Escuchar, co-crear y amar, las nuevas reglas del management moderno

El pensador chileno Humberto Maturana invitó a reflexionar sobre los vínculos en el mundo laboral
Paula Urien
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22 de junio de 2014  

El martes último fue un día helado en materia de temperatura, pero cálido en el workshop internacional que se vivió con Humberto Maturana y Ximena Dávila en directo, desde Chile, a través de una teleconferencia organizada por Al Grupo Humano y llamado Reconstruyendo el entramado social de las organizaciones.

"Tenemos que abrir espacios de conversación donde nos podamos encontrar", fue una de las recomendaciones de Humberto Maturana. Simple, pero efectiva. En sintonía con estos tiempos en materia de management, donde se aconseja que las organizaciones sean horizontales en vez de verticales, que las personas trabajen en equipo y que el poder de escucha sea infinito, tanto Maturana como Dávila no se cansaron de poner el foco en el factor humano de las empresas.

Humberto Maturana es un nombre que tiene peso propio en el mundo de las organizaciones. Biólogo y epistemólogo, construyó, a través del estudio de los procesos cognitivos, un puente hacia un mejor entendimiento entre las personas. Padre del coaching ontológico, es reconocido por su mirada sobre la persona fundamentada en la biología, y que se aplica para lograr mejoras en las organizaciones.

Recibido de médico en la Universidad de Chile, obtuvo su doctorado en Biología en la Universidad de Harvard y trabajó como investigador en MIT. Tiene varios libros publicados; algunos de ellos son La objetividad, un argumento para obligar (1997) y Transformación en la convivencia (1999).

En 2000 fundó, junto a la especialista en relaciones laborales Ximena Dávila, el Instituto de Formación Matríztica dedicado al análisis de la dinámica de la matriz biológica en la existencia humana.

Un día para pensar

Durante un día laboral, la Argentina, México y Chile estuvieron unidos a través de una pantalla gigante. La tecnología en este caso acerca a personas de diferentes países que, sin embargo, comparten la misma inquietud: cómo liderar exitosamente dentro de una organización.

Quizá toda la jornada se pueda resumir en una palabra: escuchar. Simple, pero complejo.

Para empezar, según los expertos, la diversidad no debería ser un problema, sino una oportunidad reflexiva y creativa. Presenta algo distinto y es bueno escucharla. "Todos los seres humanos somos hermosos en la realización de nuestro vivir. Las diferencias son motivo de reflexión para que no haya discriminación", dice Maturana.

"Estábamos trabajando en una escuela rural –cuenta Dávila–, cuando nos encontramos con una persona que nos conmovió. Aprendí con mi mamá y mi papá que había que imponerse, golpear la mesa para hacerme respetar, nos dijo. Era el jardinero de la escuela. Después del seminario, me di cuenta de que si uno escucha, si uno ve al otro, la cosa cambia. Entonces empecé a escuchar y mejoró muchísimo la relación con mi familia".

Otra conclusión de este trabajador fue "yo soy tan importante como los profesores de la escuela, porque me ocupo de que el jardín esté perfecto y este entorno hace que todos puedan estudiar mejor".

"Vivimos en una era donde están desapareciendo las jerarquías. Venimos de una cultura que confunde colaboración con obediencia, pero quienes hacen las diferentes tareas son parte de un entramado esencial", dice el experto.

Para explicar de dónde venimos, y cómo hay vivencias que nos limitan en nuestro accionar futuro, otra anécdota narrada por Dávila. "A una niña de 4 años le enseñaron el código de seguridad para entrar a su casa y le dijeron no se lo digas a nadie. Un día sus padres salieron y su niñera le pidió el código para entrar a la casa. La niña dijo que no podía dárselo, y lo puso ella, pero la niñera lo vio, y poco tiempo después robaron la casa. Los padres la retaron, aunque ella no tenía la culpa..., tenía sólo 4 años. La niña aprendió entonces a ser miedosa, insegura, a no respetarse aunque ella haya hecho lo mejor que pudo en ese momento."

Quedan entonces etiquetas que se nos imponen, que conservamos y determinan nuestro ser. Des-aprender las enseñanzas erradas de estas vivencias a veces lleva su tiempo e implica una terapia, que según Maturana es "conversar con cualquiera que amplíe tu conciencia y que te haga bien".

A la hora de hablar de la obediencia, una palabra que parece haber quedado dentro de una cultura menos avanzada, explica: "Los procesos naturales no involucran a la obediencia, que es un fenómeno cultural y humano. La persona hace lo que no quiere hacer porque otra persona se lo pide. Ese no sería el camino. Si lo hago por placer, eso es colaboración".

"¿A cuántos en la sala les dijeron que tenían que ser obedientes?", pregunta Dávila. Todos levantan la mano. "La obediencia era vista como un valor. Tiene que ver con el sometimiento. El respeto, en cambio, es distinto y surge del ejemplo, de las conversaciones. Los adolescentes de 17 años van a poder decir sí o no según el respecto que se tengan a sí mismos y a los demás, y lo mismo pasa en las organizaciones. La obediencia siempre trae consigo rencor", apunta Maturana.

Líderes o tiranos

"Los líderes que se desconectan de la comunidad duran un rato, nada más. La co-inspiración, en cambio, se da a partir de conversaciones, de un proyecto en común, no de un proyecto establecido", dice el epistemólogo.

"La historia de la humanidad muestra que los líderes políticos llevan a la tiranía. En Chile tenemos un período democrático que dura cuatro años. El fin es evitar que la autoridad administrativa se transforme en una autoridad impositiva. De eso se trata la democracia: luchar contra los sistemas autoritarios."

Finalmente, quedó una idea madre: amar, que las personas importen de verdad. ¿Quién podría no estar de acuerdo?

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