Hay que mejorar la fase dos del canje

Por Julio Piekarz Para LA NACION
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24 de noviembre de 2002  

Frente al retiro masivo de depósitos durante 2001, el Estado no imaginó otra acción que su indisponibilidad, agravada luego por la reprogramación de los depósitos a plazo. Por otra parte, frente al intenso aumento del tipo de cambio en que derivó la forma crítica e improvisada en que se flotó, no encontró otra respuesta que la interferencia en los contratos privados a través de la pesificación unilateral de los depósitos en dólares.

La indisponibilidad, reprogramación y pesificación de los depósitos afectaron la seguridad jurídica y la credibilidad en los contratos, conmoviendo peligrosamente las bases del presente y futuro del sistema financiero.

Aunque los tres problemas siguen sin resolver, esta nota se centra en la reprogramación y pesificación de los depósitos en dólares.

La reprogramación y pesificación de los depósitos en dólares atravesaron distintas alternativas de solución. La primera propuesta, de pésimo diseño, consistió en un (así llamado) Plan Bonex II, por el que los depositantes recibirían compulsivamente Bonos del Tesoro en dólares, a un plazo final de diez años y plazo promedio de siete años.

Redenominado Canje I e implementado finalmente con carácter voluntario, este Plan Bonex II recogió adhesión muy parcial, destacándose el caso de entidades financieras que correctamente añadieron sus garantías frente a un eventual incumplimiento del Tesoro.

Un problema esencial del Canje I para los depositantes es que los obligó a optar entre los extremos de mantener sus acreencias contra el banco -pero sólo por $ 1,40 más CER por dólar, sin promesa de recuperar sus dólares originales-, o acceder a la expectativa de recuperar sus dólares, pero resignando sus acreencias contra el banco y pasando a ser acreedores de largo plazo del Estado, en situación de default.

El Canje II, en la línea -aunque sólo parcialmente- de propuestas que yo hice públicas en abril, mayo y julio, superó esa deficiencia del Canje I, permitiendo al depositante que absorbe la extensión de plazos mantener la expectativa de recuperar sus dólares sin necesidad de resignar su derecho contra el banco -Boden con garantía del banco o Letras Bancarias con compensación adicional del Tesoro-.

No obstante, ha trascendido que el Canje II suscita escaso interés. Aparentemente, una razón esencial es que un porcentaje relevante de depositantes ha presentado amparos, con expectativa favorable basada en que los bancos ya han atendido sentencias por más de ocho mil millones de pesos.

Y una segunda razón parece residir en alguna expectativa de que el Poder Judicial termine declarando la inconstitucionalidad de la pesificación.

No puede dejar de mencionarse, sin embargo, el efecto también desalentador que ha tenido el plazo de la re-reprogramación de los depósitos: diez años y seis meses, con cuatro años de gracia para el capital, apartándose de mi propuesta original, que era que cada banco renegociara plazos con sus depositantes en función de sus propias posibilidades.

Un corolario grave de este error es que el Poder Judicial podría concluir que la reparación al ahorrista ofrecida por el Canje II es insuficiente, ya que aunque preserva el derecho del depositante sobre el banco por hasta $ 1,40 más CER y recibe del Estado -de una forma u otra- la diferencia con el tipo de cambio libre, no se reencuentra con los fondos en el menor tiempo posible.

Y no es descartable que una evaluación de ese tipo también obste para que ese poder acepte las alternativas del Canje II como satisfactorias para los amparos.

Entretanto, las consecuencias del fracaso del Canje II generan incertidumbre respecto de si el sistema financiero podrá pagar los amparos y los vencimientos de Cedros el año próximo, o si requerirá para ello nueva asistencia del Banco Central poniendo en riesgo el programa monetario. Ello, a su vez, se traduce en una traba adicional al imprescindible acuerdo con el FMI.

Aceleración del repago

Dado que el Plan Canje II implica una redolarización de hecho de los depósitos pesificados sin las dificultades de una redolarización formal, es necesario y conveniente superar el error cometido por el diseño del Canje II al establecer un cronograma homogéneo para todo el sistema financiero, de modo de facilitar su aceptación por la Corte Suprema y alentar una mayor propensión al canje de parte del depositante.

La modificación que debe introducirse es la inclusión, en el diseño de alguna de las alternativas que el Canje II ofrece a los ahorristas, de una “cláusula de aceleración del repago” (CAR) de los depósitos en función de la evolución de un indicador objetivo de la liquidez de cada banco, diseñado y medido periódicamente sobre la base de la información auditada que los bancos presentan al Banco Central.

Incidentalmente, ello no sólo reparará el error del Canje II de no adecuar la reprogramación a las posibilidades de cada banco, sino que además evitará situaciones -por improbables que se juzguen actualmente- en que algunas entidades o el sistema financiero recuperen la confianza del público y consoliden crecientemente la actual liquidez sin que los depositantes reprogramados puedan acceder a amortizaciones de capital hasta el año 2006.

La introducción de la CAR, primero y fundamental, es más reparadora de los derechos de los ahorristas, que se reencuentran con sus fondos en función de las efectivas posibilidades de cada entidad y del sistema financiero.

Segundo, al ser más reparadora con los ahorristas, aumenta la probabilidad de un juicio favorable de parte del Poder Judicial que, en caso de alcanzar también a los amparos, eliminaría razones que mantienen el poco interés de los depositantes por ingresar al Canje.

Tercero, la solución del problema representado por los amparos y el riesgo de liquidez que representan, a partir de 2003, los Cedros para las entidades, facilitaría el convencimiento del FMI respecto de la previsibilidad del programa monetario.

Es probable que el diseño operativo de la CAR no esté exento de dificultades y complicaciones operativas.

Pero, ¿qué es más importante, priorizar la simplicidad de diseño o resolver problemas de sustancia? También podría suceder -aunque es improbable- que el repago acelerado implique una recuperación más lenta del crédito.

Pero nuevamente, ¿qué es más importante: recuperar algo de crédito ahora o una oferta mayor y permanente en el futuro cultivando la confianza de los ahorristas?

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