José María Fanelli: "Se deben hacer reformas sin angustiar ni a los pobres ni a los capitalistas"

El economista e investigador dice que de esta recesión hay que salir con el empuje de la inversión y la exportacióny no del consumo; advierte que no hay margen para populismos y sostiene que el peronismo es un partido ajustador
El economista e investigador dice que de esta recesión hay que salir con el empuje de la inversión y la exportacióny no del consumo; advierte que no hay margen para populismos y sostiene que el peronismo es un partido ajustador Crédito: Ricardo Pristupluk
Silvia Stang
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6 de enero de 2019  

El camino para salir de la recesión no puede ser, como lo fue en años anteriores, el de impulsar el consumo. Esta vez deben empujar la inversión y la exportación. En eso insiste, una y otra vez, el economista José María Fanelli, durante un diálogo con LA NACION.

Doctor en economía, Fanelli es profesor e investigador en la Universidad de San Andrés e investigador en el Conicet. "Tenemos muchos activos ocultos", afirma quien se ha especializado en macroeconomía y en temas demográficos, usando la primera persona del plural para referirse a la sociedad argentina. Esos activos, sostiene, son los que dan las condiciones para una salida diferente, que le permita al país empezar a conjugar solo el segundo de los verbos implicados en la dinámica de la cual, señala, la economía local no se libera desde 2011, cuando el PBI era mayor que el de hoy: la del stop and go.

¿Cuáles son esos activos considerados por el economista? La parte de la población que está bien educada, es cosmopolita y tiene dólares atesorados y capacidad para emprender; mujeres que, en promedio, ya están mejor instruidas que los varones; recursos para la agricultura y la minería, y, entre otras cosas, el estar en un buen momento demográfico, si se tiene en cuenta la suba de gastos que el envejecimiento poblacional traerá en unos años. La llave para que los recursos, incluidos los millones de dólares de argentinos en el exterior, se pongan "a crear y a producir", la tiene la política, según el académico. Por eso, en su visión, las palabras "credibilidad" y "juntos", son parte de la clave para que puedan hacerse reformas de fondo sin angustiar "ni a los marginados ni a lo capitalistas".

-¿Cuál es su análisis de lo que pasó en la economía en 2018?

-Al inicio hubo un exceso de optimismo con la inflación y otras variables, y no hubo coordinación entre la política fiscal y la política monetaria, lo que generaba riesgo y nadie sabía cuánto, por la dependencia de los mercados internacionales. Y cuando los mercados dijeron que no, entonces se acabó el juego. El pecado original del Gobierno fue que probablemente tenía un buen análisis de lo que recibió en 2015, pero no se lo dijo a la sociedad. Y el problema no viene de ese momento, sino de antes. Desde 2011 tenemos el mismo problema: estamos en un proceso de stop and go. El PBI del tercer trimestre de 2018 es más bajo que el del tercer trimestre de 2011. Son siete años... Ahora no se trata de si vamos a salir en el segundo trimestre o en el tercero; la pregunta principal es cómo vamos a salir. Porque se acabó la posibilidad de salir como lo hacíamos antes.

-¿Y qué tendría que cambiar?

-Nosotros tenemos una sociedad dual; hay, por un lado, un 30% de la población que no tiene oportunidades y hay, por otro lado, una elite de gente educada, cosmopolita, con capacidad emprendedora, que es la que tiene que hacer funcionar al país desde lo económico. La cuestión política es cómo hacemos para que quienes están ahí ayuden a sacar de la marginalidad al 30%. No es voluntarismo. Hay que generar empleo. Y para generar empleo hay que crecer, y para crecer hay que estabilizar y hacer algunas reformas importantes. Y no es tarea de un solo partido político; necesitamos un acuerdo básico, algo concreto, y que el Congreso vote las reformas que tenga que hacer. Entre 2003 y 2011, a la economía le empezaron a sobrar dólares; había exceso de oferta de dólares y superávit de cuenta corriente. Teníamos una especie de enfermedad holandesa [el fenómeno caracterizado por un ingreso importante de divisas a un país que puede llevar a efectos negativos en sectores de la economía]. Esa es una situación que se puede aprovechar para invertir, generar empleo y sacar gente de la marginalidad. Pero eso no pasó, porque el gobierno cambió de política radicalmente hacia 2006, 2007, y aumentó el gasto público en forma desproporcionada. Entre 2007 y 2017 el gasto público subió 1% del PBI por año y eso es una revolución en la estructura de la economía. Ningún país puede hacer eso sin que pase nada. Teníamos la enfermedad holandesa y en vez de financiar inversiones, se financió el mayor gasto público.

