En busca de fuentes renovables de energía

Por Pedro Salvatori Para LA NACION
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2 de abril de 2006  

Los anuncios del presidente George W. Bush en su último y tradicional mensaje sobre el Estado de la Unión en favor de reducir hasta en un 75% la importación de petróleo de los Estados Unidos hacia 2025, a fin de superar lo que él mismo llamó la "adicción al petróleo" de este país, tiene un altísimo contenido estratégico y un cambio copernicano en lo que fue hasta ahora la política energética de la primera potencia mundial, en lo que respecta a su dependencia del petróleo importado.

Para alcanzar este objetivo, Bush lanzó una batería de medidas fiscales destinadas a incentivar al máximo el uso de las fuentes renovables de energía, llamando a éstas por su nombre: eólica, solar, biomasa, geotérmica y al desarrollo de celdas de combustibles basadas en la producción de hidrógeno.

Es evidente que, además de los altos precios del petróleo y el agotamiento prematuro de las reservas mundiales de este combustible, han influido poderosamente en esta decisión los problemas cada vez más graves que afronta nuestro planeta, derivados del llamado cambio climático global. Es evidente que para superar esta crisis debemos transitar sobre un nuevo paradigma energético que tenga en cuenta la dimensión ambiental o, lo que es lo mismo, la sustentabilidad de los proyectos de explotación de nuestros recursos naturales.

Lo dicho por Bush ya produjo un primer hecho positivo en nuestro país, cual es la reactivación del proyecto de ley para promover la producción de biocombustibles, que hasta ahora dormía el sueño de los justos en el Congreso, por la infaltable objeción de algún funcionario relacionado con el costo fiscal del mismo. Es inconcebible pensar que en un país, que es líder en producción de maíz, soja y otras oleaginosas, no se pueda crear una industria de biocombustibles.

Sin embargo, recordemos que la Argentina a pesar de tener más del 90% de su matriz energética basada en la explotación del gas y el petróleo, no sólo cuenta con recursos agrícolas para disminuir su adicción a los combustibles fósiles. Dispone en la Patagonia de vientos de gran intensidad y alto potencial energético, además de otros recursos renovables como el geotérmico, la biomasa, solar e hidráulica, capaces de producir un impacto significativo a mediano plazo, por ejemplo para la producción de energía eléctrica. Es decir, para nosotros, las oportunidades no se acaban solamente con los biocombustibles, sino que empiezan a partir de allí.

Proyecto

Debemos reconocer entonces que la Argentina necesita una seria política de Estado que promueva la utilización de las energías renovables de modo intensivo y sostenido y con metas de largo plazo.

En 2003 presenté en el Senado de la Nación un proyecto de ley por la que se creaba un régimen de fomento de inversiones para la producción de energía eléctrica a partir de fuentes renovables, no contaminantes y sustentables. Se establecía una meta específica consistente en que para 2015 el 8% del consumo eléctrico nacional (unos 10.000 GWh/año) proviniera de estas fuentes. Para ello se proponía, a favor del inversor, herramientas fiscales, de efecto neutro en cuanto a la recaudación y una actualización de la contribución de los usuarios prevista por la ley 25.019.

Lamentablemente, después de haberse sancionado este proyecto, por unanimidad, en el Senado, pasó a la Cámara de Diputados donde, después de ser aprobada por las comisiones de Energía y de Ciencia y Tecnología, inexplicablemente, perdió estado parlamentario en la comisión de Presupuesto y Hacienda, sin llegar a ser tratada.

Se han perdido dos años desde entonces, y la situación energética nacional no ha mejorado. En el ínterin, Brasil con el plan Proinfa nos ha vuelto a sacar ventajas comparativas. Por ello he insistido en esta iniciativa, debiendo transitar nuevamente todo el camino parlamentario recorrido, pero en esta oportunidad con el acompañamiento de 49 senadores nacionales de todos los partidos políticos, por lo que espero su pronto tratamiento y aprobación primero en el Senado y después en Diputados.

El mundo ya ha comenzado a transitar un nuevo ciclo energético. Los precios del petróleo y del gas han comenzado su escalada insostenible. A la Argentina, sin estar ajena a esta realidad, se le suma la creciente disminución de sus reservas de petróleo y gas.

Así como el gobierno norteamericano ha propuesto llevar a cabo fuertes iniciativas para promover la diversificación energética a través de fuentes limpias de energías, más de 78 países del mundo ya han establecido políticas de largo plazo en favor del desarrollo de fuentes renovables de energía.

Nuestro gobierno debería imitarlos rápidamente y no encapricharse en que la única solución es la creación de un faraónico supergasoducto regional, cuya conveniencia y rentabilidad todavía no ha sido demostrada.

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