Estadística versus vida cotidiana: dos miradas de cómo va la economía

Los datos muestran signos positivos, pero las mejoras no se perciben
Neil Irwin
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12 de febrero de 2017  

La percepción sobre el bienestar social definió la llegada de Trump al poder
La percepción sobre el bienestar social definió la llegada de Trump al poder Crédito: NYT

NUEVA YORK.- Si un tecnócrata mirara un tablero de indicadores oficiales para ver cómo anda la economía de los Estados Unidos, vería que el país está en un buen momento. La tasa de desempleo es baja. El producto bruto interno crece. Los sueldos avanzan más que la muy modesta inflación.

Sin embargo, si se considera el ascenso de Trump , la energía anti establishment detrás de la campaña del senador Bernie Sanders y los paralelos con la política en Gran Bretaña y otras naciones avanzadas, no se necesita de un gran salto lógico para concluir que hay algo que anda mal en la vida económica de mucha gente, algo que no ha sido registrado por los datos de los entes estadísticos.

Pero ¿qué es exactamente lo que está tan mal? Un conjunto de respuestas se reduce a esto: la economía se ha vuelto demasiado volátil e incierta. Quizá la insatisfacción es motivada por la globalización, la automatización y la declinación de la promesa implícita de los empleadores de ofrecer empleos a los trabajadores en las buenas y en las malas. Estos factores han hecho más difícil para la gente conseguir puestos de trabajo con buen salario y mantenerlos por décadas. Los altos niveles de desigualdad significan que muchos de los beneficios del crecimiento no van a los trabajadores con niveles salariales medios y bajos. Todo esto ha golpeado a la gente sin educación avanzada dejándola con la sensación de estar a la deriva y sin oportunidades, aunque las mediciones marcan que hay abundante trabajo y que las compensaciones están en alza.

Robert Johnson, presidente del Instituto para el Nuevo Pensamiento Económico, sostiene que el impacto acumulativo del cambio tecnológico acelerado y de los cambios en el mercado laboral tiene aspectos negativos que los economistas deberían registrar de modo más riguroso.

"Cuando las firmas invierten en cambios tecnológicos que causan conmoción en la estructura del empleo -dijo Johnson- sus decisiones se enfocan exclusivamente en la ganancia privada y no toman en cuenta los efectos secundarios costosos que la sociedad debe soportar. Cuando una firma pequeña adopta una nueva tecnología que desplaza a trabajadores esto puede no ser una crisis social. Cuando muchas firmas hacen esto a la vez, los cambios en la naturaleza de la producción y el empleo en todo el país se convierten en un profundo problema social."

Los economistas hablan de "externalidades negativas", lo que sucede, por ejemplo, cuando una firma contamina el aire, empeorando las cosas para los demás. Según este argumento, el cambio acelerado, cuando se da en muchos sectores a la vez, es una externalidad negativa que tenemos que tratar de registrar, en particular "cuando la inseguridad económica lleva a políticas desesperadas y extremas", dice Johnson.

Se podría sintetizar este conjunto de quejas diciendo que la economía se ha vuelto demasiado dinámica. Pero existe una teoría alternativa. Un informe del Economic Innovation Group, un centro de investigaciones financiado en gran medida por ejecutivos del área de tecnología, sugiere que el verdadero problema no es demasiado dinamismo, sino demasiado poco dinamismo. Los autores describen tendencias que han bloqueado la formación de nuevas empresas y la creación de empleo y que tienen un efecto sofocante en la economía.

Citan datos que muestran que en 1977 más del 16% de las firmas en los Estados Unidos tenían menos de un año de antigüedad, cifra que había caído a la mitad en 2014. De modo similar, las empresas nuevas han hecho menos para generar empleos que lo que hacían en otro tiempo, mientras que las firmas mayores y más antiguas son responsables por un porcentaje en ascenso de la actividad. La concentración de los mercados creció en dos tercios de los sectores entre 1998 y 2012, según el informe. Eso coincidió con un aumento constante de las ganancias corporativas como porcentaje del PBI y una declinación del porcentaje que va a salarios.

El mercado laboral se ha vuelto menos fluido. La proporción de trabajadores que cambian de empleo en un año cayó del 12% en el año 2000 al 7% en 2015. Los trabajadores son menos proclives a migrar dentro del país. En los 70, más del 3% de la población se mudaba de un estado a otro en un año; desde 2006 la cifra ha oscilado en torno del 1,5%.

Lo más llamativo es que la creación de nuevas compañías se ha concentrado en un pequeño número de áreas metropolitanas: Dallas, Houston, Los Ángeles, Miami y Nueva York. De 2010 a 2014 esas cinco regiones crearon tantas firmas nuevas en términos netos como el resto del país sumado. Si uno no vivía allí o no estaba dispuesto a mudarse a una de esas zonas, se quedaba sin suerte.

"El debate está tan totalmente dominado por la idea de que hay demasiado cambio, demasiado movimiento, demasiada conmoción- afirma John Lettieri, cofundador del grupo de innovación-. Y mucha gente lo puede sentir así. Nosotros creemos que lo que están sintiendo es una falta de creación de empresas y empleos."

Las viejas industrias siempre enfrentaron presiones de varias fuerzas. El auge de las computadoras eliminó incontables empleos de oficina entre 1960 y 1990. Nuevas tecnologías para la producción de acero volvieron obsoletas a viejas plantas en los 80. Pero en esas eras tempranas emergían rápidamente nuevas industrias y nuevos empleos para ocupar su lugar. Ahora, ese fermento empresario, salvo en unas pocas megaciudades, no se da tan rápidamente.

Las narrativas de "demasiado dinamismo" y "demasiado poco dinamismo" respecto de lo que afecta a los trabajadores tienen remedios potenciales diferentes, que atraviesan las líneas ideológicas.

Si se ve la globalización como el problema principal, podría considerar que están a la orden del día la renegociación de acuerdos comerciales y la presión a las compañías para que retengan empleos en el país, algo afín a las ideas trumpianas. Pero se puede argumentar a favor de una red de seguridad social más generosa y fondos estatales para la capacitación.

Quizá tanto los diagnósticos de demasiado dinamismo como los de poco dinamismo tengan algo de verdad. Quizá la economía realmente no funcione para muchos estadounidenses porque la globalización, la automatización y las prácticas laborales cambiantes los han arrojado a los lobos. Pero quizá también haya cambios estructurales profundos que impiden que las comunidades e individuos aprovechen las oportunidades de la economía moderna.

Como sea, tal como lo dejan en claro los eventos de 2016, los datos por sí solos pueden no decir mucho respecto de cómo ven la economía millones de personas o de lo que podría hacerse para mejorar sus vidas.

Traducción de Gabriel Zadunaisky

Por: Neil Irwin
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