En el gigante en ascenso tampoco está tudo bêm

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26 de septiembre de 2010  

Lula transformó un concepto creado por el banco de inversión Goldman Sachs en una realidad: BRIC, la palabra formada por las iniciales de Brasil, Rusia, India y China, las cuatro potencias emergentes que compiten por atraer los flujos de capitales mundiales, es hoy algo concreto. No sólo eso: fortaleció las instituciones y vendió la imagen del país por el mundo.

La Argentina tiene mucho para copiar de su vecino y también la oportunidad de aprovechar su buena estrella. Maílson da Nóbrega, ex ministro de Hacienda de Brasil, destaca que su país construyó instituciones que evitan el populismo, con una sociedad intolerante a la inflación, algo que no ve en la Argentina, donde el Gobierno subestima el índice.

El ex funcionario apela a otro ejemplo: el Banco Central de Brasil es independiente en la práctica y por eso tiene una credibilidad internacional muy sólida. "En la Argentina eso no es así, lo que quedó evidenciado con la salida de [ex presidente del Central] Martín Redrado. Eso afecta negativamente la confianza de los inversores", dice. "Tampoco sería imaginable en Brasil lo que sucedió aquí con la expropiación de las AFJP", acota Raúl Ochoa, especialista en comercio internacional.

Pero no todo es perfecto en la vedette regional y, al igual que ciertos equipos de fútbol brasileños que exhiben flancos débiles en sus defensas, también tiene aspectos criticables y deudas pendientes. Para Ochoa, falta una reforma tributaria, un serio tema para la competitividad de Brasil; una modificación previsional, que hoy tiene muchos sectores privilegiados, y un trabajo muy cuidadoso con el gasto público.

Nóbrega le recrimina a Lula no haber encarado reformas estructurales. "Tenía todas las condiciones para hacer cambios importantes, pero decidió no contrariar a grupos de interés, como los sindicatos. Además, por ideología, suspendió la privatización de las carreteras, por lo que pagaremos un gran costo en logística", explica.

Además, Brasil tiene un atraso educativo, producto de una larga historia en la que se pensó que el desarrollo económico mejoraría la educación sin entender que ésta es causa y no efecto de aquél. "Lula no mejoró eso; se preocupó por expandir universidades donde no había, en vez de priorizar la educación primaria", señala Nóbrega.

Dante Sica, de Abeceb.com, advierte que deberán vigilar de cerca el tipo de cambio para no perjudicar al sector industrial. En tanto, Gustavo Idígoras, ex agregado agrícola en la Unión Europea, cree que el desafío de Brasil tiene que ver con su rol de líder: "Debe aceptar que un líder tiene que pagar costos para favorecer el desarrollo de los países vecinos". En parte, lo hizo ya al aceptar barreras argentinas a sus exportaciones.

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