Gran disparidad de precios en el comienzo de 2020

Néstor O. Scibona
Néstor O. Scibona LA NACION
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1 de febrero de 2020  

Créase o no, hay algunos precios que bajaron -y bastante- a lo largo de enero con respecto a diciembre de 2019. Pero el rasgo distintivo del mes que acaba de concluir no es ese, sino la amplia disparidad entre productos similares de consumo masivo, sin considerar las habituales ofertas por cantidad que ofrecen las grandes cadenas de supermercados. Las diferencias van desde 25% hasta casi 80% y convierten a muchos consumidores -incluso con la ayuda de apps específicas- en rastreadores de oportunidades tanto en las mismas góndolas como en distintos tipos de comercios.

El efecto de arrastre que dejó la inflación de diciembre (3,7%) hace que varias consultoras privadas estimen para enero una suba no inferior a 3% o quizás algo superior. El motivo es que muchos precios cerraron 2019 con un "colchón" preventivo -ya sea ante la expectativa de un congelamiento y/o de un boom de consumo en las fiestas de fin de año, que finalmente no se produjeron- y la desaceleración posterior fue muy paulatina y heterogénea, pese al ancla del dólar oficial y los combustibles. A esto se suma que la reimplantación del IVA en los alimentos de la canasta básica (excepto leche en sachet) agregó entre 7 y 10% a buena parte de los precios desgravados transitoriamente hasta fin de año. Un efecto similar podría producirse entre febrero y marzo en las provincias que aumenten Ingresos Brutos tras la suspensión del Pacto Fiscal de 2017, ya con media sanción en Diputados. A la hora de recaudar, el Estado suele pasar por alto el deterioro del poder adquisitivo y el aumento del "premio" por evadir impuestos.

Aun así, en la última semana de enero arrojó un resultado sorprendente el relevamiento de precios en góndola que realiza esta columna en la misma sucursal porteña de una cadena de supermercados: por primera vez en casi dos años el ticket registró un retroceso, al totalizar $5245 y mostrar una caída de nada menos que 21,4% frente a los $ 6680 de fin de diciembre.

Si bien se trata de una muestra extremadamente acotada (una canasta fija de 30 alimentos envasados y frescos, bebidas sin alcohol y artículos de limpieza), su desagregación revela que las mayores bajas de precios se produjeron en los rubros que más habían aumentado antes de las fiestas de fin de año. Por ejemplo, las supremas de pollo pasaron de $348 a $189 el kilo (-45,7%); pata-muslo, de $139 a $ 99,99 (-28%), y queso rallado en potes de $950 a $699 (-26,4%). Un caso especial es el del jamón cocido, que se consigue a $164 el kilo cuando a fin de diciembre la única marca disponible costaba $ 833. Este descenso de -80% es relativo ya que la variedad más cara todavía se mantiene en góndola y muestra la magnitud de la disparidad de precios en productos de calidad comparable. Otro tanto ocurre con el queso de máquina, que bajó -38% (de $650 a $398) con marcas diferentes.

Fuente: LA NACION

También hubo retrocesos en milanesa de cuadrada (-20,5%); algunas variedades de fideos guiseros (-35%); suavizante para ropa (-8,3%) y amargo serrano (-4,2%), en tanto que otros nueve rubros mantuvieron los mismos precios de diciembre. Esta combinación de precios en baja y estables contrarrestó las subas en otros ocho productos; entre ellos, leche para bebés (20%); papas (35%); lomo premium (8,4%); azúcar (8%); yerba mate (6,7%) y agua mineral (4,8%).

En estos tres últimos casos, las marcas no fueron incluidas en el actual Programa de Precios Cuidados (PPC), que, en la práctica, acentuó notoriamente algunas disparidades. Por citar dos ejemplos, Coca Cola incluyó a $82 su gaseosa original en el nuevo envase de 1,25 litros, a la vez que fuera del programa su variedad light de 1,75 se vende a $108 y en los autoservicios ofrece botellas retornables de un litro a $50. En agua mineral, la disparidad se verifica entre distintas marcas. La única incluida en el PPC es Sierra de los Padres en envase de litro y medio a $41, en tanto que Eco de los Andes aparece en las góndolas a $64,50 y Villavicencio a $74,35. Más amplia es la diferencia de precios en los bidones de 6,3 litros, que van de $90 (Sierra de los Padres) a $200 (Villa del Sur).

