Ganar el Mundial, perder por goleada

Jorge Oviedo
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19 de mayo de 2014  

Las apuestas deportivas no son aún legales en la Argentina, aunque en la AFA y en sectores del juego hay gran interés porque se permitan en el fútbol, por las ganancias que permitirían obtener. Cristina Kirchner es una pionera de las apuestas políticas, desde que estatizó, con grandes subsidios, las transmisiones de los partidos más importantes con el Fútbol Para Todos , apoyó a Hinchadas Unidas Argentinas e hizo un acto partidario del burocrático trámite de presentación de las lista provisional de 30 jugadores para competir en Brasil.

Jorge Capitanich fue el encargado de revelar las ensoñaciones gubernamentales: "Durante este tiempo, en la Argentina no se hablará de otra cosa", dijo, ilusionándose con que desaparezcan del debate público la inflación, la recesión, los problemas de empleo y los fantasmas de una nueva devaluación.

No es el primer gobierno que piensa así. La junta militar de Videla, Massera y Agosti creyó lo mismo en 1978. El triunfo del seleccionado calmaría todos los debates. Es un espejismo. En 2010, España se quedó con la copa en Sudáfrica. Para fines de año, el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero anunciaba el final de la recesión, pero el desempleo se mantenía altísimo, en torno al 20%. Un año y medio después, el socialismo perdió las elecciones y el gobierno a manos del Partido Popular.

En 1978, apenas ganada la Copa, se vio que los controles de precios y salarios que regían desde 1976 ya no funcionaban. Las medidas ortodoxas de control monetario tuvieron un efecto pocas veces visto: que las tasas de interés fueran superiores a la inflación. Para Roberto Cortés Conde, allí comenzó el distanciamiento de los empresarios con la línea económica. El historiador dice que muchos se habían acostumbrado a créditos con tasas inferiores a la inflación, que en la práctica eran un subsidio. El encarecimiento de la tasa de interés -razona Cortés Conde- tuvo un fuerte impacto en la industria, que bajó la producción; en 1978 hubo recesión.

Para evitar la pérdida de competitividad, apareció la famosa "tablita", es decir, una devaluación programada, gradual y conocida ( crawling peg). Pero con una inflación que crecía más que la tasa de devaluación, hubo una fuerte apreciación del peso. Todo lo importado era mucho más barato que lo nacional. Fue la llamada "plata dulce".

El economista Luis Secco dice de la situación actual: "A no sorprenderse por los vaivenes en el mercado cambiario. Serán una constante. Nada que haga el Banco Central en soledad resistirá el descontrol fiscal actual". Algo parecido a la situación sobre el final de la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz. Las tasas altas pueden, además, estimular la "bicicleta financiera", profundizar la recesión y ni siquiera así detener la inflación y la inestabilidad cambiaria. Secco mostró cómo en abril, mientras cerealeras y aceiteras liquidaron poco más de US$ 3200 millones de exportaciones, las reservas del Central aumentaron sólo algo más de US$ 1300 millones.

Los problemas en el empleo comienzan a preocupar a Cristina Kirchner. Axel Kicillof hizo a las automotrices la misma propuesta que hizo hace dos meses a los fabricantes de motos: ayuda a cambio de que bajen los precios. "Nos dicen que si nos decidimos a perder plata, ellos nos ayudan", ironizan los fabricantes de vehículos.

Ahora Kicillof promete actualizaciones en los precios de los autos alcanzados por el impuestazo, a las que se negó a fines de 2013. Con el irrestricto apoyo de Capitanich, aplicó una política que tiene exactamente las nefastas consecuencias que le advirtieron. Ahora parece haber tomado nota de que ni siquiera ganar el Mundial puede salvar a un gobierno si la desocupación crece. Está tratando de compensar los goles en contra que hizo apenas lo pusieron de titular.

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