Especulación y modelo productivo

Por Roberto H. Cachanosky Para LA NACION
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16 de mayo de 2003  

En los últimos tiempos ha surgido la expresión modelo productivo y también renació el viejo slogan de la especulación financiera. Dado que hoy se está jugando el futuro de la Argentina, pero particularmente la posibilidad de que mucha gente pueda salir de la pobreza, de la miseria y de la desocupación, es importante tener presente algunos puntos sobre las dos expresiones.

Veamos primero la especulación. ¿Qué se entiende por especulación financiera y por qué se produce? Se entiende por especulación financiera el arbitraje entre dólar y tasa de interés o la compra de bonos del Estado versus el escaso interés por producir en el sector real de la economía (industria, servicios, construcción, etcétera), dado que la rentabilidad financiera puede llegar a superar ampliamente la rentabilidad operativa propia de las actividades específicas de las empresas. En otras palabras: para un fabricante de ventiladores es más negocio especular financieramente que obtener rentabilidad por fabricar y vender ventiladores.

¿Por qué la gente especula financieramente? Las mentes enfermizas ven el origen de este mal en una oscura conspiración internacional cuyo objetivo sería destruir a la Argentina. Una visión realista indica que, cuando el Estado tiene déficit fiscal, suele recurrir al endeudamiento interno para financiar sus desequilibrios. El aumento de la deuda hace crecer la tasa de interés. Como, al mismo tiempo, se suele tratar de fijar un determinado tipo de cambio, lo que ocurre es que aparece la especulación. Es decir, surgen los arbitrajistas que venden dólares para comprar pesos, colocarse a tasa de interés y obtener fenomenales rentabilidades en dólares. Así, transitoriamente, se ve bajar el tipo de cambio y aumentar los depósitos en el sistema financiero.

Al mismo tiempo, el aumento de la tasa de interés real pasiva se traduce en una tasa de interés real activa (la que los bancos les cobran a las empresas y familias), que hace imposible que el sector real de la economía pueda acceder a créditos con tasas de interés consistentes con su rentabilidad operativa.

Un doble efecto produce el financiamiento del déficit fiscal con endeudamiento. En primer lugar, hace aparecer la tan criticada especulación financiera. En segundo lugar, deja sin financiamiento al sistema productivo. El final de estas historias de arbitrar tasas versus dólar que incentivan los gobiernos para financiar sus déficit fiscales es que los arbitrajistas deciden, en un determinado momento, realizar sus ganancias y recuperar el capital. En ese momento estalla el sistema financiero, se producen corridas cambiarias y todos entran en pánico.

Primera reflexión hacia el futuro: si efectivamente se quiere combatir la especulación financiera, el Estado tiene que tener orden fiscal, no debe tratar de fijar la tasa de interés y el tipo de cambio al mismo tiempo, y mucho menos establecer controles de cambio.

La realidad es que la especulación financiera la crean los mismos gobiernos para sostener niveles de gasto público infinanciables por el sistema productivo.

El error de Alfonsín

Una visión equivocada de este tema condujo a Alfonsín a cometer el error de anunciar en la campaña electoral de 1983 que iría con los gerentes de los bancos a levantar las persianas de las fábricas.

Pero el desorden fiscal y otros gruesos errores derivaron en un fenomenal gasto cuasi fiscal, la ausencia total de crédito, la proliferación de cuevas y el festival de bonos, mientras que las persianas de las fábricas siguieron cerradas.

¿Qué se puede decir respecto del modelo productivo? Un modelo productivo es crear reglas de fuerte competencia para que los empresarios tengan que invertir para ganarse el favor de los consumidores. El otro es que el Estado les ahorre ese trabajo y restrinja la competencia por distintos mecanismos para que tengan rentas superiores a las que tendrían con libre competencia. En ese caso, el resultado son inversiones de baja calidad competitiva, sin posibilidades de exportar, y el empresariado se ve estimulado a apropiarse de esa renta extraordinaria que paga el consumidor.

Renta que luego suele girar al exterior para poner a salvo del Estado depredador porque, además, sabe que tal renta es precaria, dado que depende del capricho del funcionario de turno y no de su propia capacidad para ganar consumidores.

Así, el modelo de sustitución de importaciones, que tan bien suena hoy al oído de mucha gente, no es otra cosa que transferirles ingresos de los consumidores a unos pocos sectores empresariales. Una perfecta redistribución regresiva del ingreso. Mientras algunos políticos halagan a las masas con frases como modelo productivo, por atrás les están metiendo la mano en el bolsillo, obligándolas a pagar precios altos por productos de menor calidad.

Esto ya fue ensayado en la Argentina durante décadas, salvo algunos breves períodos de mayor competencia, y derivó en un sistema productivo incapaz de competir en el nivel internacional y con bajos grados de exportación. Nadie en su sano juicio puede estar en contra de que se aumente la producción. El punto en discusión no es ése: es cómo lograr más producción en forma eficiente.

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