A menos de un mes de su relanzamiento, reducido a 311 productos pero con marcas de mayor venta, el PPC está cumpliendo con el objetivo oficial de establecer precios de referencia para otros similares de cada segmento, dentro y fuera de las cadenas de supermercados. Un informe del Centro CEPA, afín al kirchnerismo, indica que el programa acordado en enero amplió a 40% del total la proporción de primeras marcas (frente al 19% en noviembre y al 28% hace un año) y que la actual canasta incluye ahora 91 productos de almacén, 56 lácteos, 9 panificados, 10 bebidas alcohólicas, 16 sin alcohol, 10 cortes de carne y embutidos y 5 frutas y verduras, con una participación de 63% de alimentos y bebidas.

Sin embargo, tampoco es para sobredimensionar sus alcances como suele hacerlo el oficialismo. Por un lado, este conjunto es apenas una partícula representativa del amplio universo de miles de precios y presentaciones en los artículos de consumo masivo. Por otro, los valores de muchos productos alimenticios debieron ser ajustados antes de entrar en vigor a raíz del traslado parcial del IVA (el resto es absorbido por las empresas). Según CEPA, el aumento promedio de los 75 productos preexistentes fue del orden de 13%, mientras que en los recientemente incorporados (toallas femeninas, desodorantes, pañales, productos para el cabello y galletitas dulces) hubo una reducción promedio de 8%.

De ahí que resulte contradictorio que el propio presidente Alberto Fernández haya pedido días atrás políticas de control para que los empresarios "dejen de jugar con los precios de la canasta". Esta advertencia parece desconocer, además de la alta carga impositiva, la estrategia de algunas compañías de ofrecer opciones a los consumidores que buscan los precios más bajos y también a los que se mantienen fieles a marcas o presentaciones más caras, pero demoran sus compras hasta que bajen a través de las periódicas promociones compartidas entre fabricantes y supermercadistas.

No es la única contradicción oficial. El Gobierno celebró la incorporación de empresas líderes a la lista de Precios Cuidados y, en especial, de Coca Cola como antítesis de marcas poco conocidas ("Pindonga y Cuchuflito" las satirizó Cristina Kirchner en la campaña). Pero, tras la advertencia presidencial, incluyó en el temario de sesiones extraordinarias del Senado a la controvertida ley de góndolas, con media sanción en Diputados. De ser aprobada, les restringirá espacio de exhibición en las 13 grandes cadenas de súper e hipermercados con más de 50 sucursales, que representan algo menos de 30% de las ventas totales de productos de consumo masivo y operan totalmente en blanco, a diferencia de otros autoservicios y pequeños comercios.

El texto prevé que ninguna marca individual o de una misma empresa o grupo económico podrá disponer más del 40% del espacio de góndola destinado a una misma categoría en el primer año de vigencia y de 30% en el segundo, además de obligar a los supermercados a contar con un mínimo de cinco proveedores por producto y prohibir el alquiler de espacios preferenciales (puntas). Paralelamente, deberán garantizar un 25% para la exhibición de productos de micro y pequeñas empresas nacionales y un 5% adicional para los originados por la agricultura familiar, campesina e indígena y los sectores de la economía popular.

Esta iniciativa, impulsada hace un tiempo por Elisa Carrió y retomada por Sergio Massa, es uno de los típicos intentos políticos de atacar los efectos antes que las múltiples y complejas causas de la alta inflación. Las compañías afectadas creen que no provocará bajas sino subas de precios, ya que no son tantas las pymes que estarían en condiciones de garantizar una escala de producción, logística y distribución que evite problemas de abastecimiento y mayores costos. Otro efecto colateral es que, ante la reducción de los volúmenes de entregas, las grandes empresas podrían prescindir de miles de repositores propios que emplean diariamente para asegurar que no falten productos en las góndolas.

Tampoco está claro el tratamiento de los productos de marca propia, que por lo general son provistos por pymes y con los cuales los supermercados buscan ampliar su participación en las ventas. Sin ir más lejos, la cadena Carrefour acaba de reeditar su campaña promocional "precios corajudos", que incluye a 1300 productos. El coraje reside en mantenerlos sin cambios hasta el 30 de abril, pese a la incertidumbre macroeconómica supeditada al resultado de la reestructuración de la deuda externa.

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