La empresa y el desafío de lo urgente sin olvidar lo duradero

(0)
18 de octubre de 2020  • 00:00

Heredé de mi abuelo un sacacorchos. Lo vendí y con lo que conseguí me fui de viaje. Muy diferente habría sido todo si mi abuelo me hubiera dejado una fábrica de sacacorchos. ¿Entienden los profesores economía, los funcionarios públicos y los analistas, la fundamental diferencia que existe entre un negocio individual y una empresa?

Para clarificar la cuestión conversé con el norteamericano James Gardner March (1928 - 2018), quien con Richard Michael Cyert, en 1963 publicó Una teoría conductista de la empresa. La obra es considerada un clásico, pero en modo alguno integra la denominada corriente principal del análisis microeconómico. Como lamentablemente tampoco la integran los trabajos escritos por Armen Albert Alchian, Harvey Leibenstein y Herbert Alexander Simon.

-¿Cuál es la idea central de la obra?

-Planteamos una teoría del funcionamiento de las empresas centrada en una concepción política de los objetivos de la administración, un concepto de las expectativas basado en la racionalidad acotada, una concepción adaptativa en materia de reglas y aspiraciones, y un conjunto de ideas acerca de cómo interactuaban estos factores en la decisión empresaria. La teoría depende de cuatro conceptos principales: la cuasi resolución de los conflictos, evitar la incertidumbre, la búsqueda de los problemas y el aprendizaje organizacional. Las organizaciones aprenden; por consiguiente, las teorías de la firma deben prestarle atención a los procesos por los cuales cambian las expectativas y las aspiraciones, así como a sus efectos sobre las firmas individuales y el conjunto de ellas. A propósito: la economía de los costos de transacción fue desarrollada en buena medida por Oliver Eaton Williamson, que fue alumno de Cyert.

-¿Podría profundizar la idea de proceso en el funcionamiento de las empresas?

-Una empresa es un conjunto de seres humanos quienes, cumpliendo diferentes roles, identifican qué productos tienen demanda y cómo hacer para satisfacerla con las maquinarias, las oficinas y los talentos personales que tienen a su disposición.

-¿Está usted describiendo una pyme o una empresa gigantesca?

-Algunos aspectos son independientes del tamaño; otros, no. Todas tienen que fabricar y vender, pero los problemas organizacionales, de comunicación, etcétera, deben ser encarados de manera diferente por una firma que opera con un pequeño número de seres humanos, que por otra en la cual trabajan algunos miles de mujeres y hombres, diseminados en varios puntos del planeta. A propósito: cuando a mediados del siglo XX se planteó la cuestión del límite al crecimiento del tamaño de las empresas, un entusiasta de los procesos decisorios apuntó que las empresas dejan de crecer cuando quienes trabajan "arriba" no tienen la menor idea de lo que ocurre "abajo".

-¿Qué limites les pone a las empresas el hecho de que tanto las habilidades laborales como el diseño de las máquinas son específicos?

-Buena pregunta. Pensar que un empresario se levanta todos los días pensando si le conviene seguir produciendo cuchillos, o si es mejor dedicarse a producir bombas atómicas; o pensar que las personas que saben faenar pollos, de la noche a la mañana pueden comenzar a fabricar la vacuna contra el coronavirus, es no pensar. Esta es la razón por la cual, en la lucha diaria por la supervivencia, las alternativas que enfrentan los empresarios están acotadas.

-¿Acotadas a lo que ya están haciendo?

-Tampoco exageremos para el otro lado. Las máquinas son específicas, las habilidades laborales también; pero no totalmente específicas. Cada lector conoce ejemplos de lo que estoy diciendo. Le doy uno: el Teatro Colón está fabricando barbijos con las máquinas de coser con las cuales fabricaban vestidos. Todos los días observamos cómo, frente al desafío que plantea el coronavirus, se modifican procesos productivos, formas de comercialización, etcétera. Una empresa funciona cuando sus directivos están alertas y su personal propone y acompaña para enfrentar nuevos desafíos.

-Volvamos a la idea de la empresa como un continuo.

-Quien pregunta si un francés que no tiene ninguna fábrica instalada en la Argentina pondrá hoy una en las actuales condiciones políticas y económicas, pierde el tiempo. La cuestión es qué van a hacer los argentinos y extranjeros que ya están instalados.

-Eso, ¿qué van a hacer?

-Lo que están haciendo, pelearla día a día con lo que tienen a su disposición. Porque saben que quien se gana la vida traduciendo documentos puede migrar sin dificultad, pero a una acería, una aceitera o un aserradero, no le pueden poner rueditas y ubicarla en otro país.

-¿Está usted diciendo que seguirán invirtiendo, a pesar del contexto político y económico?

-Seguramente que invertirán en lo que requieran tanto la planta como la oficina para seguir operando. Esto es lo que en economía se denomina inversión de reposición. Para que el producto bruto interno (PBI) crezca, más allá de la recuperación luego de la fortísima caída de abril pasado, es necesario que la inversión supere el nivel de reposición; y esto sí depende de las expectativas, tanto políticas como económicas.

-Si entiendo bien, según usted los empresarios están privilegiando lo urgente por sobre lo importante.

-A Dios gracias. A quienes sugieren lo contrario, les digo que todas las madres del mundo, cuando advierten que su bebé ensució el pañal corren a cambiárselo, en vez de seguir frente a la computadora, ayudándole a que elija universidad. ¿Puede ser que todas las madres del mundo estén equivocadas, porque privilegian lo urgente frente a lo importante, que recién va a ocurrir 18 años después? Hay que ocuparse de lo urgente, pero pensando en soluciones duraderas, porque si bien no sabemos cuándo va a terminar el mundo, podría no terminar esta noche, y la acción que se implementa también tiene que poder repetirse en los días sucesivos.

-¿Cómo puede ayudar un gobierno al funcionamiento de las empresas privadas?

-Primero y principal, generando un ambiente macroeconómico de estabilidad de precios, crecimiento del PBI y del empleo productivo. El resto tiene que quedar en manos del sector privado, pero a quienes tienen que adoptar las decisiones hay que bajarles los miedos. En la actualidad, a las medidas que no funcionan se le agregan rumores, amenazas, etcétera. A eso le sumo un detalle no menor.

-¿Cuál es?

-Un Estado que no programa sus compras de mercaderías, sino que actúa a impulsos, que habla con entusiasmo de la sustitución de importaciones pero termina comprando en el resto del mundo, porque no existe en el país suficiente capacidad instalada para satisfacer pedidos importantes, realizados de la noche a la mañana. Esto, seguramente lo pueden documentar quienes les vendían insumos y equipos a las empresas públicas.

-Don James, muchas gracias.

Conforme a los criterios de

Más información
ADEMÁS

MÁS LEÍDAS DE Comunidad de negocios

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.