Ventilación, luz y buen clima, necesarios para trabajar bien

Hay que evitar la falta de aireación, el ruido excesivo y la mala iluminación
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4 de mayo de 2003  

SANTIAGO, Chile (EL MERCURIO/GDA).- Edificios herméticamente sellados fue la solución que se impuso en los Estados Unidos en la década del 70 para enfrentar la crisis energética que amenazaba con desangrar las empresas de ese país. La idea era conservar el calor en el interior de las oficinas y, de ese modo, reducir al máximo el consumo de petróleo de los sistemas de calefacción y aire acondicionado. La decisión fue desesperada, pero dio resultado. Los costos se redujeron drásticamente y, al poco tiempo, la mayoría de los oficinistas norteamericanos trabajaba en verdaderas burbujas de aire reciclado.

La situación parecía óptima, hasta que la tragedia se desató en la ciudad de Filadelfia en 1976: 34 personas reunidas en un hotel de esa ciudad murieron víctimas de la bacteria legionella, incubada en los sistemas de ventilación del edificio.

Ese desastre sirvió para que la Organización Mundial de la Salud acuñara las frases síndrome del edificio enfermo o mal del legionario -en esos momentos se desarrollaba en el hotel una convención de la Legión Americana-, y para que las empresas reabrieran sus ventanas y salvaran a sus empleados de una muerte lenta e imperceptible, atribuible en la mayoría de los casos al desconocimiento de algunas pautas simples y baratas de prevención.

Condiciones sanitarias

En Chile, el decreto supremo 594 sobre condiciones sanitarias y ambientales en los lugares de trabajo es el que dicta las pautas fundamentales que deben prevalecer en materias como ventilación, iluminación y servicios higiénicos en las fábricas y oficinas del país. Ordena, por ejemplo, que los lugares de trabajo se diseñen de modo que cada trabajador disponga de un volumen de aire igual o superior a 10 metros cúbicos y que, por cada 10 empleados, se disponga de un excusado, un lavatorio y una ducha.

Pero por encima de esas consideraciones, es el cuidado sumado a una que otra medida ingeniosa el que puede ayudar a mejorar considerablemente las condiciones de trabajo, por escasos que sean los recursos de la fábrica u oficina.

Tal como advierte el jefe de Ergonomía de la Asociación Chilena de Seguridad, Víctor Córdova, si tan sólo se mantuvieran cerradas las cajas de las escaleras de los edificios, podría evitarse en gran medida la infiltración del monóxido de carbono que sube de los estacionamientos a las oficinas.

La concentración del dióxido de carbono que genera el metabolismo humano también podría morigerarse si la ventilación de las oficinas se administra siguiendo ciertas pautas básicas. Se sabe que la concentración de CO2 es escasa durante las primeras horas de la mañana y que va aumentando en el transcurso de la tarde. Salta a la vista, entonces, la conveniencia de aprovechar los horarios de comida -cuando se supone que las personas abandonan la oficina- para ventilar naturalmente las instalaciones y generar el cambio de aire que durante otras horas no se da.

Es recomendable, además, que las máquinas que operan con principios fotoeléctricos -impresoras láser y fotocopiadoras- se concentren en un solo lugar de la oficina, preferentemente en un sitio aislado y bien ventilado.

Bacterias

Hay que tener mucho cuidado también con las bocas de salida del aire acondicionado. Cuando éste es central, por lo general no se limpia y adentro se puede encontrar cualquier cosa: pájaros muertos, ratones y bacterias de todo tipo y color. Uno se pone cerca de las bocas de salida y piensa qué agradable , pero es una inyección de bacterias, dice Mario Presti, especialista argentino en reciclaje y bioconstrucción.

Tampoco hay que exagerar. Ningún empleado va a quedar ciego porque en su oficina existe mucha o poca luz, pero sí puede sufrir un cansancio visual que afectará la calidad de su trabajo.

Tal como advierte Córdova, la iluminación es la variable más importante en términos de confort y productividad en la oficina y, sin embargo, pocas organizaciones practican las técnicas más básicas para manejar el efecto de la luz.

El subgerente de Medicina del Trabajo de la Mutual de la Cámara Chilena de la Construcción, Miguel Arana, sugiere que los tubos fluorescentes siempre se ubiquen en forma perpendicular respecto de los escritorios, para evitar el reflejo directo de la luz sobre las pantallas de la computadora; que las paredes siempre se pinten con colores claros y opacos -que no reflejen-, y que la luz se distribuya uniformemente en cada dependencia. No hay que olvidar que las diferencias de luminosidad aumentan el trabajo de los músculos oculares, lo que acelera el cansancio visual entre las personas.

Organizaciones internacionales de salud también recomiendan que las personas se mantengan a una distancia superior a los 90 centímetros del costado o la parte posterior de los monitores, ya que los campos electromagnéticos de las pantallas que utilizan tubos de rayos catódicos constituyen un grave riesgo para la salud.

Salta a la vista que más allá de las grandes inversiones, basta un poco de buena voluntad para limitar los peligros de trabajar.

Una temperatura agradable

El ambiente térmico es otra variable que generalmente incomoda a los trabajadores.

Según el manual de Ergonomía de Oficinas de la Asociación Chilena de Seguridad, una oficina térmicamente confortable es aquella en la que el 80% de los ocupantes se encuentra en una sensación térmica neutra; es decir, sin frío ni calor.

Para lograrlo, se recomienda una temperatura ambiental promedio de entre 20 y 23 grados en invierno; entre 23 y 26 grados en verano; una diferencia de temperatura entre el piso y la cabeza menor a 5 grados, y una humedad de entre el 40%y el 60 por ciento.

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