Los ingenieros lideran un movimiento de resistencia en Silicon Valley

Crédito: Fast Company
Empleados de alta calificación y grandes salarios de Apple, Google, Microsoft y Amazon están descubriendo su poder para influir en los planes y los negocios de las grandes corporaciones para las que trabajan
Sean Captain
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31 de octubre de 2018  

Cuando se supo en diciembre de 2016 que el entonces presidente electo Donald Trump se reuniría con algunos de los CEO más destacados del mundo de la tecnología -Tim Cook de Apple, Larry Page de Alphabet, Satya Nadella de Microsoft y Jeff Bezos de Amazon, entre ellos- muchos trabajadores del sector estaban furiosos. En una industria que se basa en talento e ideas que llegan de todo el mundo, la promesa de Trump de una campaña contra los inmigrantes resultaba aborrecible y solo reunirse con él parecía un aval tácito de su visión.

Sus promesas de deportaciones en masa y una prohibición al ingreso de musulmanes hicieron sonar campanas de alarmas adicionales para algunos: "Si uno va a tener como blanco un sector de la población, eso requiere una base de datos y recoger información sobre la gente", dice el ingeniero de software Ka-Ping Yee, que trabajó en la plataforma de transferencia de dinero móvil Wave durante la elección presidencial norteamericana. "Las bases de datos son un componente necesario de ese mal", sostiene. ¿Y quién estaba en mejor situación para crearlas que los ingenieros altamente capacitados de Silicon Valley?

Yee no dudó cuando su amigo (y canadiense igual que él) Leigh Honeywell, por entonces jefe de seguridad de Slack, lo invitó a ayudar a redactar una declaración dirigida tanto a la administración entrante como a los líderes de la tecnología diciendo que los trabajadores de Silicon Valley no estaban a bordo. "Estábamos viendo lo que se sentía como una nueva energía en la organización de los empleados de tecnología", dice Honeywell, que fue voluntario de la campaña de Hillary Clinton. El resultado fue el compromiso bautizado Nunca Más, firmado por 2843 ingenieros, diseñadores y otros trabajadores de compañías, entre las que se incluyen Amazon, Apple, Facebook, Google y Microsoft. El título hace referencia al rol de la tecnología de tarjetas perforadas de IBM en los registros del Holocausto y los firmantes se comprometieron a no participar en la creación de bases de datos del gobierno de EE.UU. que apuntaran a sectores de la población. Y establecieron reglas para una resistencia encabezada por los trabajadores. Plantear los problemas a la conducción, denunciar, protestar y -como último recurso- renunciar a su puesto de trabajo.

Los empleados ahora están desplegando esta estrategia con creciente frecuencia en algunas de las mayores compañías tecnológicas del país. En junio pasado trabajadores de Amazon enviaron una carta abierta a Bezos exigiendo que deje de proveer la tecnología de identificación de rostros de la compañía a las fuerzas policiales y otros organismos estatales. También reclamaron que Amazon Web Services deje de atender a compañías como Palantir, que venden sus servicios al Departamento de Inmigraciones y a la aduana norteamericana. Ese mismo mes, más de 650 empleados de Salesforce firmaron una carta pidiendo que la compañía deje de proveer software de reclutamiento a los servicios de seguridad de la frontera. En Microsoft, se dice que 500 personas firmaron un petitorio para lograr que la compañía deje de ofrecer servicios en la nube a la policía del servicio de inmigración y control de aduanas, conocida por su sigla, ICE.

"Nunca Más fue el comienzo de un cambio por el que la gente comenzó a pensar acerca de su responsabilidad de no crear herramientas dañinas", dice Tyler Breisacher, un ingeniero de software que firmó el compromiso. Hace unas semanas Breisacher renunció a Google, en parte por la participación de la compañía en el Proyecto Maven, un programa del Pentágono de uso de inteligencia artificial en el campo de batalla. Esa protesta creció hasta incluir más de 4000 empleados, que escribieron una carta abierta al CEO de Google, Sundar Pichai, declarando: "Creemos que Google no debiera estar en el negocio de la guerra". Dos meses más tarde, en junio, Google anunció que no renovaría su contrato militar para 2019. La gente de Google pronto actuó de nuevo, peticionando contra -y renunciando por- la creación de un producto de búsqueda censurada para China, cuyo nombre en código era Dragonfly.

Silicon Valley tiene raíces profundas en el soporte al complejo militar industrial. Internet comenzó como un proyecto de investigación del Departamento de Defensa y fue usada para vigilar a quienes manifestaban contra la Guerra de Vietnam. Generaciones de fabricantes de chips calladamente enterraron los productos de su trabajo en sistemas de armas. Pero al hacerse masiva la tecnología, la mayoría de los ingenieros hoy en día se postula para crear servicios para los consumidores, al mismo tiempo que los dueños de los monstruos de la tecnología que los emplean buscan cada vez más contratos con las fuerzas armadas y la policía. Al volverse más contencioso el ambiente político, estos empleados de salarios importantes y alta calificación ahora están aprovechando su peso numérico para cambiar la opinión del público y, en el caso del proyecto Maven, acabar con un contrato oficial que vale potencialmente US$250 millones al año. Con cada protesta crece la brecha entre empleados y empleadores.

Las raíces de la rebelión de los empleados en Silicon Valley están en el proceso de reclutamiento mismo. Google seduce a candidatos con su declaración de misión de "desarrollar servicios que mejoran significativamente la vida de la mayor cantidad de gente posible". Facebook promete "unir más al mundo". Los ingenieros que tienen múltiples ofertas laborales en un mercado con gran demanda pueden escoger qué empleador comparte mejor sus valores. "Son atraídos a las compañías con la idea de que harán algo masivamente bueno", dice Yee, que antes de Wave, trabajó en la división filantrópica de Google, Google.org, por siete años. Su desilusión es tanto más profunda cuando advierten que su empleador dedicado al consumo masivo es a la vez un contratista de las fuerzas armadas.

Las grandes compañías tecnológicas tienen una tradición de promover el diálogo entre los empleados, lo que hace fácil expresar el disenso. Google y Microsoft tienen regularmente reuniones de todo el personal en el que se le puede preguntar cualquier cosa al CEO. Salesforce llama a su fuerza laboral Ohana, una palabra hawaiana que significa familia extendida, que el cofundador Marc Benioff conoció en unas vacaciones; las familias a veces tienen desacuerdos y discuten.

Las compañías tecnológicas cada vez más esperan que sus empleados traigan "su ser completo" al trabajo dice Forrest Briscoe, un profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad estadual de Pensilvania. Estas compañías no debieran sorprenderse de que el ser completo incluye puntos de vista políticos y éticos, especialmente hoy en día.

Si bien la perspectiva de que el socialismo se vuelva masivo en la industria tecnológica parece tan improbable como que, bueno, que una estrella de los reality shows llegue a presidente de Estados Unidos, los empleados de Silicon Valley innegablemente se están fortaleciendo. A diferencia de los obreros de las líneas de montaje de antaño, demasiado fácilmente reemplazables, los trabajadores del conocimiento y la tecnología -escasos y muy valorados- tienen mucha influencia en las compañías. No necesitan apoderarse de los medios de producción. Ellos son los medios de producción, el recurso escaso del que la tecnología no puede prescindir.

Traducción Gabriel Zadunaisky

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