Facturas truchas: surgen más datos de un asesor de De Vido

El índice general aumentó un 8,87 por ciento, al pasar de 7,794 a 8,485 pesos por kilo
Hugo Alconada Mon
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12 de octubre de 2011  

Sin levantar polvareda, la Justicia avanza sobre los presuntos vínculos que unen al entorno directo del ministro de Planificación Federal, Julio De Vido, con la mayor red de emisoras de facturas truchas del país, según consta en documentos a los que accedió La Nacion.

La pesquisa abarca, por un lado, al jefe del Gabinete de Asesores del Ministerio, José María Caula, quien es uno de los mayores amigos de De Vido desde sus tiempos compartidos en el colegio secundario. Y, por el otro, a Diego Evaristo Díaz Bonilla, identificado como "Dios" por una involucrada en la megacausa "Viazzo" de facturas apócrifas.

El vínculo entre ambos quedó expuesto en las agendas y otras constancias que la Justicia en lo Penal Económico retiró del estudio contable de Díaz Bonilla. El allanamiento ocurrió años atrás, pero los documentos quedaron resguardados sin que salieran a la luz mientras continuaba la pesquisa, que ya incluyó el envío a la instancia oral de un tramo de la "usina".

En esa línea, el Tribunal N° 3 en lo Penal Económico -el mismo que absolvió al ex presidente Carlos Menem en la causa "Armas"- dio los primeros pasos para juzgar a la esposa del "panadero" Roberto Viazzo, Silvia Noemí Hernández, y un puñado de colaboradores, en la presunta evasión por más de $ 600 millones con empresas de primera línea.

La lista completa abarca a compañías de servicios públicos, como Telecom Argentina y Aguas Argentinas; Metrovías, de Benito Roggio, y TEBA. También, Ledesma, Gotti y Palma -vinculadas a Lázaro Báez-, OCA, Casino de Buenos Aires (bajo control español antes del ingreso del empresario patagónico Cristóbal López), Boldt, Southern Winds, Atanor, Ciccone Calcográfica, los bancos de San Juan y Columbia. También, Siemens, los supermercados Coto y Disco, y la pesquera Conarpesa.

Ajeno a la instancia oral, sin embargo, la revisión de los archivos aportó múltiples e inesperados hallazgos sobre Díaz Bonilla. Entre ellos, constancias de sus pagos a Caula por hasta 10.000 pesos. También, anotaciones manuscritas por las secretarias del estudio, Mercedes Etcheverry ("Mechi") y Dolores Fernández Penillas ("Loli"), sobre las carpetas y "recibos" que iban y venían entre ese funcionario y algunas empresas vinculadas al caso Skanska.

La Nacion consultó al Ministerio sobre esas y otras evidencias hasta ahora desconocidas, como las tarjetas oficiales de presentación de Caula y del propio De Vido que se decomisaron en el estudio de Díaz Bonillaw durante el allanamiento, lo que fue relativizado por los voceros.

"Las tarjetas terminan apareciendo en cualquier lado y cualquiera dice que conoce al ministro", planteó uno de sus voceros, quien indicó que consultaría sobre los otros documentos hallados y el supuesto vínculo entre Caula y Díaz Bonilla. Al cierre de esta edición no había respondido.

Díaz Bonilla, por el contrario, confirmó la veracidad de esos pagos. Los calificó del fruto de su labor como "intermediario" o "lobbista" entre los funcionarios abocados a la "obra pública" y las empresas interesadas en conseguir negocios.

"Es parte de una gestión comercial, en la que yo acerco las dos puntas y ganó una moneda por ese trabajo de lobby. Nada más", dijo a La Nacion. "A Caula lo conozco hace 30 años, y dentro del Ministerio es lo más cercano a la Virgen María; como máximo ese dinero fue un «reconocimiento» a él por haberme abierto las puertas", argumentó.

De Caula a Skanska

Los pagos a Caula figuran junto a cientos de anotaciones de las dos secretarias de Díaz Bonilla, cuyas copias obtuvo La Nacion. De allí surge, por ejemplo, la llamada de Caula para que le enviaran por fax -al mismo número telefónico del Ministerio que figura en su tarjeta oficial- los "datos de Inargind".

Esa empresa y su titular, Danimiro Alejandro Kovacic, quedaron bajo la lupa de los investigadores judiciales en otra causa sensible para el poder político: Skanska.

A mediados de 2007, por ejemplo, el juez Javier López Biscayart acusó a Kovacic de "haber intervenido en la ocultación de ingresos y débitos fiscales" de Inargind, así como por la "deducción de erogaciones y créditos fiscales originados por servicios que la empresa no habría recibido". Es decir, subfacturar y abultar sus gastos para así generar fondos negros.

La propia Skanska, además, identificó a Inargind como una de las 23 empresas a las que les pagó por servicios inexistentes. Más aún, la constructora admitió que esa maniobra tenía por fin ocultar el pago de sobornos para la construcción de los gasoductos del Norte y del Sur.

Otra anotación de las secretarias para otro colaborador, Joaquín, expone otra empresa en la que Díaz Bonilla intermedió, "MMB", una constructora cuyo rostro visible es María de las Mercedes Boverini. "Va a venir el Sr. Aldacur a traerte un recibo oficial de la Sra. Boverini, no bien lo tengas, lo llamás al Sr. Caula y le avisas que ya tenés el recibo y que lo pase a buscar cuando quiera."

Ante la consulta de La Nacion, Díaz Bonilla negó todo vínculo con las "panaderías" de facturas truchas del todavía prófugo Roberto Viazzo y el ya fallecido Osvaldo Díaz de Vivar. También minimizó sus vínculos con Caula y De Vido. "Yo no soy un hampón -destacó-. No me parece que esté mal darle una mano a un empresario amigo y llevarme una guita por la gestión."

UNA TARJETA LLAMATIVA

Ajada y algo amarillenta, la tarjeta de presentación que utilizó Diego Díaz Bonilla a principios de los ?90, y a la que accedió La Nacion, resulta llamativa. Entre otros motivos, porque arriba de los datos sobre su domicilio comercial -que aún mantiene-, en la calle Tucumán al 500, aparece grabado el escudo argentino y, a la izquierda, una referencia laboral peculiar: "Central de Reunión - Inteligencia Militar". Es decir, la unidad del Ejército Argentino que continuó con las tareas de inteligencia que durante la última dictadura concentró el Batallón 601. En el reverso de la tarjeta, el "asesor financiero" imprimió su sello de contador por la UBA, con su matrícula profesional.

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