Ginebras, gominas y telégrafo: historias de un estudio jurídico activo desde 1869

Jorge Otamendi, Agustina Martínez Estrada, Martín Guerrico y Alejandro Breuer Moreno; en los retratos de atrás se ve al fundador, Gustav Breuer (en el medio), Pedro Alberto Breuer (izquierda) y Pedro Carlos Breuer Moreno (derecha)
Jorge Otamendi, Agustina Martínez Estrada, Martín Guerrico y Alejandro Breuer Moreno; en los retratos de atrás se ve al fundador, Gustav Breuer (en el medio), Pedro Alberto Breuer (izquierda) y Pedro Carlos Breuer Moreno (derecha) Crédito: Ignacio Sánchez
G. Breuer, fundado por el alemán Gustav Breuer y dedicado a marcas y patentes, trabajó en los primeros registros que hubo en el país; participó de la vida académica y de la redacción de leyes
Carlos Manzoni
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28 de julio de 2019  

El joven Gustav Breuer nunca lo había imaginado siquiera, pero al llegar a la Argentina en un vapor proveniente de su Alemania natal y al empezar, tiempo después, a trabajar en la protección de marcas y patentes, sentó la piedra fundacional de un estudio jurídico que se convirtió en sinónimo de esa temática y que este año celebra su 150° aniversario. ¿Su nombre? G. Breuer.

Hace unos años, los actuales miembros del estudio encontraron un papel sepia que representa el "acta de nacimiento" de G. Breuer, el estudio más antiguo del país: se trata de un poder para tramitar un expediente de patentes, otorgado a Gustav el 10 de marzo de 1869. Los apellidos de los examinadores que estamparon su firma allí sonarían fuerte en la historia argentina: Mario Tomás Perón, padre de Juan Domingo Perón, y Carlos Enrique Pellegrini, padre de Carlos Pellegrini.

Pero la historia del fundador había empezado unos años antes, en la ciudad alemana de Solingen, donde nació en 1832. Hijo de un pastor protestante y de una madre católica, Gustav tenía 6 hermanos y pertenecía a una familia que desde la Edad Media portaba una gran tradición entre los gremios de artesanos. A mitad del siglo XIX emigró a la Argentina y en 1857 se casó con Eladia Mariño Barrios.

El estudio que Gustav fundó, dedicado a la defensa de los derechos de la propiedad industrial (hace juicios, trámites, contratos y asesoramiento sobre esta temática), tuvo entre sus clientes a cinco de las primeras 30 marcas registradas en el país: agua florida Fuente, ginebra Llave (de Peters), licor de menta Peters, ginebra Ancla Chica (Peters), ginebra Ancla Grande (Peters) y anisado Ancla (Peters), todas anotadas el 10 de marzo de 1877. Algunas, como Peters, siguen aún en la cartera de G. Breuer.

Por supuesto, no son las únicas que han pasado por el estudio o que aún siguen como clientas. Algunas otras son: Alpargatas, Shell, Fernet Branca, Lux, Pasta Vasenol, Chartreuse (licor), Pirelli, Canale, Kiwi (pomada para zapatos), Brancato (gomina), Chesterfield, Mitsubishi y Lacoste.

Según comenta Jorge Otamendi, socio de G. Breuer y quinta generación en la firma (es tataranieto de Gustav), su portfolio es extenso. "Tenemos un volumen de clientes y de marcas muy amplio y diverso: desde un supermercado como Cencosud, hasta una empresa de gaseosas como Pepsi, pasando por una de cosméticos como L'Oréal ", señala.

La impronta familiar ha estado presente en estos 150 años. El fundador murió en 1904 y lo heredaron sus dos hijos, Gustavo Martín y Pedro Alberto (bisabuelo de Jorge). Finalmente, este compra la parte a su hermano y se queda al frente, junto con su hijo Pedro Carlos, que asume la dirección cuando muere su padre. Pedro Carlos tiene a su vez cuatro hijos (un varón y tres mujeres), así que con el tiempo su hijo, ya abogado, y sus tres yernos (dos abogados y un ingeniero) se suman a la firma. Luego ingresa la quinta generación, que es la que dirige actualmente y que la integran el propio Jorge, Martín Guerrico, Alejandro Breuer Moreno y Pedro Breuer Moreno. "Y ya hay en el estudio miembros de la sexta generación: Agustina Martínez Estrada, Ramiro Guerrico y Magdalena Otamendi", subraya Jorge.

