Emprender en la Argentina siendo extranjero: entre las oportunidades y los obstáculos

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Falta de incentivos y trámites extensos son las principales dificultades que encuentran; el crecimiento y el consumo son algunas de las ventajas
Enrique Pizarro
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16 de enero de 2017  • 13:27

Como algo complejo y extenso perciben los extranjeros el proceso para montar una empresa en la Argentina. Muchos vienen con la expectativa de encontrar beneficios e incentivos para crear su emprendimiento, como ocurre en otros países, pero desde el principio se encuentran con muchas piedras en el camino. Aunque el Gobierno propone simplificar el proceso y desde el año pasado algunos factores lo han vuelto un poco más fácil, aún sigue siendo un asunto extenuante.

“Por ser extranjeros y no tener a un socio argentino entre nosotros, no pudimos aplicar a fondos públicos de financiación”, asegura Nicolás Berenfeld, de Bélgica, que junto con dos socios europeos fundó en Buenos Aires una pequeña fábrica de impresoras 3D, que en dos años ha vendido alrededor de 100 unidades. “Del Estado argentino nunca hemos recibido nada. Todo ha salido de nosotros. Pero lo peor es que nosotros pagamos impuestos y de ese dinero salen las financiaciones para los proyectos”, asegura este emprendedor que inició operaciones en 2014. “O sea, sin querer estamos financiando a nuestra competencia”.

Otro de los obstáculos que han padecido los emprendedores al llegar a la Argentina son los cepos que tuvo el país durante los últimos años: las restricciones cambiarias y las trabas a la importación y exportación. Para traer insumos o artículos de producción del exterior, durante el período kirchnerista, el desafío era buscar alguna forma para no quedarse varados. Berenfeld, por ejemplo, cuando necesitaba alguna pieza para sus impresoras, hacía el pedido para que llegara a alguno de los países vecinos y luego viajaba a buscarlo. Ahora, con esas restricciones en el pasado, ese tema está resuelto. Por eso quienes empiezan a crear empresas en este momento les resulta un poco más sencillo.

“Para mí no ha sido difícil crear mi empresa acá”, dice Augustin De Villanes, economista de 31 años. Es de Francia y vive en la Argentina desde finales de 2015. Hace siete meses empezó con su proyecto, que está aún en etapa de construcción, y consiste en un sitio web que unifica y simplifica los procesos de pagos y gestiones que deben hacer periódicamente los monotributistas.

El único aspecto desfavorable que este emprendedor francés ha encontrado en la Argentina es el tiempo. “El trámite para crear una empresa en este país tarda entre dos y tres meses. En Francia se hace en un día”, comenta De Villanes, y asegura que en su país envía un mail a cualquier organismo y recibe la respuesta el mismo día. “Acá te dicen que algo dura una semana y tarda un mes. En la Argentina cualquier cosa lleva mucho tiempo. Todo funciona y siempre llegas a lo que quieres, pero con tiempo”, señala el joven empresario.

“Lo bueno es que la Argentina es un mercado de mucho consumo, que siempre está dispuesto a probar cosas nuevas, a innovar, y eso se relaciona con nuestro producto", dice Ximena Perazzo, de Uruguay. En 2014, instaló en Buenos Aires su negocio, Crepas, un fast food en versión saludable, que actualmente cuenta con cinco locales en el país. "Por eso decidí abrir acá el primer local fuera de Uruguay. Buenos Aires es muy cosmopolita, con un público muy dinámico, a diferencia de Montevideo, que es más conservador”, afirma la emprendedora de 24 años.

Los nuevos empresarios coinciden en que les sería beneficioso el avance de la Ley de Emprendedores que propuso Mauricio Macri durante la campaña electoral, que plantea la posibilidad de crear una empresa en 24 horas y contiene la creación de nuevos fondos de financiación y programas de emprendedorismo en todo el país. Esta ley ya tiene media sanción en la Cámara de Diputados y falta que se apruebe en el Senado. Desde el Ministerio de Producción de la Nación afirman su intención de implementar rápidamente esta normativa que, de aprobarse en marzo, debería comenzar a aplicarse uno o dos meses después.

“Por ahora no tenemos ningún beneficio especial para extranjeros, como lo tiene Chile, que entrega 40 o 50 mil dólares a extranjeros para que vayan a crear empresas allá”, comenta a LA NACION Mariano Mayer, secretario de Emprendedores y Pymes, del Ministerio de Producción. “No tenemos un programa similar porque no tenemos un problema similar. Nuestros problemas son otros: las demoras, las reglas de juego, entre otros. No necesitamos darle beneficios para que vengan al país. De hecho, están viniendo”, asegura el funcionario, que admite la existencia de programas heredados que excluyen a extranjeros, pero que serán modificados.

Argentinos que se van

Así como unos llegan a emprender en el país, algunos argentinos se van a probar suerte en otros territorios. Muchas veces, impulsados por algunas de las dificultades que padecen los extranjeros. Según el Ministerio de Producción, en la Argentina sólo el 20% de los proyectos logran consolidarse y algunos tienen que hacerlo en el exterior.

“Montamos nuestra empresa afuera porque no queríamos tener las fricciones que había en la Argentina, como los cepos”, dice Gastón Frydlewski, un joven argentino que en 2011 junto con su esposa decidió llevar su emprendimiento a Nueva York y empezar desde allí, donde crearon Hickies, una marca de cordones sintéticos que no necesitan ser atados. Actualmente, cuentan con 200 empleados de forma indirecta, comercializan su producto en 50 países y llegaron a un millón de unidades vendidas en 2016.

“Hicimos toda la etapa de desarrollo del producto en la Argentina y nos encontramos con una cantidad de obstáculos a nivel regulatorio. Ahí nos dimos cuenta de que no lo podíamos desarrollar en el país”, cuenta el empresario de 35 años. “Acá en Estados Unidos no recibimos ningún tipo de ayuda. Pero nos encontramos con no tener fricciones en el día a día, donde todo es predecible. Lo difícil de emprender afuera es no tener redes de contactos. Todo lo que es difícil acá, es fácil allá, y viceversa”, asegura.

“Lo que sí encontré en la Argentina fue talento humano”, comenta Frydlewski, cuya empresa emplea a un 50% de argentinos. “Yo creo en la Argentina. Nosotros tenemos muchas características innatas para ser emprendedores. Tenemos mucha capacidad para resolver problemas inesperados, sin recursos y de forma creativa. Y eso es lo que tiene que hacer cualquier emprendedor”, puntualiza.

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