Stand up corporativo. Lecciones de liderazgo para las empresas

The Economist
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14 de septiembre de 2019  

Second City es La Scala de la risa. En sus 60 años de historia el vasto club de la comedia en el norte de Chicago ha sido sede por la noche de actuaciones de Joan Rivers, John Candy, Bill Murray y otros gigantes del género. Durante el día ofrece a los postulantes a cómicos talleres donde se aprende a hacer reír a los demás. Grandes contemporáneos como Steve Carrell y Tina Fey fueron alumnos. También lo son, de modo creciente, gerentes, marketineros y mucha otra gente corporativa.

Las empresas vienen usado la comedia desde hace algún tiempo para mejorar las capacidades "blandas" de sus empleados.

El número de gerentes y ejecutivos que se inscriben en este tipo de cursos está creciendo, según Kelly Leonard, el jefe de "improvisación aplicada" del club.

Sus cómicos han trabajado con Twitter, Google y Facebook para encontrar maneras de que ingenieros de sistemas logren interactuar más fácilmente con colegas de mente menos técnica del área de ventas o de marketing. Compañías que van desde Motorola y McDonald's hasta Nike y Nissan creen que mandar ejecutivos a clases de comedia puede ayudarlos a mejorar en su trabajo cotidiano.

En respuesta a las quejas de los clientes por sus empleados capaces pero arrogantes, una consultora de management pidió a comediantes que enseñen a sus pesados sabiondos cómo ser menos repulsivos (o al menos parecerlo).

Cientos de clientes corporativos creen que las bromas pueden alentar seriamente el pensamiento lateral entre sus trabajadores y crearles el hábito de recibir con beneplácito las ideas de los demás.

Improvisación

Un ejercicio de improvisación llamado "Sí y" obliga a los participantes a aceptar -y desarrollar- cualquier sugerencia de un colega, por extraña que parezca. Las clases de improvisación se supone que son espacios seguros para tener conversaciones francas, incluso incómodas, donde la gente siente menos inhibición de decir cosas estúpidas que puedan quizás incluir algo útil.

Por su parte la gente de marketing y los anunciantes recurren a los cómicos en busca de nuevas ideas.

La rama corporativa de Second City trabajó en una campaña de marketing con Legget & Pratt, un fabricante de colchones con sede en Missouri. Farmers Insurance, una gran reaseguradora, enlistó los comediantes del club para ayudar a producir un video de capacitación que resultara atractivo para su personal.

En un taller por la tarde se reunieron varias firmas con sede en Chicago en el club para una muestra de improvisación, lo que terminó siendo un grupo de debate en el que el púbico habló de sus marcas y productos. No todo fue gracioso. Pero las risas frecuentes ayudaron a que se aflojaran las lenguas.

Otros clubes de comedia de Estados Unidos, como IO en Chicago y el teatro Upright Citizens Brigade en New York, también ofrecen servicios profesionales. Second City dice que sus actividades corporativas ya representan casi un tercio de sus ingresos anuales, que totalizan más de US$50 millones. Una suma que no hay que tomarse para la risa.

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