-En ese aumento del gasto, ¿está incluida la estatización total del sistema jubilatorio? Y si gran parte tiene que ver con lo social, ¿no es un gasto bastante inflexible?

-Sí. También hubo incorporación a los pagos previsionales de personas que no estaban cubiertas. Son cosas con las que uno no estaría en contra, pero el tema es cómo se financian. Después de esos años, el precio de la soja cayó. Y hoy el diagnóstico básico es que hay un gasto público que no podemos financiar. ¿Y por qué eso es importante para el crecimiento? Porque ese gasto presiona sobre los bienes no transables -que son los no expuestos a la competencia internacional y son del tipo de los que ofrece el propio Estado- y le quita rentabilidad a los bienes transables. Y al ser alto, el gasto público genera mayor presión tributaria. ¿Qué hicimos desde 2012 ? Solución de Cristina: me gasto las reservas internacionales y el superávit de energía; solución de Macri hasta ahora: uso la capacidad de endeudamiento. Y con respecto a lo actual, lo que me gusta del Banco Central es que parece tener una preocupación por el tipo de cambio real. Hay que sesgar los precios relativos en contra de los bienes no transables para generar competitividad. El Banco Central tiene que lograr que no se atrase el tipo de cambio real y que no se acelere la inflación. Entonces, hoy es pragmático con sus políticas. Y eso tiene sus costos, como la recesión.

-¿El tipo de cambio es adecuado?

-No lo sabemos por esta cuestión de los desbalances estructurales. Sí hay una buena noticia: en noviembre hubo un superávit comercial de US$979 millones y las exportaciones subieron 14,5% interanual. Y bajó lo que la gente demanda para atesorar; en noviembre fueron US$450 millones.

-Pero, a la vez, la tasa de interés se mantiene muy alta.

-Es que esto tiene costos. El primero es que al superávit comercial lo conseguimos en buena medida con una caída de las importaciones de más de 29% interanual. Para salir, lo que tiene que empujar son las exportaciones y las inversiones, no el consumo. La alta tasa es un problema de corto plazo, si no hay inversión es porque no hay credibilidad. ¿Por qué no empezamos con turismo, agricultura y Vaca Muerta, a ver qué pasa?

-El escenario internacional, y en particular Brasil, ¿cómo nos va a jugar este año?

-En Brasil, Jair Bolsonaro tiene ideología nacionalista con un ministro liberal. No se sabe qué terminará haciendo. Pero si en 2019 ellos están de luna de miel, eso nos hace un gran favor. Necesitamos que sea un buen año para las exportaciones. También hay que tener en cuenta que la Argentina es un país acreedor y no deudor del resto del mundo, ¿por qué? Porque tenemos activos totales en el exterior por más de US$300.000 millones, más los millones atesorados internamente. Eso tiene que ser usado para crecer. La pregunta es por qué no se moviliza y la respuesta es política: es un tema de credibilidad.

-Esa es una respuesta a por qué no llegan inversiones.

-Sí, pero las inversiones no pueden llegar en un contexto de caída del producto. Los que invierten piensan: y los pobres, ¿qué van a hacer mañana? A los pobres hay que darles esperanza de que va a haber empleo y hacerles ver que los que tienen capacidad de invertir van a generar oportunidades. Hay que evitar angustiar a los capitalistas y a los marginados. Esa es la tarea de la política. Si yo digo que mañana voy a hacer reformas estructurales, ¿qué piensan los pobres? Que se quedarán sin trabajo para siempre, que va a haber un grupito pequeño que va a hacer plata... Basta de generar angustia. Invertir y liderar el crecimiento implica movilizar a un tercio de la población que hoy tiene productividad cero y negativa.

