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Secretos que la jefa trae de La Habana

Francisco Olivera
Francisco Olivera LA NACION
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16 de noviembre de 2019  

Hay una pregunta que es transversal a los conflictos de América Latina y se oye en el universo de la diplomacia y las empresas: ¿con qué estado de ánimo e ideas volverá mañana Cristina Kirchner de Cuba? La incógnita es, en sí misma, un reconocimiento a la expresidenta, a quien nadie le discute el liderazgo y la capacidad para reconvertirse desde cualquier adversidad, pero resulta difícil de contestar. Parte en algunos casos de ámbitos de buena relación con el gobierno norteamericano, a veces propensos a ver fantasmas, donde creen imposible que tantos meses en contacto con las autoridades de la isla hayan sido ideológicamente indiferentes al futuro de la región.

Las afinidades y la historia reciente abonan parte del mito. "Me tratan como si estuviera en casa. Tiene que ver con nuestras posturas a nivel internacional", dijo ella en La Habana en septiembre de 2015, después de una reunión con Fidel Castro. Hay diplomáticos que recuerdan que la firma del memorándum con Irán, en 2013, se precipitó al cabo de uno de esos encuentros con el líder cubano. Son suposiciones inevitables en las circunstancias del continente. Pero que gravitan aquí de manera particular porque coinciden con el inicio del gobierno de Alberto Fernández, de cuya política exterior solo se conoce el posible canciller: Felipe Solá. "Alberto es como Néstor, una y una: para un lado y para el otro", resumió alguien del Frente de Todos que, sin entusiasmo, participó de las reuniones del Grupo de Puebla en Buenos Aires.

La conformación del gabinete será en ese sentido el primer test. "No digo que no haya un poroteo entre él y Cristina, pero el equipo viene más o menos como él lo había imaginado", dijeron cerca del presidente electo. En el Instituto Patria son menos ecuménicos: hace tiempo dan por sentado que la nómina se empezará a conocer solo después del regreso de la jefa. Es cierto que a la expresidenta le cuesta digerir algunos nombres. Entre ellos, el de Martín Redrado, a quien no le cuestiona las largas discusiones que tuvieron durante el paso del economista por el Banco Central, sino su condición de perito en una de las causas que tiene en su contra, la del dólar futuro, que lleva adelante Claudio Bonadio. Hay rencores que llevará tiempo olvidar. Por ejemplo, aquel "no" de Florencio Randazzo al ofrecimiento para ser candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires en 2015. Diego Bossio es otro dirigente que deberá esforzarse si quiere volver al kirchnerismo.

El lado regional hacia donde mire Cristina Kirchner es decisivo para el establishment económico. Aguardan una definición, no tanto por ideología como por relaciones bilaterales y que afectarán la vida de las empresas. ¿Seguirá, por ejemplo, el ida y vuelta de agresiones con Bolsonaro? Paolo Rocca eligió abordar el asunto de manera elegante. "Hay que ampliar el Mercosur", dijo esta semana. El tema volvió a salir en la Unión Industrial Argentina, que invitó a su encuentro de los martes al secretario adjunto de la Cepal, Mario Cimoli, cuya exposición fue todo menos tranquilizadora: dijo que los indicios mostraban al presidente brasileño más bien propenso a decisiones inconsultas. Funcionarios brasileños niegan que Bolsonaro esté pensando en romper el Mercosur. Dicen que eso implicaría para Brasil volver a foja cero en tratados internacionales muy significativos, como el que tiene a través del bloque con la Unión Europea o con la Asociación Europea de Libre Comercio, que integran Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, y que por lo tanto confían en un entendimiento de ambos países más allá de los humores de sus dirigentes. En Brasilia ven el conflicto diferente de lo que se advierte aquí: dicen que Alberto Fernández traspasó una línea al decir que Lula estaba injustamente preso porque eso implicó haber puesto en duda la institucionalidad del sistema judicial del socio del Mercosur y que, en cambio, las críticas de Bolsonaro hacia él fueron solo de índole personal: aunque cuestionó la ideología de su futuro par, advirtió que había sido elegido por el pueblo. "Hice fuerza por el otro, pero ya que ganó hay que seguir adelante. De mi parte no hay ninguna represalia", dijo Bolsonaro sobre Fernández hace dos semanas.

El posicionamiento de la Argentina incidirá en las oportunidades de negocios y será determinante en una atmósfera social de condiciones similares o peores a las que imperan en una América Latina rezagada en inversión extranjera directa. Cayeron los precios de las commodities y la oportunidad pasó. Lo grafica un trabajo de Eduardo Cavallo, economista del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) e hijo del exministro Domingo Cavallo, publicado hace un año y medio en conjunto con Andrew Powell para ese organismo multilateral: faltó mejorar la productividad y la inversión. "Observando tanto los niveles de inversión como de eficiencia de la inversión, tenemos una visión bastante clara de lo que la región se está perdiendo. Si la región hubiera tenido el nivel promedio de eficiencia de las economías de Asia emergente entre 1960 y 2017, su PBI sería el doble del actual. Su PBI también se habría duplicado si sus tasas de inversión hubieran igualado a las de Asia emergente. Pero si las tasas de inversión y la eficiencia juntas fueran iguales a las de Asia emergente, el PBI real hacia 2017 podría haber sido seis veces mayor, lo cual es un dato impresionante", dice el informe.

¿Quién será capaz de desembolsar una moneda en un continente que, lejos de haber consolidado la creación de riqueza, parece sin embargo resuelto a discutir con violencia en las calles el modo de distribuirla? ¿Qué garantías existen, por ejemplo, para impedir que el paro del próximo jueves en Colombia se convierta en otro incendio?

Es entendible que Alberto Fernández tenga entonces decidido darles participación institucional a las organizaciones sociales. Es probable que la tarea recaiga en Emilio Pérsico, uno de los referentes del Movimiento Evita, que deberá encabezar una especie de agencia independiente que funcionará dentro del Ministerio de Desarrollo Social, que conducirá Daniel Arroyo. No son convicciones nuevas del presidente electo: ya en 2003 pregonaba en privado la necesidad de que cualquier liderazgo estuviera en la Argentina sustentado en lo que entonces se llamaba aquí centroizquierda. Es exactamente lo que hizo Néstor Kirchner, a quien el presidente electo reconoce como su maestro. Bolivia nuevamente partida en dos amenaza con volverse la caricatura de una América Latina escasa de recursos y, por lo tanto, ideológicamente dividida. ¿Qué piensa al respecto Cristina Kirchner y dónde pretende ubicarse? Esas nociones, compendiadas hasta ahora en conversaciones de Telegram, empezarán a develarse y dirimirse mañana. Su regreso marca en ese aspecto el fin de la campaña y el comienzo del mandato.

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