Extenderían el acuerdo que congela el precio de la nafta

Sería por uno o dos meses; el Gobierno amenazó con controlar precios o subir las retenciones
Francisco Olivera
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27 de febrero de 2004  

Antes de abandonar la Secretaría de Energía, Juan José Aranguren, presidente de Shell, se despidió ayer de sus pares de Repsol YPF y Petrobras con el menos optimista de los saludos: "Arreglen esto ustedes porque se pudre", les dijo.

Fue después de la reunión con el subsecretario de Combustibles, Cristian Folgar, en la que se intentaba evitar aumentos en la nafta y el gasoil. Sin embargo, con la negociación empantanada, empezó por la noche a deslizarse una idea que, dadas las escasas posibilidades y la urgencia por renovar un acuerdo que vence el lunes, se expondrá hoy, a las 12, en una reunión entre productores: postergar por uno o dos meses, tal como está, el convenio que congela los precios, y volver a discutir los aumentos en abril o mayo.

Después sí, dicen los petroleros, se concretará finalmente el demorado incremento del 3% en la nafta y en el gasoil, que trascendió hace dos semanas y que la intervención del Gobierno lograría abortar. Tanto Shell como Esso (refinadoras), las más urgidas por aumentar, aceptarían una postergación de un mes sin tocar los precios. Y es muy posible que los productores -Repsol YPF, Petrobras, Total, Pan American Energy, Chevron, Tecpetrol, Pluspetrol- coincidan en las próximas horas, adelantaron ayer a LA NACION fuentes de esas compañías.

Tras sucesivas postergaciones del acuerdo desde hace dos años, se está hoy frente a una negociación más compleja. Nunca Shell y Esso, las más interesadas en recomponer su rentabilidad, se mostraron tan inflexibles. La razón puede encontrarse en que, por primera vez, las refinadoras advierten en el contexto un elemento de presión indirecta: descuentan que cualquier intento propio por aumentar los precios podría generar en el Gobierno la intención de subir las retenciones a las exportaciones como represalia, algo que perjudica, más que a nadie, a los productores.

"Nosotros subimos los precios. Alguien tiene que tomar esa decisión", habían dicho en Shell a principios de esta semana, al ver lejos las soluciones. Desde Repsol YPF intentaron convencerlos de que habría mejores alternativas. "Si ustedes no ceden, nosotros tampoco: nos plantamos en que el barril no va costar 28,5 dólares, sino 30". El argumento no logró templar los ánimos en la firma angloholandesa.

Santa Cruz, en la discusión

El Gobierno ya ha expuesto sus advertencias sobre la mesa. Si hay aumentos, sea quien fuere que los aplique, habrá control de precios o retenciones más altas, les advirtió. Esta amenaza divide a los empresarios: los refinadores piensan que no hay margen para control de precios mientras se negocia con el Fondo Monetario Internacional y que la salida será subir los impuestos. Los productores creen que un impuestazo es más difícil porque haría caer los ingresos en las provincias por menores regalías.

A nadie se le escapa que la provincia de origen del presidente Kirchner, Santa Cruz, es la segunda más importante del país en la producción de crudo. Así, la negociación por el precio de la nafta y el gasoil encontró actores inesperados: los gobiernos provinciales que viven, fundamentalmente, de los ingresos petroleros.

La discusión, que promete ser larga y exceder los plazos del lunes, dio en las últimas horas pie para multiplicar las opciones en busca de una solución. "Estoy harto de buscar alternativas y que ninguna dé resultado porque el Gobierno no avanzó nada en este tema", dijo un representante de los productores.

También para mejorar la retórica. Por ejemplo, los refinadores repiten una metáfora que, suponen, endulzará los oídos oficiales: "Este acuerdo es como la convertibilidad -dicen-. Hay que salir ordenadamente porque, de lo contrario, va a explotar como explotó aquélla".

Argumentos aparte, todos los petroleros coinciden en que los precios, más tarde o más temprano, deberán aumentar. Hablan de un 3% en promedio para la nafta y el gasoil. "El disparate es no subir. Pero estamos así. Ya no sólo no seguimos el mercado y regulamos los precios: ahora tampoco cumplimos con el acuerdo que firmamos en enero, y que contemplaba alzas si el crudo subía", se quejó un productor.

Ayer, el barril cotizó a 35,38 dólares, un valor que ningún analista esperaba meses atrás, cuando se firmaron los acuerdos. Sin Saddam Hussein en Irak ni conflictos en Nigeria, la sospecha es que ese nivel se mantendrá por bastante tiempo.

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