James Gorman, el primer presidente ejecutivo poscrisis en Wall Street

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23 de diciembre de 2009  

Antes de su primer día en Morgan Stanley, en 2006, James Gorman fue a Las Vegas a jugar al póquer. Observó durante horas, sin consumir ninguna bebida. Cuando empezó a jugar, ganó cientos de dólares, dice una persona que estaba presente.

No es una gran hazaña, especialmente para los estándares de Wall Street. Pero explica por qué Gorman, de 51 años, está a punto de convertirse en el primer presidente ejecutivo poscrisis de Wall Street.

Gorman, oriundo de Australia, es muy opuesto a John Mack, el ex vendedor de bonos que realizaba apuestas de miles de millones de dólares de modo rutinario dejando pocas dudas sobre el rumbo de Morgan Stanley y quién estaba al mando. La ovación que recibió en el piso de negociaciones cuando regresó de su exilio para asumir la presidencia ejecutiva en 2005 es bien conocida.

Gorman sólo ha pasado 10 años en Wall Street, todos ellos como gerente, y su mayor experiencia es en el área de gestión de patrimonio. El ascenso de un ejecutivo calmado y constante muestra cómo Morgan Stanley se empeña en cambiar la cultura agresiva y arriesgada personificada por Mack que la crisis financiera desacreditó.

Poco más de un año después de que Morgan Stanley escapó de lo que parecía una espiral fatídica, el número de reguladores que pasa por la puerta de la sede de la firma de valores en Nueva York ha aumentado a más de un centenar durante algunos meses, un indicador de su apetito por el riesgo cayó casi a la mitad y nadie quiere ser visto haciendo alarde de su bonificación en público.

Gorman sostiene que la compañía "jugó la mano que nos tocó con éxito". A pesar de que defiende el desempeño de Mack, muestra señas de que será un presidente ejecutivo diferente cuando lo releve el 1 de enero. Eso ha incomodado a algunos veteranos de Morgan Stanley que no quieren que la firma eche parte de su osadía por la borda.

Después de que se anunció su nombramiento en septiembre, Gorman escuchó quejas de que no estaba tomando decisiones sobre el nuevo personal de gerencia con la suficiente prontitud. El ejecutivo consultó a más de 500 personas en un período de dos meses antes de los cambios realizados este mes en la dirección de finanzas, dirección administrativa y otros tres altos cargos. Mantuvo charlas por meses con el ex presidente de Merrill Lynch & Co., Gregory Fleming, antes de que ambos acordaran incorporar a Fleming como director de la división de gestión de inversiones de Morgan Stanley. "No quiere precipitarse", señala Mack acerca de su sucesor.

Gorman ha dicho a algunos colegas que la impaciencia que impera en la firma refleja una actitud endémica en Wall Street de que "hacer algo es mejor que no hacer nada. Eso sirve en una crisis o en medio de una guerra. Pero el primer día que tomé las riendas, algunos pedían acción, decisiones, y creo que primero hay que recabar información".

Brad Hintz, analista de Sanford C. Bernstein & Co., resalta que Gorman es un "pensador estratégico brillante", con un historial comprobado de infundir vitalidad en operaciones de corretaje minorista.

Sin embargo, su falta de experiencia en ventas, corretaje y banca de inversión, los negocios que generaron 56% de los ingresos en los primeros nueve meses de 2009, traen a colación la figura de Philip Purcell, que encabezó Morgan Stanley durante un desmoralizante período de debilidad en sus acciones antes de renunciar en 2005.

Gorman está convencido de que Morgan Stanley tiene espacio suficiente para prosperar apelando a los clientes que busquen una alternativa a las dos gigantes de la industria, Goldman Sachs Group Inc. y J.P. Morgan Chase & Co. Gorman, como tiene por costumbre, planea revisar detalladamente todos los negocios y estrategias de la firma.

"Creo que se centrará mucho en los clientes", opina Laurence Fink, presidente de la firma de gestión de activos BlackRock Inc., quien se reunió dos veces con Gorman después de su nombramiento para discutir cómo ambas empresas estrecharán sus lazos.

Gorman y Mack formaron una pareja dispareja. Mack decía groserías, golpeaba los teléfonos y acostumbraba a arengar a sus tropas para derrotar a la competencia.

Mack, sin embargo, necesitaba a alguien para dirigir al grupo de corredores. Después de asumir el puesto, Gorman dijo que necesitaba 30 días antes de tomar cualquier decisión estratégica o de personal.

Cuando faltaban tres días para que se cumpliera el plazo, Mack lo apartó durante una cena. "Pensé que ibas a tomar algunas decisiones", señaló. Gorman respondió que necesitaba los tres días restantes. Luego cumplió el plazo y despidió a los principales gerentes de la división.

La compostura de Gorman durante la parte más álgida de la crisis financiera del año pasado, cuando fue partidario de una inyección de capital de US$ 9000 millones por parte de Mitsubishi UFJ Financial Group, reforzó su imagen al interior de la firma.

"Su capacidad de comunicación y de diseñar un plan son mejores que las mías", reconoce Mack.

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