Crédito: Ignacio Sánchez

Entre los casos destacables del estudio en el rubro de patentes, Jorge rescata dos de 1901: el trámite de patente para el perfeccionamiento de la telegrafía sin hilos, pedido por un tal? Guglielmo Marconi (sí, el inventor de la radio), y la solicitud de protección de un producto alimenticio efectuada por un tal? John H. Kellogg. "Además, ese año llegó un inventor local que quería patentar su producto en Turquía y otro que pidió patentar un carro pregonero automático, que incluía un megáfono y espacio para carteles", señala Jorge, que este año también cumple años en la firma (50).

En tanto, en lo que se refiere a litigios por temas de marcas, Jorge rescata tres leading case. El primero es de la década del 40 y se conoció como "La vaca que ríe". Alguien registró acá esa marca, con el mismo dibujo que la original francesa, "La vache qui rit", y adujo que no estaba en infracción porque ya habían pasado los 10 años de prescripción. "Ahí, en defensa de la original, logramos que se aplicara el principio de que cuando hay mala fe no hay prescripción. Pero ¿cómo se probaba la mala fe? Conforme a nuestro argumento, quedó sentada la doctrina de que es nula toda marca registrada por aquel que conocía o debía conocer que la marca pertenecía a un tercero", relata Jorge.

Los otros dos casos son más cercanos en el tiempo. En los 80, Burger King reclamó porque Pumper Nic había lanzado un logo muy similar al suyo y G. Breuer logró que en la Corte Suprema se reconociera su reclamo y se prohibiera a la demandada usar ese logo. En tanto, en el caso de Christian Dior y Mampar (1986), esta última había empezado a vender mamparas de baño con la marca francesa. "Acá, lo interesante fue que Christian Dior no tenía marca en el rubro mamparas de baño, pero igual se decidió que tampoco se podía aprovechar del prestigio y el nombre de otro", comenta Jorge.

En patentes hubo menos casos resonantes, pero también se puede encontrar uno. Resulta que hace diez años Laboratorios Merial tuvo un problema con un producto que se rociaba sobre los perros y les repelía los piojos. La cuestión era que el que copiaba ese producto pedía la nulidad de la patente, aduciendo que eso era un producto farmacéutico. "Nosotros decíamos que eso no era así, porque el hecho de prevenir que el animal tenga un bicho no transforma eso en un producto farmacéutico. Eso lo ganamos en la Corte", cuenta Jorge.

G. Breuer, que representa a clientes de todas las industrias y provenientes de los cinco continentes, también ha tenido mucha actuación académica y ha participado en la redacción de leyes. "Por ejemplo, para la ley de marcas anterior a la actual fueron consultados Pedro Alberto y Gustavo Breuer, algo de lo que se dejó constancia durante su tratamiento en el Congreso", recuerda Jorge.

La gran preocupación del estudio, enfatiza Jorge, ha sido siempre que el país tuviera la mejor legislación y jurisprudencia posibles en todas las áreas de propiedad industrial. En ese aspecto, hoy tienen un gran desafío en el tema de los medicamentos. "Si bien en 1995 se sancionó la nueva ley de patentes y se adoptó la protección, en 2011 se sacó una resolución conjunta del Ministerio de Industria, el Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de la Propiedad Industrial [INPI], donde se prohíbe la patentabilidad de determinados productos farmacéuticos, que son los más importantes. Contra eso estoy peleando, pidiendo su derogación, desde hace años".

Otro gran tema, destaca Jorge, es la adopción del Tratado de Cooperación en Materia de Patentes (PCT, según sus siglas en inglés), del que ya forman parte 152 países. "Hoy, el problema que sufren los inventores es que tienen solo un año desde que se presentan acá para presentarse afuera y, pasado ese plazo, pierden la oportunidad. Aquí aún hay grandes inventores, pero en un año no tienen tiempo de conseguir inversiones, entonces se frustran y abandonan. Con el PCT, el plazo se les extendería a 30 meses, mientras que en el ínterin una oficina ya va haciendo un análisis preliminar de la patente", explica Jorge.

Por todo esto, se lamenta Jorge, la Argentina ha retrocedido en cuestión de patentes. "Ahora se presentan menos que en los 80. Acá había una tradición de protección, por eso éramos lo que éramos: la gente inventaba, presentaba, se protegía. Hoy se presentan solo 4000 solicitudes por año, mientras que en Brasil se presentan 40.000, en Alemania 600.000 y en China, 1,5 millones", dice el letrado.

¡Qué lejos estaba de imaginar estas cifras y problemáticas aquel joven Gustav Breuer! Él venía a perseguir sus sueños en estas tierras y terminó por fundar un estudio que hoy, con la mirada en el futuro, festeja sus 150 años de vida.

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