Exportaciones que tienen poco brillo: falta alta calidad y se buscan mercados sin exigencias

El sesgo proteccionista y la falta de inversión, entre otras cosas, impiden el desarrollo de una industria exportadora de alta complejidad; la Argentina pierde oportunidades en destinos sofisticados
Carlos Manzoni
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26 de febrero de 2012  

Angola tiene uno de los ingresos per cápita más bajos del mundo, 60% de su población es pobre y su posición en el índice de competitividad global del World Economic Forum (WEF) es la 139, sólo por encima de Burundí, Haití y Chad. Los países escandinavos, junto con Suiza, figuran en el top ten de cuanto indicador económico y de calidad de vida existe. La decisión del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, de volar el domingo próximo a la conquista del mercado angoleño es toda una señal del rumbo que sigue la Argentina en materia de exportaciones. No es la única.

Si se cruzan los datos entre los principales compradores de productos argentinos y su ubicación en el índice del WEF, probablemente el indicador de competitividad económica más utilizado en el mundo, se puede ver que la mayoría de ellos están lejos de los primeros puestos. Al mismo tiempo, aquellos mercados mundiales que mejor posicionados están en lo que respecta a competitividad reciben pocas o nulas exportaciones originadas en estas tierras.

Los resultados sirven para evaluar la calificación de la oferta exportable argentina y evidencian los grados de exigencia de los mercados a los que se llega. Claro que los destinos más desarrollados o mejor posicionados en términos de competitividad colocan un listón muy difícil de saltar para un modelo que prioriza el consumo interno, con una economía que se cierra cada vez más.

Según un análisis de la consultora especializada Desarrollo de Negocios Internacionales (DNI), Brasil, China y Chile, los tres principales mercados a los que la Argentina destina sus productos y que representan un tercio de lo que el país vende al mundo, están colocados en el índice del WEF en los puestos 53, 26 y 31, respectivamente. Esto muestra que la competitividad media de las exportaciones argentinas a los mercados cuantitativamente más relevantes no es alta.

Marcelo Elizondo, director de DNI y ex titular de la FundaciónExportAr, dice que ahora que la Argentina se quedó fuera de la competencia en materia de bajo costo (a la que se subió luego de la devaluación), se encuentra con que tampoco desarrolló capacidad para vender por diferenciación. "Por ejemplo, en cuero tiene un gran potencial, pero no le agrega valor para venderlo como calzado, camperas o carteras de alta calidad", comenta.

La mayoría de las exportaciones locales son productos manufacturados que se venden como insumo para completar la industrialización afuera, no como terminado, envasado y con marca. Por ejemplo, el aceite de soja se vende a granel y en China o Europa se mezcla con otros, que allí envasan y le ponen marca. "Obvio que tiene más valor agregado que el poroto, pero sería mucho mejor si se vendiera embotellado, en lugar de a granel", acota Elizondo.

Los vecinos sacan ventaja

No se necesita ir a Brasil, la mayor economía de la región, para comprobar cómo otros hacen bien los deberes en comercio exterior. Colombia con el café, por ejemplo, posicionó una marca como Juan Valdez, que está en la publicidad de todos los aeropuertos del mundo. Desarrolló una denominación de origen para competir por calidad. Hace treinta años, el café era sólo brasileño, ahora es también colombiano. Otro tanto hizo Perú, que impuso su gastronomía a nivel internacional.

En el caso de la carne vacuna, con la que había logrado que se instalaran parrillas "criollas" en todo el mundo, la Argentina recorrió el camino inverso: trabó las exportaciones y cortó toda posibilidad de un desarrollo de marca con valor agregado, que le hubiera permitido consolidar la aceptación que ya se había granjeado. Algo similar sucede con el cuero, reconocido como el de mayor calidad mundial, pero destruido a fuerza de prohibiciones y ahogo fiscal.

No resulta extraña así la conclusión a la que llega Marcela Cristini, especialista en comercio internacional de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL). Según la economista, luego de un primer impulso posdevaluación, el crecimiento de las exportaciones locales, que supera los dos dígitos y que a primera vista parecería muy satisfactorio, está por debajo de los principales referentes regionales.

En efecto, según FIEL, en el período 2001-2010, las exportaciones de Colombia, Uruguay, Brasil, Chile y Perú crecieron a una tasa media anual del 13,9%, 14,5%, 14,8%, 15,3% y 19,9%, respectivamente; mientras que en igual período, la tasa registrada por la Argentina fue de 11,1 por ciento. "Aquí se dio prioridad al consumo interno, con derechos de exportación y restricciones a la importación, en contraste con lo que hacen los países avanzados y en desarrollo, que siguen preocupados por su competitividad y mantienen agresividad exportadora", señala Cristini.

Esto encuentra su explicación en la matriz exportadora argentina. Raúl Ochoa, de la Fundación Standard Bank, destaca que la Argentina es muy buena en la producción de commodities, pero tiene dificultades crecientes a medida que va agregando valor. "Hay excepciones –aclara el economista–, como la maquinaria agrícola o los desarrollos de Invap. Pero lo que falta es masa crítica para llegar a mercados exigentes. Por eso tiene una concentración muy fuerte en mercados de exigencias medias."

