En busca de la confianza perdida

Eeduardo Fracchia Para LA NACION
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31 de mayo de 2009  

La crisis mundial está buscando un piso, por ahora, incierto. La expansión en Estados Unidos del agregado M2 es muy importante y demuestra que se está jugando fuerte en el terreno de la política monetaria. Ben Bernanke, presidente de la Fed, si se pasa, es por exceso en la expansión del dinero. Estudió mucho la contracción monetaria de los 30, y no quiere volver a cometer el mismo error. Por otra parte, el déficit fiscal norteamericano se encuentra en récords históricos, en casi el 12%, bastante superior al límite máximo de Maastrich (3%). Recordemos el ajuste fiscal ortodoxo que la comunidad internacional nos pedía para nuestro modesto déficit fiscal de 2001.

El tándem Roubini-Krugman puede ser demasiado exagerado con sus pronósticos de final y profundidad de la crisis, pero juega a favor de ambos que ésta fue subestimada. El error en la estimación de profundidad ha sido nada menos que el 4% en promedio (se esperaba que en agosto el mundo crecería el 2,5%, pero caerá el -1,6%). Incluso se avanzó en la idea, increíble con el diario del lunes, del desacople.

Los volúmenes de comercio han caído como no se veía desde 1982 y desde los 30. Los precios de las materias primas relevantes para el comercio de América latina en particular se redujeron el 33% y se proyecta que suban el 15% en 2008.

El costo presupuestario de los programas fiscales es muy importante en nuestra región, del orden de 2,5 puntos del PBI para la mayoría de los países. Estos programas están liderados por el paquete chileno, armado sobre la base del fondo de compensación del ciclo económico que instrumentaron recientemente.

En esta oportunidad, no hay contracción monetaria en la Argentina como en los 30 o en la crisis de la deuda de 1982. Esas fueron crisis en las que subió mucho la tasa de interés interna. Se trata, ahora, de una crisis de confianza motivada por problemas internos, a los que se suma una crisis externa, materializada en la brusca contracción del comercio. Es un problema, ya que, como estudió José María Fanelli para experiencias comparadas de todo el mundo, los países salen devaluando y exportando más; es el único modo de volver a arrancar.

El debate económico local está estancado frente a una crisis que se profundizó y que debiera impulsar iniciativas más innovadoras. El Gobierno reaccionó con medidas de dudosa eficacia para contener la crisis. La manipulación del índice de actividad no ayuda a ver la profundidad de la recesión que es bien heterogénea por sector. El producto puede caer entre el 2% y el 3% este año y venía de crecer el 6 por ciento.

La identidad macro está muy desafiada en sus componentes principales. El consumo cae a una tasa menor, pero la confianza del consumidor se encuentra en el nivel más bajo de la serie desde 2003: cayó más de 30 % respecto de 2008. La confianza para invertir se encuentra muy deteriorada.

El superávit fiscal se va licuando, la devaluación mayor podría corregir, en parte, esta tendencia. Los ingresos fiscales en el acumulado a fin de mayo se estima que crecen al 12% y los gastos al 28%. Se proyecta que el superávit primario del primer semestre caerá el 60% respecto a igual período del año anterior.

El fisco provincial es cíclico y, por lo tanto, cayeron fuertemente los ingresos de las jurisdicciones. Cabe tener en cuenta que la Nación ahora pasa a las provincias más fondos vinculados a un porcentual de las retenciones, pero no es suficiente.

Se especula con algún ajuste de cuentas con el Club de París y un planteo para los holdouts . El 2009 está, en principio, resuelto en lo que se refiere a pagos de vencimientos, pero hacia adelante hay dudas. El riesgo país nos habla de bonos virtualmente a precios de default. El año que viene está abierto e invita a negociar de modo cooperativo con el FMI para lograr financiamiento, dado el cierre de los mercados por el default de 2001.

El superávit de cuenta corriente, el otro gemelo que nos queda, está en el pronóstico del 2009, cercano al 1,8% de puntos del PBI, lo que es importante para dar solidez a la macro. Se explica, en parte, por el derrumbe de las importaciones en el primer semestre de 2009.

En cuanto a expectativas de aumento de precios, lo que tenemos en el relevamiento de la Universidad Di Tella para los próximos 12 meses es un preocupante 30% de inflación. Volveríamos, según este sondeo, a los niveles de mediados de 2008, con una estanflación bien instalada.

La dolarización de portafolios relacionada con la fuga de divisas fue aproximadamente de US$ 21.000 millones en 2008. La fuga estimada para el año en curso es de 16.000 millones. La fuga es, quizá, el elemento más concreto para medir la confianza en el modelo. No ha sido todavía definitoria de un final inevitable de crisis terminal, pero el reloj sigue corriendo. La dolarización es una suerte de sangría que traba la dinámica económica. La Argentina no se comporta como Brasil, donde la dolarización de portafolio es más acotada. El miedo a devaluar está en que se profundice este proceso. Existe temor de que los dólares se alejen si sube el tipo de cambio. La dolarización tiene como contrapartida la contracción de la base monetaria y de los agregados M1 y M2. Este proceso que se ve con claridad limita los grados de libertad de la política monetaria, tan relevante en una crisis como la actual. El otro indicador de confianza será el resultado de las urnas el 28 de junio. La sociedad vota en el cuarto oscuro o con los pies (fuga).

Desempleo latente

El desempleo avanza del interior a los centros urbanos. La actividad en el campo se frenó con la contracción de la cosecha y se estima que el agro perdería US$ 12.000 millones en los últimos meses. El desempleo más típico del segundo cordón todavía se está gestando. Existe inercia entre la caída del nivel de actividad y la manifestación del mayor desempleo.

La clave para la política económica es articular un programa creíble a partir de las enseñanzas del 28 de junio que van a llegar, pero evitando el autismo tan típico de los policy makers en muchas de las políticas económicas voluntaristas encaradas desde los 70.

Sería deseable, entre muchas cuestiones pendientes, negociar con el FMI usando instrumentos apropiados. Hay que reinventar políticas productivas que replanteen, entre otras cuestiones, la carga tributaria del agro, dado el contexto de crisis. Habría que descomprimir al sector agroexportador de parte de la carga tributaria excesiva que acumula; se corre el riesgo de matar a la gallina de los huevos de oro. Es estratégico para el mediano plazo comenzar a apuntalar el sector energético, muy sensible para cuando la economía se reactive tímidamente en 2010.

Faltan reflejos ante la crisis. Hay fundamentos sólidos en algunas variables pero si la desconfianza crece actúa como un depredador del sistema productivo.

  • El próximo domingo: el columnista invitado será Nadin Argañaraz.
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