Es hora de que la Argentina se suba a la revolución 4.0

Gustavo Béliz
Gustavo Béliz PARA LA NACION
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25 de septiembre de 2016  

Hace medio siglo, Malcom McLean, un camionero harto de hacer cola en un puerto de Carolina del Norte, descubrió que no tenía sentido llevar la mercadería a granel en su camión, descargarla luego en el barco, volver a cargarla en el puerto de destino, para luego subirla nuevamente en un camión. Por esa razón inventó los contenedores, que en poco tiempo revolucionaron el transporte y el comercio mundial, y multiplicaron por diez el tamaño de los barcos.

Cuántos anónimos emprendedores McLeans, desde pequeños garajes y labs en toda la región, están hoy revolucionando con sus creaciones los patrones de producción y comercio mundial, convocando a reformular los clásicos esquemas de integración y negociaciones internacionales. Pensemos en las impresoras 3D (cuyo mercado se duplica cada año) que disuelven la frontera entre un bien digital y un bien físico. Con apretar la tecla de un celular se podría fabricar aditivamente una gran cantidad de bienes, desde piezas médicas hasta turbinas de aviones, sin más trámites y sin pasar por rutas, aduanas, puertos o aeropuertos. Ejemplos similares pueden obtenerse de las modernas técnicas de big data, los autos sin conductor y la inteligencia artificial.

Imaginemos el impacto formidable que tendrán para el comercio internacional en materia de leyes de propiedad, diseño industrial, estándares ambientales y laborales, reglas aduaneras, administración tributaria, planificación de la logística y almacenamiento.

Inserción

Cobra sentido, entonces, proyectar nuestra inserción en una futura integración postcontenedor. Si bien los desafíos físicos no van a desaparecer por arte de magia (la inversión en infraestructura regional hoy insume el 3,5% del PBI regional, cuando en la OECD -Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, según sus siglas en inglés- llega al 6%) es importante construir una convergencia en la diversidad de nuestras naciones, a la luz de tecnologías de cambio exponencial. Después de todo, la revolución industrial fue consecuencia de tres innovaciones que cambiaron el mundo para siempre: la máquina de vapor, la electricidad y el telégrafo. En la actualidad, esas mismas áreas donde tuvieron lugar -transporte, energía y comunicaciones- están atravesando cambios disruptivos no muy lejanos de aquellos y dando lugar a una nueva industria, la industria 4.0.

Fábricas sincronizadas, computación cognitiva, industrialización flexible, nanotecnología avanzada, sistemas ciberfísicos, neurociencias o redes energéticas inteligentes. Como toda revolución, la revolución tecnológica que tenemos delante no cambia las respuestas sino las preguntas.

¿Qué visión común podemos compartir en la región para fortalecer nuestra participación en las cadenas globales de valor, que diluye cada vez más la frontera entre bienes y servicios? ¿Cuáles son las amenazas y oportunidades que existen en terrenos tan disímiles como la invención de nuevos procesos de trazabilidad, la fabricación de carne artificial, el empleo de nuevos materiales o el surgimiento de una matriz tecnológica postpetróleo, caracterizada no sólo por la "internet de las cosas" sino por la "internet de las fábricas"? Éstos son algunos de los desafíos que analizaremos en nuestro próximo Coloquio Anual, este 5 de octubre, junto a la presencia de expertos mundiales y protagonistas locales ( http://www.iadb.org/intal/integracionregional).

Hoy apenas 42 productos de los más de 5000 disponibles en la clasificación del comercio mundial explican el 75% de las exportaciones latinoamericanas. Necesitamos encontrar una estrategia de diversificación exportadora, que permita saltar la brecha de equidad que ubica a América latina como la región más desigual del planeta. Y esto se logra integrando los sistemas tecnológicos a los sistemas productivos y educativos. Y atendiendo a la realidad de que las negociaciones comerciales superan largamente la mera discusión de aranceles. La innovación es el nuevo nombre de la integración.

El autor es director del Institutopara la Integración de América Latina y el Caribe (BID-INTAL).

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