En un contexto difícil, desabastecer es el peor de los errores

Juan Carlos de Pablo
Que los clientes encuentren los productos es clave, sobre todo en tiempos críticos
Que los clientes encuentren los productos es clave, sobre todo en tiempos críticos Fuente: AFP
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15 de septiembre de 2019  

Dada la facilidad con la que se consiguen los datos estadísticos, a partir del 12 de agosto pasado buena parte de la atención de los medios de comunicación se centró en la evolución del precio del dólar y del riesgo país, pero es evidente que el resultado de las PASO también impactó en la economía real. ¿Cómo adoptar decisiones de producción, venta, financiamiento, etcétera, en condiciones de tanta volatilidad e incertidumbre?

Al respecto entrevisté al inglés Henry Charles Fleeming Jenkin (1833-1885), ingeniero e inventor, además de economista. Hasta 1873 se ocupó del tendido de cables telegráficos submarinos. Según Robert Dennis Collison Black, entre 1868 y 1872 publicó tres escritos económicos, caracterizados por una impactante combinación de análisis lúcido y preciso y una notable incorporación de los hechos de la vida diaria.

-¿Qué aportes realizó en esos trabajos?

-En el primero analicé el rol de los sindicatos en el mercado laboral, explicitando por primera vez, en forma clara, los conceptos de oferta y demanda en función del precio. En el segundo trabajo, publicado en 1870, la explicitación pasó al plano gráfico, mostrando las curvas de oferta y demanda en un gráfico donde se intersectan. Al parecer, este trabajo aceleró la publicación, al año siguiente, de Teoría de la economía política, de William Stanley Jevons. Seguí la convención de la época de medir los precios en la abscisa y las cantidades en la ordenada, convención que fue posteriormente modificada por Alfred Marshall.

-¿Y en el tercero?

-Me ocupé de la cuestión de la incidencia impositiva, introduciendo el concepto de excedente del consumidor, que había sido creado por Arsene Jules Emile Juvenal Dupuit sin que yo lo supiera. Nuevo ejemplo de descubrimientos o invenciones independientes y simultáneos, que Paul Anthony Samuelson documentó en varias oportunidades.

-Joseph Alois Schumpeter tenía un alto concepto suyo, pero...

-En su Historia del análisis económico sostuvo que fui un economista muy importante, una suerte de puente entre John Stuart Mill y Marshall. No obstante lo cual, ocupé un lugar poco significativo en la historia del pensamiento económico. Según Edmund Whittaker, esto se debió a que yo no fui un economista profesional, y a que los dos autores mencionados por Schumpeter me trataron mal. Albert Otto Hirschman tuvo que luchar por la "paternidad" de un índice que mide el grado de concentración de una variable, como exportaciones según destino o tipo de producto. Y, con gran sentido del humor, expresó su resignación al afirmar que "vivimos en un mundo cruel".

-En todos los cursos de microeconomía se enseña que el empresario que maximiza sus beneficio fija el precio y la cantidad, igualando los ingresos y los costos marginales. Una guía práctica de muy poco valor en la Argentina actual.

-La mala noticia de lo que usted acaba de decir es que no hay que tomar cursos de microeconomía. La buena es que, por razones pedagógicas, se comienza por los modelos más sencillos, para introducir luego factores relevantes que complican el análisis. Un economista que no sepa, con los ojos cerrados, cómo opera un mercado en condiciones competitivas o monopólicas, difícilmente sea un buen economista; aunque tampoco puede esperarse mucho de alguien que solamente sabe eso.

-¿Cómo se toman decisiones de producción y venta en un contexto tan volátil e incierto como el actual?

-Focalizando la atención, porque también las energías humanas son escasas y tienen usos alternativos. Decidiendo sin temor a equivocarse, porque en el contexto que usted acaba de describir inevitablemente se cometen muchos errores. No preguntando por el plan B, cuando la situación no permite ni siquiera plantear un plan A, entendido como un esquema a aplicar durante, digamos, varios meses, independientemente de las circunstancias.

-Pero ¿se pueden adoptar decisiones en este contexto?

-Los taxis funcionan, los asalariados concurren a sus trabajos, los bares y los comercios están abiertos. Con sus acciones, todos ellos están contestando su pregunta. Claro que si usted lo que quiere decir es que todo sería mejor si la realidad fuera más predecible, mi respuesta -como dicen ustedes- es "chocolate por la noticia". Lo que en las actuales condiciones no se puede hacer es ignorar la nueva información, que obliga a modificar frecuentemente las decisiones adoptadas.

-Explíquese.

-Los precios, las ofertas, el financiamiento, la producción, etcétera, dependen en parte del contexto macroeconómico, en el cual, al ser tan intensa la interacción entre la población y el gobierno de turno, es inevitable una flexibilidad inusitada cuando se la ve con ojos del resto del mundo. Nadie puede creer que el precio de la mortadela, las corbatas o las entradas al cine serán los mismos si el precio del dólar fuera, digamos, el de la semana pasada, 20% más alto o 10% más barato. Entre otras cosas, porque dicho precio es, a su vez, reflejo de la incertidumbre reinante.

-¿Tiene más sentido "bajar la cortina" y esperar que aclare?

-No. Desabastecer un mercado es el peor de los pecados. Déjeme ilustrar el punto con un ejemplo internacional. Al término de la Guerra del Yom Kippur, que tuvo lugar en 1973, los países árabes exportadores de petróleo clasificaron a los países en tres categorías: los amigos, los nada y los enemigos. A los primeros les siguieron vendiendo petróleo como antes, a los segundos no recuerdo, pero a los países enemigos les dejaron de vender. No fue una cuestión de precio sino una cuestión de disponibilidad.

-¿Y qué fue lo que ocurrió?

-Como bien explica en sus Memorias Henry Kissinger, entonces secretario de Estado de Estados Unidos, transcurridas cuatro semanas de embargo petrolero, Occidente les dijo a los países árabes que si no entregaban petróleo se lo iban a ir a buscar. Entonces, el embargo se transformó en la cuadruplicación del precio del petróleo. Y se generaron múltiples problemas, pero de naturaleza diferente que las ocasionadas por un embargo.

-No estará sugiriendo algo parecido en la Argentina de 2019.

-Obvio que no; afortunadamente el panorama de ustedes es mucho menos dramático. Pero ilustra el punto que quiero enfatizar. Cuando el comprador de algún bien encuentra que puede adquirirlo, aunque tiene que pagar más, lo lamenta hablando mal de la mamá del oferente; pero cuando encuentra que no lo puede comprar a ningún precio, se enfurece y busca otras alternativas.

-¿Como ser?

-Comprar en otro lado. Y cuando -superada la situación límite- el primer oferente pretenda recuperar los clientes que antes perdió por haberlos desabastecido, se encontrará con una cuesta muy difícil de remontar. Por eso, mi consejo a todos los oferentes es que hagan de todo para defender su posición, pero sin desabastecer.

-Don Henry, muchas gracias.

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