-En el desafío laboral, ¿cómo juega la realidad de los nuevos tipos de trabajos y de la robotización?

-En Estados Unidos, con toda la tecnología que hay, la tasa de desempleo es de poquitito más de 3%; es la más baja en 49 años. ¿Me voy a poner a discutir si los robots dejarán sin empleo a la gente? Hay países desarrollados que no tienen un problema de cantidad de empleos. Hay que proponerse objetivos que podamos lograr; la forma de trabajar para que se creen empleos no es hacer la gran reforma. Puede haber acuerdos por sectores.

-Más allá de la rentabilidad esperada, ¿cómo se logra que en un país se pongan los recursos existentes a producir?

-El matemático Nash hizo estudios sobre el tema de los equilibrios. En la película sobre su vida hay un momento en el que dice haber descubierto en qué estaba equivocado Adam Smith: él decía que siguiendo el propio interés, en un momento se llega a algo que es mejor para todos; Nash llega a la conclusión de que si las reglas de juego y las estrategias de los jugadores son equivocadas, cuando cada uno sigue lo que es bueno para sí mismo se llega a algo que es malo para todos. Si tenés un hijo y ahorrás comprando y guardando dólares, ¿sabés qué hacés? Lo que hacés es sacarle empleo a tu hijo, porque si la plata no va al banco, no hay inversión, préstamos, etcétera. Se busca lo mejor para la familia, pero al final es peor para todos. Eso es lo que Nash llamaba un equilibrio malo.

-Es falta de mirada conjunta.

-Exacto. La política es sentarse, mirar juntos y resolver problemas. La palabra importante es juntos. Ahora se dice que puede volver el populismo, que nadie sabe muy bien qué es? Pero supongamos que Macri va a ganar la elección y que eso ya se sabe en abril o mayo; entonces más o menos se sabrá lo que va a pasar. Ahora, supongamos que se sabe que ganará la oposición: en ese caso, si me preguntaran qué hacer, yo diría que hay que ir a sentarse con el FMI, porque es el acreedor principal, ir a mostrar que no se es tan irracional. Porque si no es Macri, será el peronismo. Y el peronismo es un partido ajustador. El Rodrigazo lo hizo un ministro de un gobierno peronista; el ajuste después de la hiperinflación, también. ¿Quién salió de la convertibilidad? Un gobierno peronista, con una devaluación impresionante. No lo estoy criticando; fue así. En 2014, ¿no se empezó a devaluar? Y cuando todo salía mal, ¿no se puso el cepo, que es ajustador? ¿Por qué se habla de populismo? La primera condición para ser populista es tener plata. Lo importante es generar empleos y, por ahora, estamos destruyendo. En todas las sociedades se destruyen y hay empleos que no deberían haberse generado.

-¿Por ejemplo?

-Los de Tierra del Fuego o los de la industria textil súper protegida. Probablemente se va a destruir empleo en una parte y se va a generar en otra. Si se genera empleo este año en un shopping, no va a durar. Necesitamos generarlo en Palermo Viejo porque vienen los brasileros a comer. El objetivo es una economía con un set de precios relativos buenos y un sector público no estrafalario. Hay cosas por hacer, con las tarifas, por ejemplo, y hay que explicarlas. Lo que espero en 2019 es que haya señales de estabilización de quien pueda gobernar. Es falso que el país no tenga fondo anticíclico; el sector privado sí lo tiene, una parte de la sociedad. ¿Y qué tiene que hacer?

-Largarlo...

-Largarlo y ponerse a producir, a crear. No podemos acusar a alguien de haber puesto su plata en dólares para protegerla para sus hijos, aunque sí sabemos que hay mucha gente que tiene dólares que robó y ojalá vaya presa, porque nos debemos también ir contra la corrupción y es un camino que probablemente empezamos. Tenemos un grupo grande de gente bien educada y con dólares. Bueno, llegó la hora de trabajar por la Argentina.

Mini bio

  • Edad: 65 años
  • Profesión: Doctor en Economía (UBA), especializado en macroeconomía
  • Ocupación: Docente e investigador; UBA, Universidad de San Andrés, Conicet

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