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FMI. Tres giros millonarios ayudarán a mantener la paz con el dólar en la campaña

Rafael Mathus Ruiz
Rafael Mathus Ruiz LA NACION
El Gobierno contará con un colchón de US$21.000 millones en las vísperas de las elecciones; servirán para despejar dudas sobre la capacidad de pago del país y enfrentar al dólar desde una posición de menor debilidad.
El Gobierno contará con un colchón de US$21.000 millones en las vísperas de las elecciones; servirán para despejar dudas sobre la capacidad de pago del país y enfrentar al dólar desde una posición de menor debilidad. Crédito: GETTY IMAGES
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14 de marzo de 2019  • 09:48

WASHINGTON.- El Fondo Monetario Internacional ( FMI ) se apresta a liberar, antes de fin de mes, unos US$ 10.800 millones a la Argentina, el desembolso más importante de este año y el segundo entre los más altos de todo el acuerdo stand-by firmado el año anterior, que caduca en 2021. Antes de las elecciones habrá otros dos giros, en junio y septiembre, por unos 5400 millones de dólares cada uno.

Con esos tres desembolsos, el Gobierno podrá contar con un "colchón" de más de 21.000 millones de dólares antes de las elecciones, vital para el presupuesto y para mantener la paz cambiaria durante la campaña. A eso se sumarán los dólares de la cosecha.

La estabilidad del dólar, interpretan aquí entre quienes siguen a la Argentina, ha devenido en la principal obsesión económica de la Casa Rosada hasta las elecciones, aun a costa de una mayor recesión. Con escasas perspectivas de una mejora palpable en el crecimiento o la inflación antes de octubre, la prioridad es evitar otro derrape. En el Gobierno se recuestan en el FondoPara esa estrategia -política, más que económica-, los dólares del Fondo son claves.

Hay, sin embargo, una barrera "técnica" para que el Tesoro controle el tipo de cambio. El Tesoro debe utilizar los dólares del FMI para el presupuesto y la deuda. No puede intervenir en el mercado cambiario. Esa función es potestad exclusiva del Banco Central, y así está escrito en el acuerdo con el FMI. Los bancos públicos tampoco pueden intervenir.

El Tesoro, debe, sin embargo, vender los dólares del Fondo para pagar gastos en pesos. El esquema bajo el cual se venderán esos dólares está cerrado -Roberto Cardarelli lo pulió durante su última misión en Buenos Aires- y se anunciará, casi con certeza, en el próximo staff report del FMI sobre la Argentina, que se conocerá cuando el board apruebe el próximo desembolso, antes de fin de mes. El Gobierno ya adelantó que seguramente habrá un sistema de subastas diarias.

Una vez recibidos los tres giros antes de las elecciones, el Fondo ya le habrá dado a la Argentina durante el gobierno de Mauricio Macri unos 50.000 millones de dólares, casi todo el préstamo previsto en el acuerdo stand-by. Eso, aun antes de que el Gobierno demuestre que llegó al "déficit cero".

Nadie aquí prevé que el giro de este mes, o los desembolsos de junio o septiembre estén en riesgo, y menos aún que este año sea necesario discutir con el Fondo un "waiver" -una exención de una meta del programa-, salvo algún imprevisto mediante. Todos los giros deben pasar, primero, por el filtro burocrático del board. Pero, para que ello ocurra, lo más importante es el cumplimiento de las metas del programa.

Para el giro de junio, el Gobierno debe alcanzar un superávit fiscal primario de $ 6000 millones al cierre del primer trimestre; para el giro de septiembre, un excedente de $ 40.000 millones a fines del primer semestre, según el acuerdo. En enero, el Gobierno ya consiguió un superávit primario de casi $ 17.000 millones. La recaudación se ha movido dentro de las proyecciones del acuerdo.

El Gobierno recién tiene que mostrarle al Fondo que cumplió con esa meta a principios de 2020, cuando Cardarelli viaje seguramente a Buenos Aires a verificar el cierre fiscal de este año. El Gobierno puede incluso pasarse de esa meta, recurrir al margen ya previsto en el acuerdo de $ 37.000 millones para gastos sociales, alrededor de un 0,4% del producto bruto interno (PBI).

Claro que, ya para ese entonces, Cardarelli bien puede toparse con un gobierno nuevo, y otra renegociación en puerta.

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