Deuda. Para los economistas, el Gobierno endureció el discurso, pero mantiene una posición débil

Para los economistas, la exposición del ministro de Economía ayer en el Congreso dejó la sensación de que el esfuerzo en la negociación será más de parte de los acreedores que de la economía argentina
Para los economistas, la exposición del ministro de Economía ayer en el Congreso dejó la sensación de que el esfuerzo en la negociación será más de parte de los acreedores que de la economía argentina Fuente: Archivo
Sofía Terrile
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13 de febrero de 2020  • 16:08

"Está claro que va a haber frustración de parte de los bonistas", dijo ayer el ministro de Economía, Martín Guzmán, en su exposición en el Congreso. No solo lo escuchaban los legisladores: también "la gente", a la que le dijo que estaba de su lado, y los acreedores, a los que no les dedicó palabras tan amigables. "No vamos a permitir que fondos de inversión extranjera marquen la pauta de la política macroeconómica", les advirtió.

Para los economistas, el discurso endureció la posición del Gobierno, pero no asegura el éxito en la negociación. La posición de la Argentina todavía es débil, señalan, y las palabras del funcionario no dan la sensación de que habrá un "esfuerzo compartido".

"Guzmán pareció anunciar un plan que pone el foco para recuperar la sustentabilidad de la deuda mucho más en los bonistas que en el esfuerzo fiscal y macroeconómico que tiene que hacer la economía argentina", analiza Gabriel Caamaño, de la consultora Ledesma, por las frases del ministro que hicieron hincapié en que el equilibrio fiscal recién se alcanzaría en 2023.

De ese modo, la negociación "no va a ser ni tan por las buenas ni tan rápida" como se planteó en un principio. "Con una propuesta inicial así, no creo que los acreedores se paren de pie a aplaudir", sentencia.

Guzmán en Nueva York, donde se fue de gira a fines de enero y fortaleció la propuesta de una posición más agresiva para negociar la deuda
Guzmán en Nueva York, donde se fue de gira a fines de enero y fortaleció la propuesta de una posición más agresiva para negociar la deuda Crédito: Pablo Corradi

Sobre las cuestiones "discursivas" de las palabras de Guzmán, es decir, las palabras más "duras" que les dedicó a los acreedores y al Fondo Monetario Internacional, Caamaño señala que pueden ser mal leídas por los acreedores: "Si vos empezás hablándole a la platea, ellos se pueden preguntar: '¿Va a negociar conmigo o con la platea?'".

El antecedente de la negociación de la deuda en 2005 no parece ser una referencia en el contexto macroeconómico nacional e internacional en el que se encuentra la Argentina actual. "En 2005 estaba estabilizada, venía creciendo, el contexto internacional era favorable y los acreedores no cobraban hace varios años. En cambio, 2020 llega con dos años de crisis, sin estabilización, con un escenario internacional desfavorable y sin default", explica.

En ese sentido, dice, la amenaza del default no sirve demasiado, porque los bonistas le pueden decir al Gobierno que entrar en cesación de pagos le sale más caro al país que a ellos. "Es complicada una estrategia dura en este contexto", resume.

Martín Guzmán y Kristalina Georgieva (FMI); el apoyo del fondo será crucial para negociar la deuda, dicen los economistas
Martín Guzmán y Kristalina Georgieva (FMI); el apoyo del fondo será crucial para negociar la deuda, dicen los economistas

Más allá de lo discursivo, todavía faltan las señales más concretas: las acciones. "Todavía resta definir qué va a pasar con el gasto de jubilaciones y de subsidios, porque aún no están definidas las tarifas. Y, con el discurso de ayer, implícitamente, lo que dijo el ministro es que el Estado va a gastar más", resalta María Castiglioni, de C&T Asesores Económicos. "Más que las palabras, faltan las decisiones. El Gobierno asegura que no hace nada porque falta definir la deuda, y esto termina siendo un círculo vicioso donde todo está interrelacionado", agrega.

Para Lorenzo Sigaut Gravina, de Ecolatina, además de la "carta" de tarifas y jubilaciones -que el Gobierno tendría que jugar para demostrar compromiso fiscal-, para estar mejor parado frente a los acreedores hace falta una figura que conozca bien los mercados. "A diferencia de Macri, que en [Luis] Caputo tenía a alguien que los conocía bien, hoy hay más academia", señala. "Teniendo esto en cuenta, y sabiendo que todo tiene que cerrar exitosamente el 31 de marzo, esto hoy parece casi realismo mágico", apunta.

En este contexto, el "toque" lo da el FMI. Para Sigaut Gravina, hace falta que el organismo multilateral aclare que la deuda soberana argentina "no es sostenible", a diferencia de lo que viene afirmando en los comunicados anteriores. "Que eso suceda le va a dar más argumentos a la Argentina en la negociación, y puede que el resultado de esta misión sea ese", proyecta.

Caamaño añade que el apoyo del FMI no es a cualquier costo. "El Fondo tiene un manual, que dice que para recuperar la sustentabilidad de la deuda hay que hacer quita de capital, pero también un esfuerzo fiscal. Hay que ver si avala una negociación más dura, porque en realidad apoya esfuerzos compartidos", cierra.

En tanto, Gabriel Torres, analista principal para Argentina en la división riesgo soberano de la calificadora de riesgo estadounidense Moody's Investors Service, ratificó lo que la firma que representa sostiene desde agosto del año pasado: que la Argentina está en default. "Default es cualquier cambio a las condiciones originales de pago que resulten en una pérdida para los inversores", explicó a LA NACION desde Nueva York. En ese sentido, advirtió que de acuerdo a la magnitud de la pérdida que resulte de la reestructuración, Moody's podría ajustar la calificación del país a la baja (hoy ya está en el puesto 18 de 21).

Por otro lado, Torres consideró que en la estrategia de Guzmán "hay dos fuerzas contrapuestas" que hacen difícil que cumpla con el objetivo planteado en su exposición de ayer. "Por un lado, el Gobierno quiere hacer la reestructuración rápido. Por otro, pone énfasis en que la deuda tiene que bajar y para eso tiene que imponer quitas. Eso no se puede hacer rápido; los inversores nos van a aceptar enseguida", sostuvo Torres, quien recordó que el Gobierno anterior "tardó 10 años en terminar de resolverlo".

*Con el aporte de Delfina Torres Cabreros

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