Hervé Falciani: "Si hay voluntad política, se puede frenar la salida de dinero negro de la Argentina"

El informático, enemigo N° 1 de la banca suiza, trabaja con la AFIP para detectar evasores
Martín Rodríguez Yebra
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22 de abril de 2014  

MADRID

Hervé Falciani se acostumbró a vivir rodeado de escoltas. Se mueve con los códigos de un agente secreto. Para hablar con él hay que contactarlo y armarse de paciencia hasta saber, a último momento, cómo y dónde será la charla. Cualquier precaución es poca: este ingeniero informático franco-italiano de 42 años es desde 2009 el enemigo N° 1 de la banca suiza después de que copió 130.000 archivos de la filial del HSBC en Ginebra, donde trabajaba, y puso a disposición de las autoridades judiciales de Francia, España y EE.UU. información incendiaria sobre los mayores evasores del planeta.

A Falciani recurrió ahora el jefe de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP), Ricardo Echegaray, con la idea de acelerar el acceso a datos sobre fondos no declarados de argentinos en Suiza. "Según algunos cálculos, se fugan de la Argentina unos 5000 millones de dólares al año. Si hay voluntad política, esa salida de dinero negro se puede frenar", dice Falciani a LA NACION en una entrevista vía Skype, la forma que eligió para hablar desde algún lugar de Francia.

Falciani confirma que Echegaray quiso conocer qué argentinos figuran en su famosa lista de evasores. Hay muchos, dice. Pero él mantiene el secreto: no le interesa difundir la identidad de los defraudadores, sino destruir el sistema que facilita la corrupción a gran escala y el crimen organizado. "Se podrá descubrir un delincuente, pero atrás siempre habrá otro. Hay que identificar los patrones delictivos e impedir que se repitan", postula el hombre al que la prensa internacional colocó en el club de los grandes divulgadores de secretos del poder, junto al ex empleado de la CIA Edward Snowden y al fundador de WikiLeaks, Julian Assange.

Aclara que la eventual colaboración con la Argentina será a través de los convenios entre la AFIP y la agencia tributaria francesa (que tiene en su poder "la lista Falciani"). Todavía perseguido por la justicia de Suiza y acusado por el HSBC de haber querido vender los datos que sustrajo, Falciani cuenta con protección de Francia y también de España, país en que estuvo preso y al que ahora asiste en la búsqueda de evasores. En estos días suma una nueva faceta a su currículum: el 25 de mayo competirá en España por una banca en el Parlamento europeo como cabeza de lista del Partido X, una red ciudadana que lleva como bandera la lucha contra la corrupción.

-¿En qué consiste su colaboración con la Argentina?

-Estamos hablando sobre la posible ayuda en dos frentes. Uno, que las agencias tributarias de la Argentina y Francia puedan trabajar juntas. El otro es que [la AFIP] pueda aprovechar el procesamiento de información y desarrollo de sistemas que estamos haciendo en el Instituto de Investigación Científico [de Francia]. Es cada vez más difícil reunir información y saber cómo usarla. La cooperación entre los países es fundamental.

-¿Puede decir cuántos argentinos hay en su famosa "lista"?

-La Argentina es un sueño. Tiene todo, es un país impresionante, pero al mismo tiempo es una locura ver las dificultades que pasa... Los clientes mayores del banco [HSBC] están en Brasil y por supuesto hay muchos también en la Argentina. Conocer quiénes son esas personas es útil, claro, pero lo más importante es entender los mecanismos que permitirían detener la sangría de dinero. De nada sirve detener a uno, dos, mil evasores si dejamos que otros cientos de miles sigan delinquiendo. Un economista ha demostrado que cada año escapan al control más de 5000 millones de dólares de la Argentina. Si hay voluntad política se puede frenar esa salida de dinero negro que priva al país de parte de sus riquezas.

-¿Cómo?

-La clave es identificar los patrones delictivos. Por ejemplo, estamos desarrollando con Francia una herramienta informática para identificar los trazos que dejan las operaciones bancarias. Es muy sencillo: puede permitir controlar el origen y el destino de cada movimiento. Sólo hace falta voluntad política para aplicarlo.

-¿Notó esa voluntad en Echegaray?

-Sí. Me alegra ver que haya mostrado intención de dialogar; no son muchos los países que lo hacen.

-¿Qué le pidió?

-Él quiere todo. Por supuesto los nombres, pero también ver qué se puede hacer a través de la agencia tributaria y en el nivel tecnológico.

-En la Argentina se airean casos de corrupción con ramificaciones en Suiza que involucran a personas del Gobierno. ¿Está al tanto?

-Es algo que vemos en muchos países. Espero que podamos avanzar con la cooperación. Quiero mostrar cómo se organizan el fraude, la corrupción, el narcotráfico; cómo se crean las redes de testaferros. La impunidad es un mecanismo psicológico. Si constituimos una red global para recoger datos, cambiará la posición psicológica de la gente que cree que porque tiene un banquero corrupto puede hacer lo que quiere.

-Los bancos suizos tienen normas para controlar. ¿Se aplican?

-Un ejemplo: si alguien va a un banco suizo y pone 1 millón de dólares, presenta los documentos que explican que tiene una fortuna personal, el banco verifica, ve que tiene una empresa y que es lógico que haya obtenido esa ganancia. La misma persona, con los mismos documentos, va al banco de enfrente, hace lo mismo y pasa. Habrá ingresado 2 millones con los mismos papeles. Si no existe un registro central, no hay que ser un genio para defraudar.

-Sería una forma de complicidad.

-Ni siquiera hace falta eso. Hay gestores que se ocupan de hacer esa operatoria con los diferentes bancos.

-¿Se puede abrir una cuenta en Suiza sin estar presente?

-En teoría no. Pero todo lo que es humano es posible. Con la posibilidad que existe hoy de mover el dinero muy rápido, un control local no alcanza. Se necesita una vigilancia global.

-Se culpa a Suiza, pero ¿cuándo hay responsabilidad en el control del dinero en el país de origen?

-Es evidente. Hay que ver qué hacemos en los demás países, no pedirle todo a Suiza.

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