Esta primarización de la economía coloca al país en una situación de endeblez, ya que no sólo aglomera sus ventas externas en pocos países (Brasil y China, principalmente), sino que la deja a merced de los elementos climáticos (sequías, inundaciones) y la volatilidad de los precios internacionales de las materias primas. "Además –acota Ochoa–, está el límite que pone la propia extensión de la tierra, porque se llega a un punto que ya no se puede producir más volumen con la misma superficie."

¿Qué hacer para mejorar? Está el ejemplo de Brasil, que fomentó la inversión y dio financiamiento para formar una industria exportadora de calidad, sin olvidar sus ventas de soja, carne y café. También se puede aprender del espejo de China, que a fines de los 70 empezó con las "zonas especiales", en las que se promovía la instalación de inmensas plantas con gran escala pensando en el mercado internacional. "Así llegó a vender 20% de lo que se exporta en el mundo. Mientras que aquí se promociona con excención del IVA, que sólo beneficia si se vende en el mercado interno", subraya Jorge Vasconcelos, economista de Ieral, de la Fundación Mediterránea.

El país tiene algunos sectores en los que podría apostar para hacer un arduo trabajo de posicionamiento, consolidación de marca y penetración de mercados. Según Elizondo, algunos de ellos son el frutihortícola (podría agregarse valor elaborando dulces y jugos), golosinas (se podría armar un paquete con Arcor, Lerithier, Havanna, Georgalos) o indumentaria de diseño (aquí hay diseñadores de excelencia).

Existen casos aislados de sectores, como el vitivinícola o el de software, que han hecho las cosas bien, pero debería apuntarse a que no fueran la excepción sino la regla. En el plano de empresas también hay modelos, como el de Havanna. "Es un lindo caso porque, como no podía imponer afuera el gusto por el alfajor, propio de la Argentina, desarrolló el negocio del café como mecanismo para introducir su producto estrella –relata Elizondo–. Hoy tiene más de cien cafés en todo el mundo."

Pero para multiplicar ese modelo hace falta inversión, porque el moldeado de una firma exportadora de calidad requiere capital. Aquí, el nivel de inversión es de 23 puntos del PBI, mientras en China y la India es de 41 y 32, respectivamente. También hace falta financiamiento, como el que Brasil da con el Bndes a quienes se instalan allí. Aquí, el financiamiento no existe. Así, el principal socio del Mercosur pasó de 1% del share de exportaciones mundiales a 1,5% en 20 años, mientras que la Argentina se estancó en 0,5 (con sólo llegar a 0,6, pasaría de US$ 84.000 millones por exportaciones a 160.000 millones).

Calidad de La Salada

Hay otro punto que, según Vasconcelos, juega en contra para entrar a mercados europeos sofisticados: el doble estándar de calidad. Para ingresar en esos nichos de alta competencia hay que lograr un acuerdo intraindustrial, por el cual una automotriz, por ejemplo, elige al país para fabricar una pieza que luego proveerá al resto del mundo. "Pero no somos elegibles porque no hemos puesto énfasis en marcar un estándar de alta exigencia tecnológica", explica.

Ejemplo de doble estándar son aquí los mataderos y los frigoríficos, donde los primeros funcionan en la informalidad, quitando mercado a los segundos, que cumplen con todas las normas sanitarias e impositivas. Esa empresa ilegal nunca va a poder competir internacionalmente, mientras que a la vez le impide expandirse a la que sí hace las cosas bien. "Algo similar ocurre en la industria textil, donde las firmas formales tienen que competir con La Salada", indica Vasconcelos.

No son éstos los únicos obstáculos para delinear aquí una industria de alta calidad exportadora, que pueda ingresar en mercados de nivel superior. Las trabas que impiden a las empresas agroindustriales importar insumos crean incertidumbre y hacen que nadie quiera pagar el costo de gastar un dineral en desarrollar un producto para cierto nicho, y luego no poder cumplir por falta de materiales básicos. "Así fue como se abortó lo de la carne envasada", apunta Cristini. "Pero también sucede con productos petroquímicos, porque la falta de gas impide garantizar los envíos", añade.

Está demostrado en el mundo que a los países con grandes empresas exportadoras les va mejor y que, a su vez, estas compañías tienen mayor rentabilidad y pagan mejores salarios a sus empleados. Sin embargo, el Gobierno prefiere el proteccionismo, que termina por tornar poco competitiva a su propia industria. Y cuando se asoma al exterior, ya no puede elegir venderle a Suiza. Le queda Angola.

ESCASA PRESENCIA

0,5%

Es el porcentaje que tiene la Argentina en el market share mundial de exportaciones; Brasil tiene 1,5, y China, 20%. Con sólo llegar a 0,6% se pasaría de US$ 84.000 millones a 160.000 millones.

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