó Verónica más tarde, era mentira. De aquí, las preguntas que ella se hace.

¿Los argumentos para su rechazo eran inconfesables? ¿Qué no estuvo bien y por qué no me lo dicen? ¿Se debe a un conflicto personal y subjetivo con una de las entrenadoras? ¿El supuesto entrenamiento resultó ser una instancia de evaluación no explicitada?¿Una consultora de Recursos Humanos no debe ser coherente, íntegra y confiable?

"No hay nada más enloquecedor que comenzar a desconfiar de las propias percepciones", sentencia Verónica.

* * *

Rescataremos a continuación una pequeña escena de una conocida serie de TV. Ingresa en el área de emergencias médicas la víctima de un incendio, con graves quemaduras en todo el cuerpo. Es hispano y lo atienden un médico norteamericano y una enfermera del mismo origen que el paciente. Apenas consciente, éste pregunta en español si se va a morir. La enfermera traduce la inquietud al médico, quien responde afirmativamente: "Sí, en una semana". La enfermera duda en decir esa terrible verdad, pero termina traduciendo fielmente. El paciente pide, entonces, que por favor rescaten el dinero que tenía ahorrado, escondido en una pequeña caja bajo un estante de la habitación donde vivía y se lo envíen a Margarita, su esposa en Guatemala. Tuvo así la oportunidad de organizar su muerte.

Las mentiras -incluidas las llamadas piadosas- sólo facilitan el confort del mensajero que se evita el mal momento, a riesgo de provocar en el otro un daño incalculable. Si el médico de esta segunda historia hubiera negado al paciente su futuro terminal, la familia de Guatemala nunca hubiese tenido posibilidad de recibir el dinero, ganado trabajosamente en el frío Chicago.

Ambas historias confluyen y dejan alguna lección para quienes administramos informaciones delicadas.

* * *

Los lectores interesados en contar anécdotas o situaciones curiosas, buenas o malas, sucedidas en la búsqueda de empleo o en la relación de trabajo, pueden enviar un breve relato a Suplemento Empleos, Historias de pasillo , Bouchard 557, e-mail: historiasdepasillo@lanacion.com.ar

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